Fábrica de Quintana

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La historia de la Fábrica de Quintana de Trubia está íntimamente ligada a la de la fábrica de Quirós, propiedad de la Compañía de Minas y Fundiciones de Santander y Quirós, fundada en 1868. Su director, J. Thiebaut, ante el escaso beneficio obtenido con los altos hornos de Quirós, abrió unos talleres de laminación en Vega, a la margen derecha del río Trubia y próximos a la estación final del Ferrocarril del Norte.

Las obras de construcción se iniciaron en 1877 y, tres años después, entró en funcionamiento. Al mismo tiempo que se levantaba la fábrica, también comenzaron los trabajos para un ferrocarril que uniese Trubia y Quirós para abastecer a los talleres con los minerales y carbones quirosanos.

Los altos hornos de la Fábrica de Quintana funcionaron al completo desde 1880 hasta 1887 y fue la encargada de hacer parte de las vagones del citado ferrocarril. Pero, ante la fuerte competencia vizcaína, la compañía se disolvió. En 1889 pasa su patrimonio a la Sociedad Fábrica de Mieres, propiedad del banquero Numa Guilhou, quien había creado una de las mayores empresas mineras de Asturias: la Sociedad Hullera y Metalúrgica de Asturias. Quedan entonces las instalaciones de Trubia y de Quirós como un simple anexo de las de Sociedad de Guilhou y, paulatinamente, van siendo desmanteladas para reaprovechar algunos de sus equipos y piezas en la Fábrica de Mieres, hoy también desaparecida.