Fábrica de Armas de Oviedo

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Fábrica de Armas de Oviedo en 1914

Ocupa el solar del antiguo monasterio benedictino de Santa María de la Vega, fundado en el siglo XII.

Dicho monasterio fue confiscado en 1856 para organizar allí los talleres de la Fábrica Nacional de Armas Portátiles. Estos talleres, que suministraban el material bélico al ejército español, se ubicaron inicialmente en las Vascongadas, de donde fueron trasladados a Oviedo a finales del siglo XVIII ante la posibilidad de una guerra con la Francia revolucionaria, dada la cercanía de su emplazamiento original con el país galo. Desde 1794 a 1856 la fábrica ocupó el Palacio del duque del Parque, conocido actualmente como el palacio del marqués de San Feliz, situado en la plaza de Daoíz y Velarde del barrio del Fontán. En 1856 tuvo lugar la centralización de los talleres, escogiéndose el emplazamiento ocupado por el monasterio de la Vega, que fue derribado –si bien, algunas piezas arquitectónicas fueron depositadas en el Museo Arqueológico de Asturias-. Hasta ese momento los maestros armeros habían trabajado en sus casas o en pequeños talleres, realizando las piezas que luego se entregaban a la casa-fábrica situada en el citado palacio; tal mecanismo productivo, de carácter gremial, dio paso, al no poder satisfacer la demanda, a la creación de un gran taller industrial. Se abre así una moderna factoría dirigida por Elorza que en 1857 ya posee talleres de armería y maquinaria impulsada por vapor y da empleo a 700 armeros y 250 obreros auxiliares. La Fábrica de Armas de Oviedo produce modelos como las carabinas del 57, fusiles del 59 y, a partir de 1870, los Remington. En 1871 la demanda ocasionada por la Guerra Carlista hace elevar el número de trabajadores hasta los 1.000 obreros, alcanzando la producción de 30.000 fusiles y tercerolas. Antes de concluir el siglo XIX se diversifica la producción con modelos como el fusil Winchester para la Guardia Civil o el Mauser, arma reglamentaria del ejército. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX se le irían agregando a la fábrica un almacén de madera, un economato y una cooperativa, viviendas para los encargados, una biblioteca, un museo y una escuela de enseñanza básica. Asociada a la fábrica se creó una Escuela de Aprendices, encargada de formar obreros cualificados. El origen de este centro se retrotrae a 1857, cuando se concluyó que los hijos de los obreros de la empresa debían tener derecho a trabajar junto a sus padres, a quienes correspondía adiestrarles en el oficio.

Durante la primera mitad del siglo XX La Vega liga su carga de trabajo a la fabricación de prototipos como la ametralladora Hotchiss, desde 1931, el fusil ametrallador FAO, desde 1941, y la ametralladora antiaérea Alfa, desde 1953. A partir de 1958 comienza a producirse a gran escala el fusil de asalto CETME, arma reglamentaria del ejército español, lo que constituirá un auténtico parteaguas en la historia de la Fábrica de la Vega al quedar incorporada, en 1960, a la Empresa Nacional Santa Bárbara de Industrias Militares S. A., dependientes del INI. En esta etapa se encarga de la fabricación del fusil auxiliar M-8, desde 1968, la ametralladora MG Rheinmetall y los misiles Roland y Hot, entre otros. A instancias del Ministerio de Industria en un primer momento y posteriormente del Ministerio de Hacienda, por mediación de la SEPI, la fábrica acometerá planes de diversificación, renovación tecnológica y saneamiento financiero. Desde el año 1990 participa en la producción de componentes aeronaúticos, manteniendo acuerdos de colaboración industrial con Rolls-Royce y Mc-Donnell-Douglas y colaborando en proyectos como el avión europeo de combate o el vehículo ligero blindado Pizarro, destinando a la demanda civil tan sólo un 25% de la producción total.

El periodo comprendido entre los años 1987 y 1997 supuso una caída del empleo en el sector de la industria militar: de 35.000 y 17.737. Esta crisis afectó especialmente al Grupo Santa Bárbara, del que formaba parte la Fábrica de la Vega, que redujo su platilla de 4.088 a 2.289 trabajadores entre 1990 y 1995, mientras que acumulaba pérdidas por valor de 153.000 millones de pesetas. La SEPI inicia en 1996 un plan de modernización destinado a reducir plantillas, internacionalizar la producción e incrementar la inversión en I+D, así como buscar alianzas y socios tecnológicos con vistas a la privatización del grupo. Finalmente, en abril de 2000 la SEPI aprueba la propuesta de adquisición de Santa Bárbara por la General Dynamics Corporation, la octava empresa del mundo en el ramo militar, con 45.000 asalariados y 1,2 billones de facturación en 1999. La multinacional estadounidense compromete inversiones, añade mercados y propone la re-estructuración de Santa Bárbara en tres divisiones: Vehículos, artillería y componentes, a la que se incorporan la Fábrica de Oviedo, como centro de excelencia para mecanizar, y la Fábrica de Armas de Trubia como centro de excelencia de estructuras para vehículos.

La Fábrica de Armas de Oviedo fue objeto de un detallado estudio por parte de Santos A. Cañal Álvarez, que fue publicado en tres tomos por el Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), recibiendo el primero de ellos, titulado Antecedentes históricos de la Fábrica de Armas de La Vega, fue merecedor del premio Patac en 1988. El segundo tomo se ocupa de la Escuela de Aprendices y el tercero da cuenta de una amplia documentación que muestra la relación entre el ayuntamiento y la fábrica.

Bibliografía