Universidad de Oviedo

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Escudo clásico de la Universidad de Oviedo
Escudos fachada Universidad de Oviedo.jpg
Escudos labrados en la fachada del edifico histórico de la Universidad, en la calle San Francisco de Oviedo. Gentileza de José Antonio Cabo

Fernando Valdés Salas, Obispo de Oviedo y Arzobispo de Sevilla, señala en su testamento tras fallecer en 1568, que se done una parte de sus bienes para que se construya en Oviedo una Universidad. Sin embargo, la corrupción que malgastó parte de ese erario y los problemas burocráticos retrasaron la puesta en marcha de la Universidad de Oviedo. Ya en 1574 el arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón firmó el proyecto del edificio que ocuparía la Universidad según el testamento de Valdés Salas, realizando la obra Juan del Rivero Rada.

El edificio histórico, caracterizado por su sencillez de ornamentos, languideció durante cerca de treinta años sin ser usado para su fin. A pesar de ser creada la Universidad por Real Cédula de Felipe III en 1604, el sobrino del inquisidor, Fernando Valdés Osorio, pretendió hacer usufructo de los bienes de su tío y dejar a Oviedo sin universidad. Gracias a la labor de la Junta General del Principado de Asturias, el Ayuntamiento de Oviedo y el Obispado, fue posible que la institución comenzase a funcionar el 21 de septiembre de 1608, cuarenta años después de lo acordado en el testamento del inquisidor.

Oviedo, que había carecido de centros de enseñanza universitarios durante la Edad Media, se aprovechó de las urgentes necesidades de formar clérigos, juristas y médicos para nutrir de funcionarios los amplios dominios del Imperio español (llegó España a tener por entonces 34 universidades en el territorio peninsular). No obstante, la ovetense fue una Universidad pequeña, conteniendo sólo las Facultades de Derecho y Teología (con el añadido de la Facultad de Artes, la Filosofía), faltándole la Facultad de Medicina que completaba la división propia de la Universidad del Antiguo Régimen, algo no subsanado hasta 1786 por el Obispo Agustín González Pisador y cuya vigencia duró hasta 1806. Sus primeros estatutos datan de su fundación en 1608, siendo renovados en 1774 por la orden dada para reformar los estudios universitarios en toda España. Su primer rector fue Alonso Marañón de Espinosa, siguiéndole poco después el Deán Asiego, que tanto había batallado por la apertura de la Universidad.

Gracias al Conde de Campomanes la Universidad dispuso en 1765 de una Academia de Jurisprudencia. También gracias al después Ministro de Estado se fundó la biblioteca universitaria, a partir de una Real Provisión de 1765. Con el legado del Brigadier Solís se edificó el piso de la biblioteca, obra del arquitecto Manuel Reguera González, que trabajó de 1765 a 1768 en la obra, abierta al público finalmente en 1770.

Sin embargo, a pesar de su origen esencialmente funcionarial, no sólo produjo la Universidad de Oviedo funcionarios, sino muchos hijos ilustres importantes en la Historia de España: destacados e influyentes políticos como Gaspar Melchor de Jovellanos, Agustín Argüelles o Evaristo San Miguel, eruditos e historiadores como Fermín Canella o Máximo Fuertes Acevedo, economistas como José Canga Argüelles y otros muchos se formaron en sus aulas. Autores de la talla de Feijoo o Clarín desarrollaron su actividad literaria porque había Universidad en Oviedo y acudieron a la ciudad para desarrollar su actividad docente.

Con la Guerra de la Independencia, la Universidad sufrió la lógica suspensión de sus estudios, pero muchos de sus 512 alumnos matriculados en 1807 participaron en los motines de 1808 y constituyeron el denominado «batallón literario» durante la Guerra de la Independencia. Sus posiciones ideológicas provocaron que en 1815 José Antonio Palacio, Arcediano de Gordón y canónigo de la Catedral, y Francisco Lamuño, del Claustro de la Universidad, visitasen la Universidad para adoptar diversas medidas coercitivas. Los alumnos universitarios, influidos por las ideas liberales, fueron también protagonistas de la revolución de 1820.

Durante el siglo XIX, la existencia de una Universidad en Oviedo le daba prestigio a la ciudad, pues sólo diez ciudades españolas en 1845, todas capitales de provincia, disponían de centros universitarios de enseñanza. Siguiendo los cambios propios de la caída del Antiguo Régimen, a partir de 1841 aumentó su enseñanza con la facultad de Notariado. En 1867, el Plan del ministro Catalina redujo la Universidad a su facultad de Derecho, decaimiento que se cerró en 1874 con la erección de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

En la actualidad, cuando la Universidad ronda sus cuatrocientos años de existencia, se ha convertido en una más de las que sobreviven en una enseñanza universitaria excesivamente saturada de centros, de profesorado y alumnado. El propio decaimiento económico y poblacional de Asturias ha condicionado su número de estudiantes matriculados, inferior a cuarenta mil al comenzar el siglo XXI.

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Bibliografía