Plaza de Alfonso II

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Plaza de Alfonso II, vista nocturna
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Quizás la más representativa de todas las plazas de la ciudad española de Oviedo. En ella se alza la Catedral de San Salvador.

De trazado rectangular, la delimitan por sus lados mayores la Calle Eusebio González Abascal y la Calle San Tirso el Real, y por los menores la Calle de la Rúa y la Calle del Águila, que pasa por delante de la Catedral.

Comprende los terrenos antaño ocupados por la Huerta de Heredia y las plazuelas de la Balesquida y de la Catedral. En ella convergían durante la Edad Media y principios de la Edad Moderna las principales calles gremiales de Oviedo, como las desaparecidas Calle de la Platería y Calle de los Albergueros, llamada así porque en ella existían varios albergues para los peregrinos.

La Plazuela de la Balesquida fue un reducido rincón formado por la Huerta de Heredia, detrás de las casas, derribas durante la polémica ampliación de 1928, que estaban por delante de la Catedral, y la Calle Sanz y Forés, justo en frente de la Capilla de la Balesquida. Hasta el siglo XIX estuvo aquí una fuente que había sido instalada en Calle Cimadevilla en tiempos de Carlos IV. Por su parte la Plazuela de la Catedral, fundida con la de la Balesquida para formar la actual Plaza en la ya citada reforma de 1928, era un espacio caracterizado por arcos de soportal similares a los que pueden admirarse en el Fontán; si bien muy pequeña, aquella plaza se había originado a raíz de un ensanche que tuvo lugar tras el incendio de 1522 (ver: Oviedo), estando antes atravesada por varias callejas tortuosas. Es posible que Calle San Tirso se prolongase entonces por esta zona, en dirección al Hospital de San Juan, cruzándose seguramente con algunos callejones procedentes de San Vicente por la zona en que hogaño se ubican la Capilla del Rey Casto y el Jardín de los Reyes Caudillos, frente a la Iglesia de Santa María, donde pudieron haber estado las casas de Chantría y las de Santa Cruz (ver: Calle del Águila). Del primer ensanche tenemos noticia a través de un documento fechado en 1526, por el que se prohibía reedificar las casas de la Plazuela de la Catedral. El dramático incendio de 1591 volvió a afectar a esta zona, haciendo desaparecer las huertas y casas que se habían salvado del anterior, y la reconstrucción le dio el aspecto que presentaba en 1928.

Adyacente a la Plaza de Alfonso II, al comienzo de la Calle del Águila está el Jardín de los Reyes Caudillos, que tras la desaparición, en los incendios que ocasionó la Revolución del 34, de la hilera de casas que lo delimitaban como calle, suceda a la Plaza sin solución de continuidad. El Ayuntamiento propuso en 1935 adquirir los solares para embellecer las inmediaciones de la Catedral; el proyecto fue ejecutado después de la Guerra Civil, en 1942. Lo que hoy es el Jardín fue en su génesis una rinconada, llamada del Rey Casto, que al igual que la moderna Capilla del Rey Casto, conformada por las reformas para reparar los daños del incendio de 1522; es posible que en su origen la rinconada llegase hasta Calle San Vicente.

En 1275 está documentada la donación de una casa en la Calle Gascona donde remite a un enclave que lleva el nombre del Rey Casto y que seguramente sea el que ocupó la Rinconada. En realidad el nombre de ‘rinconada’ no aparece hasta 1705, figurando en un acta de la Catedral donde se recogen las quejas de un morador de la Rinconada por los desperfectos que les estaban ocasionando las obras de reconstrucción de la Capilla de Nuestra Señora del Rey Casto.

De estos apuntes históricos quizás ya se desprende, y efectivamente así era, que la primitiva Iglesia de San Salvador, la de Santa María del Rey Casto y los Monasterios de San Pelayo y San Vicente, ocupaban extensiones mucho menores que en la actualidad.

Tras la Catedral, el edificio más destacado de la Plaza es la Casa de la Rúa, austera construcción tardogótica, sin perjuicio de los añadidos barrocos en forma de balconadas, erigida por Alonso González de la Rúa, contador de los Reyes Católicos a finales del siglo XV. Se trata de la vivienda nobiliaria más antigua de Oviedo; fue adquirida por los marqueses de Santa Cruz de Marcenado en el año 1690. En la misma hilera, tras algunas casas retocadas en clave modernista, se encuentra la Casa de los Llanes, levantada por Menendo de Llanes-Campomanes, caballero de la orden de Santiago, en 1740; es una vivienda de dos pisos decorada con molduras y caracterizada por su monumental puerta, enmarcada en pilares corintios y con un gran escudo con la Cruz de Santiago en su tímpano.

Completa la manzana la Capilla de la Balesquida, capilla barroca del siglo XVII, reconstruida por Pedro Muñiz Somonte en 1725, dedicada a la Virgen de la Esperanza y la celebérrima Velasquita Giráldez, doña Balesquida, rica ovetense de origen cántabro que legó diversas propiedades a la cofradía de los sastres o alfayates. Precisamente es en las fiestas de esta cofradía, la fiesta de la Balesquida, cuando se celebra la Fiesta el Bollu, la más representativa de todas las romerías y celebraciones de Oviedo, en que sus vecinos van al Campo San Francisco y al Naranco a degustar bollos preñaos y vino.

En el lado Norte de la Plaza se alza el Palacio de Valdecarzana, residencia de los marqueses de ídem, y que fue adquirido posteriormente por el que fuera alcalde de Oviedo Antonio Heredia. Se utilizó como casino a principios del siglo pasado, hasta 1931, y en la actualidad es la sede de la Audiencia Provincial.

Bibliografía