Diferencia entre revisiones de «Adopcionismo»

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Doctrina teológica que afirma que Jesucristo, dada su naturaleza mortal, no pudo ser inicialmente hijo de Dios. Por lo tanto, su carácter de persona divina hubo de ser adoptado posteriormente y perdido con su muerte. Inspirada en la herejía del nestorianismo, que afirmaba algo semejante, la herejía del adopcionismo suponía la negación de la Trinidad cristiana y en consecuencia también la doctrina del apocalipsis o segunda venida de Cristo, garantizada por la Iglesia católica.
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Doctrina teológica que afirma que Jesucristo, dada su naturaleza mortal, no pudo ser inicialmente hijo de Dios. Por lo tanto, su carácter de persona divina hubo de ser adoptado posteriormente para realizar su misión divina, pues en tanto hombre Cristo carecía de naturaleza divina y por lo tanto no era Dios. Inspirada en la herejía del nestorianismo, que afirmaba la doble naturaleza de Cristo, la herejía del adopcionismo suponía la negación de la Trinidad cristiana y en consecuencia también la doctrina del apocalipsis o segunda venida de Cristo, garantizada por la Iglesia católica según sus propios dogmas.
  
Los principales defensores de la doctrina adopcionista fueron los obispos [[Elipando de Toledo]] y [[Félix de Urgel]], representantes de la iglesia visigoda que fueron tolerados por los musulmanes a causa de su doctrina herética, en realidad situada a un paso de la que defendían los seguidores de Mahoma.
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Se supone que fue iniciada por Teodoto de Bizancio. Excomulgado por el Papa Víctor hacia el año 190, fundó una secta que se extinguió a mediados del siglo III con la muerte de Artemón en Roma. Una variante del adopcionismo fue la de Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, que defendió entre el 260 y el 268 que Jesús era un hombre como los demás al que se le había comunicado el Verbo, que inhabitaba en él.  
  
Debido a la extensión de la herejía adopcionista, tanto el Papa como los [[Reyes de Oviedo]]
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Ya en el siglo VI apareció esta herejía en Hispania junto al arrianismo, supuestamente extirpado a raíz de la conversión de Recaredo. La herejía se animó con la invasión musulmana en el año 711, especialmente en el sur peninsular. Los principales defensores de la doctrina adopcionista en territorio peninsular fueron los Arzobispos [[Elipando de Toledo]] y [[Félix de Urgel]], representantes de la iglesia visigoda que fueron tolerados por los musulmanes a causa de su doctrina herética, en realidad situada a un paso de la que defendían los seguidores de Mahoma: si Cristo era un hombre mortal, entonces podía asimilársele fácilmente a la condición de profeta que le reserva el Corán.
  
contagiando algunos obispos. De ellos fue Ascario o Ascárico, a quien Pagi y algunos más suponen metropolitano de Braga. Este se adhirió al parecer del toledano, como se infiere de la carta de Elipando al abad Fidel y la del Papa Adríano I a los obispos españoles. Adosinda, viuda del rey Silo, que había tomado el velo de religiosa, resistió enérgicamente a los errores de Elipando, que quería atraerla a su partido, y dio aviso a Elerio, obispo de Osma, y a Beato, presbítero de Liébana, tenido por santo y docto varón, los cuales reunidos para la profesión de Adosinda, dirigieron a Elipando una carta apologética defendiendo la verdad católica y tratando con dulzura y caridad, de atraer al prelado al buen camino. También combatieron la herética doctrina en dos libros, que según Ambrosio de Morales y algunos otros autores españoles, se conservaban originales en los archivos de Toledo. Viendo el obstinado arzobispo la grande oposición que en España encontraba su doctrina, acudió al emperador Carlomagno, que a la sazón se hallaba en Aquisgrán, pidiendo la reunión de un concilio que condenara a Beato, escribiendo también a los obispos de las Galias. Reunióse en Frankfort un concilio en el año 794, que condenó el nuevo error, y los varones más eminentes de aquella época, Pedro, arzobispo de Milán, Paulino de Aquilea y el célebre Alcuino, refutaron cumplidamente las opiniones de estos heresiarcas. Cita Moreri un concilio reunido en la ciudad de Frinli en el año 797 y otro al año siguiente en Ratisbona, que condenaron a Félix y a Elipando, cuyo juicio fue confirmado por el Papa Adriano y por un concilio de Italia. El Papa León III juntó otro en Roma en el año 799, compuesto de cincuenta y siete obispos, en el cual fue anatematizado Félix si no se convertía, y el rey de los francos le envió al obispo de Lyón, Leidrado, al de Narbona, Nevidrio, y otros obispos y abades, que reunidos en sínodo le condenaron, dejándole la facultad de acudir al rey para que en junta de obispos se examinase su causa. Concurrió Félix a Aquisgrán a fines del [210] año 799, donde a la sazón se hallaba Carlos, y convencido de su error le abjuró libre y espontáneamente, según declaraba en la profesión de fe que envió a su Iglesia de Urgel. Depúsole el concilio y le desterraron a Lyón, donde murió al año siguiente, dudándose de la eficacia de su conversión por haberse hallado una carta suya en que, en forma interrogativa, renovaba su antiguo error. Vivió Elipando ochenta y tres años perseverando en su falsa doctrina, en contra de lo que respecto de su conversión y penitencia sostienen algunos autores. «Doloroso es decirlo, escribe Menéndez Pelayo, pero el rumor de la abjuración de Elipando es sólo una piadosa creencia, acogida de buen grado por escritores a quienes repugnaba que un arzobispo de Toledo hubiese muerto en la herejía. Los falsos cronicones, que con tantas y tan peregrinas circunstancias, que ni recordar he querido por respeto a la dignidad de la Historia, exornaron la narracióu de los errores de Elipando, fingiendo hasta cartas de Ascárico o Ascario, no dejaron de llenar con la mayor intención este vacío y salvar tropiezo tan grave. El falsario e invencionero Román de la Higuera forjó una carta del diácono Entrando, en que se hablaba de la gran persistencia de Elipando. Gabriel Vázquez, que era teólogo y no investigador, aceptó como legítimo ese documento en su libro sobre el adopcionismo.
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Debido a la extensión de la herejía adopcionista, tanto el Papa como los [[Reyes de Oviedo]], cada uno por cuenta propia, intervinieron para condenar esa herejía y fundar una nueva iglesia cristiana en la Península Ibérica. Ya en el año 785 [[Beato de Liébana]] y su discípulo [[Eterio de Osma|Eterio]] criticaron con dureza el adopcionismo, por mediación de [[Adosinda]]. Le remitieron una carta apologética a Elipando para que renegara de sus errores. Por parte del papado, [[Carlomagno]] reunió un concilio en Frankfurt en el año 794, que condenó el nuevo error, con [[Alcuino de York|Alcuino]] a la cabeza. Nuevos concilios en Frinli (797) y Ratisbona (798) confirmaron la condena, aunque más centrada en Félix de Urgel, quien se encontraba entonces dentro de los confines de la denominada [[Marca Hispánica]], extensión de la Península Ibérica que había sido conquistada por Carlomagno. De hecho, El Papa León III formó otro concilio en Roma en el año 799 para anatemizar a Félix, quien concurrió a Aquisgrán ese mismo año, abjurando de sus errores y falleciendo al año siguiente en Lyon, aunque parece que su retractación no fue sincera.  
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La herejía se mantuvo entre los mozárabes durante muchos siglos, dada la dominación musulmana, y ya en los primeros años de avance cristiano, en tiempos de [[Alfonso I]], se detecta la ausencia de imágenes en las expresiones religiosas y en los templos de los mozárabes que emigraron hasta [[Oviedo]], como es el caso de la [[Cruz de los Ángeles]].
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[[Category:Instituciones|Adopcionismo]]

Revisión actual del 10:31 18 feb 2008

Doctrina teológica que afirma que Jesucristo, dada su naturaleza mortal, no pudo ser inicialmente hijo de Dios. Por lo tanto, su carácter de persona divina hubo de ser adoptado posteriormente para realizar su misión divina, pues en tanto hombre Cristo carecía de naturaleza divina y por lo tanto no era Dios. Inspirada en la herejía del nestorianismo, que afirmaba la doble naturaleza de Cristo, la herejía del adopcionismo suponía la negación de la Trinidad cristiana y en consecuencia también la doctrina del apocalipsis o segunda venida de Cristo, garantizada por la Iglesia católica según sus propios dogmas.

Se supone que fue iniciada por Teodoto de Bizancio. Excomulgado por el Papa Víctor hacia el año 190, fundó una secta que se extinguió a mediados del siglo III con la muerte de Artemón en Roma. Una variante del adopcionismo fue la de Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, que defendió entre el 260 y el 268 que Jesús era un hombre como los demás al que se le había comunicado el Verbo, que inhabitaba en él.

Ya en el siglo VI apareció esta herejía en Hispania junto al arrianismo, supuestamente extirpado a raíz de la conversión de Recaredo. La herejía se animó con la invasión musulmana en el año 711, especialmente en el sur peninsular. Los principales defensores de la doctrina adopcionista en territorio peninsular fueron los Arzobispos Elipando de Toledo y Félix de Urgel, representantes de la iglesia visigoda que fueron tolerados por los musulmanes a causa de su doctrina herética, en realidad situada a un paso de la que defendían los seguidores de Mahoma: si Cristo era un hombre mortal, entonces podía asimilársele fácilmente a la condición de profeta que le reserva el Corán.

Debido a la extensión de la herejía adopcionista, tanto el Papa como los Reyes de Oviedo, cada uno por cuenta propia, intervinieron para condenar esa herejía y fundar una nueva iglesia cristiana en la Península Ibérica. Ya en el año 785 Beato de Liébana y su discípulo Eterio criticaron con dureza el adopcionismo, por mediación de Adosinda. Le remitieron una carta apologética a Elipando para que renegara de sus errores. Por parte del papado, Carlomagno reunió un concilio en Frankfurt en el año 794, que condenó el nuevo error, con Alcuino a la cabeza. Nuevos concilios en Frinli (797) y Ratisbona (798) confirmaron la condena, aunque más centrada en Félix de Urgel, quien se encontraba entonces dentro de los confines de la denominada Marca Hispánica, extensión de la Península Ibérica que había sido conquistada por Carlomagno. De hecho, El Papa León III formó otro concilio en Roma en el año 799 para anatemizar a Félix, quien concurrió a Aquisgrán ese mismo año, abjurando de sus errores y falleciendo al año siguiente en Lyon, aunque parece que su retractación no fue sincera.

La herejía se mantuvo entre los mozárabes durante muchos siglos, dada la dominación musulmana, y ya en los primeros años de avance cristiano, en tiempos de Alfonso I, se detecta la ausencia de imágenes en las expresiones religiosas y en los templos de los mozárabes que emigraron hasta Oviedo, como es el caso de la Cruz de los Ángeles.