Claudio Alvargonzález Sánchez

De Enciclopedia de Oviedo, la enciclopedia libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Claudio Alvargonzález Sánchez

Conocido como el “héroe de Abtao”.

Marino y escritor nacido en Gijón el nueve de agosto de 1816 y fallecido en su ciudad natal el veintiuno de agosto de 1896, con el grado de brigadier.

Perteneciente a una familia de comerciantes y marinos, estudia en el Instituto Jovellanos de Gijón donde aprende las primeras letras y obtiene el título de piloto. Ingresa en el cuerpo de Guardias Marinas el dos de julio de 1835 en la Escuela de Ferrol. Intervino en las batallas navales de la I Guerra Carlista, libradas en el Cantábrico.

En 1844 asciende a Teniente de Navío, siendo destinado a diversos buques tanto en la Península como en Ultramar. En 1853 embarca en el vapor Fernando el Católico con el que logra cubrir la distancia de la Habana a Vigo en quince días, la travesía más rápida de su época. En 1855 asciende a Capitán de Fragata y pasa a Santander como Comandante de la plaza; ocupa este cargo durante tres años: el único periodo de su carrera en que permaneció desembarcado. En 1861 es ascendido a Capitán de Navío, concediéndosele el mando de la fragata de hélice “Villa de Madrid”.

El veinte de diciembre de 1864 se une a la Escuadra del Pacífico, integrada por seis fragatas, cinco de ellas de madera y en mal estado. El siete de febrero de 1866 se topan en aguas de la isla chilena de Abtao con la escuadra chileno-peruana, con la que entablan combate, sufriendo graves daños los americanos. Bombardean a continuación Valparaíso y el dos de mayo de 1866, escasos de carbón y víveres, la Escuadra del Pacífico se acerca al puerto del Callao, defendido por noventa cañones y torres acorazadas, en orden de batalla. Los españoles bombardean el puerto logrando desmontar todas las piezas enemigas menos tres; esta acción constituiría la última gesta reseñable de la Marina Española en las costas americanas del Pacífico. Tras la acción de Callao la escuadra regresa a España siendo la fragata mandada por Alvargonzález la primera en tocar las costas de Cádiz, donde se les tributa un homenaje popular. Una real orden de veintinueve de julio de 1866 lo promueve al empleo de brigadier con el que culmina su carrera militar.

De ideología marcadamente liberal, es sin embargo absolutamente fiel a la reina Isabel II, por lo que al triunfar la Revolución Gloriosa en 1868 pide el retiro voluntario, a pesar de que sus compañeros de armas lo animan a ocupar cargos ministeriales. Con la restauración borbónica, tras el fracaso de Amadeo de Saboya y de la I República, vuelve al servicio activo durante algunos años hasta que le llega la edad de jubilación reglamentaria.

Pasa los últimos años de su vida en Gijón, su villa natal, participando activamente en la vida pública de la ciudad a través de sus negocios y a través de la prensa local, con la que colaboró sobre todo con artículos acerca de temas marineros. El consistorio gijonés le rindió homenaje poniendo su nombre a una calle y colocando una placa conmemorativa en su casa natal.

Recibió algunas de las más altas condecoraciones del estado como la Gran Cruz de Isabel la Católica, el título de Benemérito de la Patria y la Gran Cruz de San Hermenegildo.