Teverga

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Concejo de Asturias (España). Se encuentra situado entre el centro y el occidente de la región. De territorio montañoso, es una suerte de franja en dirección noroeste-sureste. Limita al norte con los concejos de Belmonte de Miranda, Grado, Proaza y Yernes y Tameza, al este con Quirós y al oeste con Somiedo. Al sur, el puerto Ventana lo comunica con la provincia de León. Su red viaria se articula en torno a la AS-228, que llega desde Proaza hasta el citado puerto.

Geografía

Los ríos Valdecarzana, Valdesantibanes y Valdesampedro se unen en Entrago y forman el río Teverga. Posteriormente este último se une al Quirós, en Proaza, formando así el curso del Trubia, en el valle y la comarca del mismo nombre, donde se encuentran los concejos de Quirós, Teverga, Proaza y Santo Adriano.

Los valles teverganos se asientan generalmente sobre materiales carboníferos y pertenecen a la zona sur del llamado manto de la Sobia Bodón. La gran masa caliza de la Peña Sobia impone su presencia desde muchos lugares del concejo. A sus pies se extienden los principales núcleos de población: La Plaza (capital del concejo), San Martín y Entrago.

Casi la mitad de la gran masa forestal del concejo es maderable. El resto son áreas de pastizales y prados. Los sectores occidental y meridional de su territorio forman parte del Parque Natural de Somiedo, y cuenta con un Monumento Natural, la Cueva Huerta, una caverna de grandes dimensiones y extraordinaria belleza en la que viven colonias de murciélagos. Parte de la cueva es visitable.

Economía

La ganadería y la agricultura son, una vez explotadas la mayor parte de sus reservas de carbón, sus bases fundamentales, aunque la apicultura tiene también su importancia. El sector servicios está centrado en La Plaza, capital del concejo. Nuevas alternativas, como la turística, se han visto incentivadas con la inauguración en 1996 de la llamada Senda del Oso, pista de senderismo construida sobre la antigua caja del ferrocarril carbonero que, junto a la calzada romana de La Mesa, denominada el camino real, han incrementado notablemente el número de visitantes del concejo. El Principado construye en San Salvador de Alesga el llamado Parque de la Prehistoria, en el que se reproducirán las pinturas rupestres del período Paleolítico más características. Todos los grandes santuarios de este arte estarán representados en esta muestra, para la que se ha elegido como escenario el extremo occidental del dominio de la roca caliza, ámbito en cuyas cuevas y refugios floreció esta manifestación artística de la Prehistoria.

Historia

A la par que en otros muchos concejos de la cordillera Cantábrica, sólo tras la neolitización aparecen en las montuosas tierras teverganas los más antiguos vestigios detectados hasta el momento, que corresponden a comunidades ganaderas y se adentran, incluso, en la época de los primeros metalúrgicos. Se han localizado varias estructuras tumulares pertenecientes a aquel período, frecuentemente dispersas y aisladas por el término municipal (Cueiru, Santa Cristina, Sobia), aunque cabe destacar el campo de túmulos emplazado en Piedraxueves, en el cordal de la Mesa, divisoria con el concejo de Somiedo. En 1968 se descubrieron los abrigos de Fresnedo, declarados Bien de Interés Cultural, cuyos cinco covachos, adornados con numerosas imágenes pictóricas -más de medio centenar- constituyen una de las más ricas estaciones rupestres del arte esquemático en el noroeste peninsular. Su arte ha sido atribuido al amplio marco temporal que cubre la edad del bronce y comienzos de la del hierro.

Edad Antigua

Ante la falta de trabajos arqueológicos desconocemos qué período de ocupación abarcan los castros de Teverga, pero no parece descabellado suponer que alcanzaron la etapa de la romanización o, incluso, que alguno de ellos pueda ser resultado de la misma, a juzgar por la influencia que hubo de ejercer sobre estas agrestes tierras la vía empleada en época romana que, desde Torrestío, se adentraba en el corazón de Asturias y culminaba en el litoral, cruzando la cordillera por las alturas del cordal de la Mesa, en la divisoria entre Teverga y Somiedo. Aún se conservan topónimos tan explícitos como Piedraxueves (piedra dedicada a Júpiter) y algún pequeño tramo del empedrado de la calzada, muy utilizada en tiempos posteriores.

No son corrientes en Asturias los restos arqueológicos que informan sobre la oscura transición experimentada desde la dominación romana a los sucesos acaecidos tras la invasión musulmana de la península, de todos conocidos. Sin embargo, en el desfiladero de Estrechura, a la altura de cueva Huerta, cerca de Fresnedo, se localizaron, al abrir la caja para la actual carretera, una sepultura de lajas, un jarro de bronce, huesos humanos y una espada corta, aunque supuestamente de época altomedieval. Juan Uría Ríu argumentaba la hipótesis, comúnmente aceptada, que sostiene que la vía de la Mesa fue empleada por las razias musulmanas contra la región.

Edad Media

Las primeras fuentes documentales datan del siglo X, y hablan de un espacio progresivamente colonizado mediante diversos mecanismos: villas; monasterios, como el de San Juan o el de Santa María de Carnaza, que data del siglo XI, como el de San Pedro, aparecen registrados y en ocasiones estimulan la creación de un pequeño núcleo de población en su entorno. Los castillos altomedievales, como los de Miranda y Monreal, asentados en zonas rocosas de difícil acceso, servían para controlar los valles y las vías de comunicación procedentes de la Meseta.

A esta montaña la conocen como Teberga, territorio Tebriga o valle tebricense, en los siglos XI y XII. Destacan entre los documentos de la época el llamado privilegio, otorgado por Bermudo III a Vellito Aurioles, un vasallo del conde Pelayo Froilaz, en el 1033. La carta de concedida en favor de un linaje se blandió cual privilegio de hidalguía con un contenido territorial. En 1163 se produce la incorporación del realengo de Páramo al dominio de Santa María de Lapedo por concesión de Fernando II. Sin embargo, la donación otorgada por el mismo monarca en favor de la Iglesia de Oviedo sólo ocho años más tarde incluye el realengo de toda Teverga. A pesar de todo, el territorio de Páramo de La Focella seguirá manteniendo una personalidad diferenciada respecto a las tierras más bajas del valle.

Hasta la concesión de estas generosas donaciones, no había grandes concentraciones patrimoniales en los siglos altomedievales. Excepcionalmente, destaca la familia de los condes Suero y Enderquina, que parece disfrutar de extensas propiedades en las tierras teverganas, heredadas, en parte, de sus insignes antecesores. Así, en el 1122, el noble matrimonio está en condiciones de donar. Apenas hacía un lustro que el poderoso conde había cedido, en permuta con el obispo, el monasterio de San Juan de Teverga cum suo ualle integro. El poder de este linaje condal, descendiente de la familia real, culminará en 1162, cuando el también conde Petrus Adefonsi, sobrino de Suero y Enderquina, aparezca ejerciendo su dominio militar y administrativo sobre Teverga, Tineo y Babia. Sin embargo, coincidiendo con el declive y dispersión de los patrimonios nobiliarios laicos, se produjo, en contrapartida, una concentración de propiedades en manos de las instituciones eclesiásticas, cuyos principales beneficiarios fueron: la Catedral, con intereses en la zona desde antiguo, la abadía de San Pedro y, de forma un poco más tardía, Santa María de Lapedo.

El incremento cuantitativo en la concentración de propiedades experimentó un verdadero avance cualitativo en el reinado de Fernando II con las donaciones de Páramo (1163) y de toda Teverga (1171) en favor de Santa María de Lapedo y de la Mitra ovetense. Por su parte, el monasterio de San Pedro, desde finales del siglo XI había sido parcialmente donado a la Iglesia de Oviedo, aunque no será hasta principios del siglo XIII, mediante la entrega de la porción correspondiente al rey Alfonso IX, cuando pase San Pedro de Teverga, convertido en canonía rural, a pertenecer íntegramente a San Salvador de Oviedo. En la misma fecha, el otro centro eclesiástico tevergano de importancia, Santa María de Villanueva, se incorpora también al dominio de la Mitra, que por entonces constituía ya la máxima autoridad en aquellas tierras.

Durante el período bajomedieval, el territorio que en la actualidad constituye el concejo de Teverga permaneció dentro del extenso señorío que la Mitra ejercía, a través de delegados, sobre la montaña central asturiana. Desde 1224 nos encontramos a la familia de los Bernaldo ejerciendo tareas de administración y gobierno por mandato del obispo Petro Gonzalviz, o Petrus Gundisalvi, tenente de manu episcopi en Valdesampedro. El mismo linaje aparece adscrito a la tenencia de esta tierra en la segunda mitad del siglo XIII (Gonzalo Bernaldo) y sus miembros desempeñan el cargo de encomenderos del obispo en el XIV. El primero registrado como tal fue Gutier González de Quirós en 1314.

La vinculación del linaje de los Quirós a los valles teverganos no consistió únicamente en labores administrativas por delegación del prelado. En 1372 Enrique II concede a Gonzalo Bernaldo de Quirós el señorío de Valdecarzana. Los conflictos originados por el conde don Alfonso y sus pretensiones de cobrar tributos provocaron una situación confusa de los dominios teverganos.

Edad Moderna

Durante el siglo XV, en su segunda mitad, se produce una recuperación. Carlos V concedió un mercado semanal en La Plaza y la desamortización de Felipe II produjo el fin del dominio de la iglesia ovetense sobre la mayor parte de las tierras del concejo.

A pesar de la libertad obtenida respecto de la jurisdicción episcopal, el señorío del obispo fue, en cierta forma, sustituido por la evidente posición predominante de la familia Miranda, que progresivamente alcanzaba mayores cotas de poder: se convierten en patronos y abades perpetuos de la colegiata de San Pedro; el señorío bajomedieval sobre el valle de Valdecarzana que ostentaban los Quirós había pasado al círculo familiar de los Miranda en virtud de las alianzas matrimoniales establecidas entre unos y otros; a finales del siglo XVI se acusa a Diego Fernández de Miranda de tener usurpados los lugares de Taja y Urria, sitos en la cabecera de Santibáñez (Valdesantibanes), y que el citado señor incorporaba a su jurisdicción de Valdecarzana. El proceso de concentración de poder en Teverga por parte de la familia Miranda culminó el 23 de febrero de 1672 con su elevación al marquesado de Valdecarzana. Reflejo material de esta situación de fortaleza en la comarca son el palacio de Valdecarzana de San Martín, correspondiente al siglo XVII, y la localización del palacio de los condes de Agüera, en Entrago, levantado sobre una casa-fuerte de los Miranda.

Edad Contemporánea

El siglo XVII representa el inexorable dominio de los poderosos marqueses, aunque no será hasta la centuria siguiente cuando las ideas liberales propulsen la reunificación del concejo tevergano. Previamente, las invasiones francesas de la guerra de la Independencia condujeron a la Junta Superior de Asturias, en su incesante peregrinar, a las localidades de Villamayor en 1809 y La Plaza al año siguiente. Cerrados los epígonos períodos absolutistas, en 1827 Páramo de La Focella, como otros antiguos cotos de la región, se incorpora al concejo más cercano, en este caso Teverga, el cual, una vez eliminado el régimen señorial, adquirirá su vigente unidad, que había permanecido desmembrada en valles, como vimos, al menos desde la baja Edad Media. En esta vorágine de supresión de cualquier poder de resonancias feudales, a mediados de siglo se clausura la colegiata y se instituye en su templo la antigua parroquia de San Miguel.

Por aquellos tiempos el concejo de Teverga mantenía el aplastante y tradicional predominio de las actividades agrarias, cuyo funcionamiento y estructura de la propiedad pueden consultarse en un reciente estudio centrado en la tierra del Privilegio. La primitiva industrialización de Asturias no afectó a Teverga tan pronto como al vecino municipio quirosano. Aunque la concesión minera más antigua (San Mateo) se remonta a 1876, siguiendo a J. R. Pérez Fuertes, es necesario aguardar a principios del siglo XX para contemplar un verdadero proyecto de explotación sistemática de los recursos hulleros y férricos del concejo, representado en la Sociedad Minas de Teverga, constituida en 1900, que generará las primeras variaciones en la tradicional fisonomía rural del hábitat tevergano, con la construcción de Los Cuarteles del Cuartu y Santianes.

En Octubre de 1934 se produjo la toma del cuartel de la guardia civil, y en 1936, la instalación del frente en la zona del puerto de Ventana desde agosto de 1936 hasta octubre de 1937, siendo ocupada por las tropas provenientes de Lugo.

A mediados del siglo XX la actividad minera se encuentra implantada plenamente, constituyendo el concejo el principal enclave de la comarca del Trubia, con cincuenta explotaciones desperdigadas por su territorio. La mayor actividad y número de centros de actividad extractiva se vive con la empresa Hulleras e Industrias S. A. (Hullasa), formada en 1944 como sociedad continuadora de Minas de Teverga S. A. y fusionada con otras empresas mineras menores. Sin embargo, desde los años setenta la crisis estructural de las cuencas hulleras asturianas y la consiguiente pérdida de puestos de trabajo, ha sumido a la minería tevergana, hasta el cierre de esta empresa en 1992, en un profundo declive que se intenta paliar con la vuelta a las actividades agrarias, sobre todo ganaderas, y con la novedosa apertura al sector turístico y de actividades del ocio en general.

Arte

Las pinturas rupestres de Fresnedo integran las más antiguas manifestaciones artísticas que se conocen en el concejo de Teverga. Se incluyen en el período de la Edad del Bronce y principios de la del Hierro. Está en proyecto la creación en 2006 del Parque de la Prehistoria, que se ubicará en San Salvador de Alesga.

La iglesia de San Pedro de Teverga (Monumento Histórico Artístico), mencionada en un documento del año 1069, posee gran interés para la historia del arte, por representar un paso intermedio entre la arquitectura prerrománica y la románica, estudiado por Helmut Schlunk y Joaquín Manzanares. En 1670 se construye su claustro, adosado al lateral norte.

La iglesia de Santa María de Villanueva se funda en el siglo XI, y es reconstruida avanzada la centuria siguiente. En fechas posteriores se reforma la cabecera, y en 1912 se sustituyen las cubiertas de madera de las naves por bóvedas de cañón con lunetos. De tres naves separadas por pilares, persiste el interrogante acerca de los gruesos apoyos cilíndricos del tramo de los pies, que se han atribuido a la fábrica original. Lo más destacado es el relieve monumental desarrollado en los capiteles, en los que se despliega un vasto programa iconográfico, ejecutado con gran calidad técnica. El templo, restaurado en 2000-01, muestra pinturas murales en la bóveda central y la cabecera. Se conserva la pila bautismal románica, con inscripción de principios del XI (1001 o 1028), decorada con relieves.

En Santo Tomás de Riello, templo ampliado según la inscripción de la fachada en 1696, se mantienen la cabecera y el arco de triunfo románicos, con toscos capiteles. En los muros de la nave y a los lados del arco de triunfo aparecen pinturas murales muy fragmentarias.

La iglesia del Cébrano, en Carrea, es un santuario mariano de gran devoción popular, con cabecera cuadrada a la que se adosa el camarín de la Virgen, decorado con pinturas de estilo rococó, y una sola nave, situado en un espléndido emplazamiento en la Peña Sobia. La fachada se construye en 1694. Preside la capilla un retablo barroco que acoge la imagen gótica de la Virgen del Cébrano. Aurelio de Llano recoge, hacia 1925, una curiosa tradición relacionada con un caldero existente en el santuario, el calderín, al que se atribuían propiedades curativas.

Dentro de la arquitectura civil hay buenos ejemplos de palacios y casonas, y un castillo que estuvo entre los más importantes de la región, el de Alesga, hoy en ruinas. Hay que mencionar la casa de Tuñón, en Prado, y la de los Quiñones-Valcárcel en Campiello, junto con la de Valdecarzana, en San Martín, y la de Cienfuegos en Cuña. El palacio de los condes de Agüera, en Entrago, el más monumental del conjunto, perteneció como el de Valdecarzana a la Casa de Miranda. Erigido en el siglo XVII, sigue el esquema de cuerpo central flanqueado por dos torres. Fuera de la finca, con notables especies arbóreas, se encuentra la capilla. En la capital, San Martín, destaca la casa de Don Santiago, con rasgos de estilo montañés, de las primeras décadas del XX, y la moderna oficina de Turismo (2005), obra del arquitecto municipal, Carlos Alberdi.

Fiestas

Las fiestas de Teverga, como las del resto de Asturias, se vinculan a celebraciones religiosas. Una vez pasadas las fiestas de los Reyes Magos en Cuña y Santa Apolonia en Sobrevilla, el calendario prosigue con El Ángel en Fresnedo, el 1 de marzo, para continuar con Los Apostolados en Villanueva, a mediados de junio.

Durante el verano son muchas y variadas las fiestas y romerías en los valles teverganos: Santiago en San Martín, el 25 de julio; La Magdalena en Entrago, el primer domingo de agosto; la Virgen del Cébrano en el santuario mariano de Carrea, el día 15, con el ritual de la subasta de ramos y los romances a la Virgen; La Magdalena en La Torre; la Vaqueirada de Santa Ana en el puerto de Maravio; San Vicente en el puerto de Vicenturo; y la feria y romería del puerto de San Lorenzo. En el mes de septiembre destacan Santa Marina en el puerto de Cueiru, Nuestra Señora en Campiello y San Justo en Páramo.

Por otra parte, se celebran en el ferial de La Plaza varias ferias de ganado, entre las que sobresale la de El Rosario, el primer domingo de octubre, y La Feriona, el 21 de noviembre.

Bibliografía