Mitología asturiana

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En la Crónica Rotense, escrita a mediados del siglo IX, se puede ver alguno de los antecedentes sobre las actividades paganas. El rey Ramiro I condenó con pena de cremación a magos y adivinos, siendo quizás el primer rey cristiano que utilizó la hoguera para castigar la herejía.

San Martín de Dumio en De correctione rusticorum informa de los ritos idolátricos astur-galaicos, que adoran a demonios de las aguas y los bosques.

Sobre la superstición y herejías asturianas también informan algunos símbolos, como la piedra roja mate en el extremo del brazo izquierdo de la Cruz de los Ángeles, que tiene grabada la figura de un animal con cabeza de macho cabrío y cuerpo de serpiente.

Otro testimonio sobre la brujería en Asturias lo ofrece don Álvaro Pelayo en su Speculum Regum en el que aconseja a Alfonso XI que persiga a magos y adivinos en sus reinos de Andalucía y Asturias, donde se hallan sortilegios, maleficios, adivinos, encantadores, augures, arúspices, geománticos, nigrománticos y otros magos.

En el siglo XIV, el obispo Gutierre de Toledo viene a confirmar esta tradición de brujos y adivinos, al condenar con excomunión a todos los que realicen estas prácticas y a aquellos que les pidan consejo.

Personajes de la mitología asturiana son la Ayalga, el Busgosu, el Cuélebre, el Diañu Burlón, los Espumerus, la Guaxa, la Güestia, la Llavandera, el Nuberu, el Sumiciu, el Trasgo, el Ventolín y la Xana.

Bibliografía