Wamba

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Rey visigodo desde el año 672 hasta el año 680. Sucedió a Recesvinto, que había fallecido el 1 de septiembre de 672 en la aldea de Gérticos, cercana a Valladolid. En este lugar, tal y como se había dictado en el concilio de Toledo del año 653, se reunieron nobles y obispos con la misión de elegir monarca, siendo Wamba el seleccionado. Al parecer, que Wamba era un personaje modesto y reservado, que repitió varias veces no ser merecedor, ni suficientemente fuerte como para llevar la corona; sin embargo, afirma la leyenda que aceptó la propuesta, cuando uno de los nobles allí presentes le dijo: «Consiente, o te atravieso con mi espada», y tras esta amenaza Wamba aceptó la corona.

Wamba, ya proclamado rey, se traslada a Toledo, donde fue ungido y consagrado en la Iglesia de Santa María, el 20 de octubre del año 672. Inmediatamente, tuvo que hacer frente a una sublevación de los vascones, a quienes sometió en los pirineos. Prácticamente al mismo tiempo que los vascones se sublevó el conde de Nimes, Hilderico. Para frenarle, Wamba envió contra él las tropas de Flavio Paulo, quien se proclamó rey de Narbona, siendo reconocido por Hilderico.

Una vez tuvo pacificada la zona, Wamba se dirigió al este siguiendo el curso del Ebro, y tomando las poblaciones de Barcelona y Gerona, donde dividió su ejército en tres cuerpos: uno de estos cuerpos se dirigiría a Livia, capital de la Cerdaña, otro tendría como destino el Rosellón, y el último acompañaría al rey por el centro.

Habían sido tomadas ya la fortaleza del Puerto de Clusas, en los Pirineos, y también el Rosellón; el ejército de Wamba no tardó en apoderarse de Narbona y Nimes tras derrotar a Flavio Paulo, a quien Wamba encarceló por el resto de sus días. Los cómplices de la coronación de Paulo fueron sentenciados a la decalvación y presidio perpetuo.

Wamba saneó el sistema de impuestos en la zona de la Galia tras haber tomado posesión de los territorios, y regresó a Toledo, donde fue aclamado solemnemente.

Una vez instalado definitivamente en Toledo, Wamba realizó importantes obras públicas en la ciudad: carreteras, acueductos &c.

En el año 675 convocó dos concilios provinciales, uno en Braga y otro en Toledo. Como no acudieron seglares, estos concilios solo sirvieron para dictar normas competentes a la iglesia. Es en este periodo, y debido a la rivalidad existente entre obispos, cuando Wamba realiza una nueva demarcación de los obispados y de los términos de sus diócesis.

Durante el reinado de Wamba existía aun afición a los espectáculos escénicos y a los banquetes nocturnos, que Wamba veía como un claro síntoma de corrupción y depravación, por lo que realizó todo lo que estaba en su mano para reavivar las costumbres de los ejércitos godos, por lo que declaró el servicio militar obligatorio para todos aquellos que estuviesen bajo su reinado, fuese cual fuese su raza (hispanos, godos o romanos) y fuese cual fuese su condición (desde labradores hasta la nobleza). En caso de invasión del territorio, estaban obligados a tomar las armas hasta los religiosos, a la cabeza de los cuáles había que encontrar a los obispos. Estas leyes permitieron obtener una victoria sobre los mahometanos en el año 675, donde se apresaron más de 200 naves que fueron quemadas.

La edad de Wamba, a pesar del respeto que había llegado a lograr, hacía pensar en la necesidad de un sucesor. En torno al hermano de Recesvinto, Teudifredo, se creó un grupo de partidarios que apostaban por su candidatura a la muerte del monarca. Este proceso eliminaba a Ervigio de la posibilidad de reinar (Ervigio piensa: «Si Wamba muere siendo rey deja el trono a Teudifredo y me revienta; pero si no muere y cesa de reinar, la cosa varía, pues el testamento de un hombre que vive no sirve para nada») e ideó un plan para hacerse con la corona: narcotizó al rey, de tal forma que hizo creer que se había producido su muerte (14 de octubre de 680), le vistió con la túnica propia de los penitentes y le cortó el pelo.

Al despertar el monarca de su estado narcótico, estaba inhabilitado para mantenerse en el trono, ya que carecía del aspecto godo, caracterizado por larga barba y cabellera. A estos atributos estilísticos, debía unirse la aconfesionalidad del monarca. El hecho de encontrarse vestido con un hábito de penitente, y los cabellos rasurados, le hacían incumplir estos requisitos godos.

Dados los apoyos con los que contaba, hubiese podido volver a imponerse en el trono, pero Wamba prefirió dar ejemplo del cumplimiento de las leyes, retirándose al monasterio de Pampliega (cercano a Burgos) donde residió entre uno y siete años, hasta que murió. Sus restos descansaron en este monasterio hasta que Alfonso X, el Sabio hizo trasladarlos a la Iglesia de Santa Leocadia, en Toledo.

Bibliografía

  • Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano, tomo XXIII; Montaner y Simón, 1898.
  • En tal día: efemérides humorísticas, segunda serie, de julio a diciembre. Luis de Oteyza. Madrid: Editorial Pueyo. 1919. 351 páginas.