Pedro I

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Rey de Castilla y León nacido en Burgos el 30 de agosto de 1334 y fallecido en Montiel, La Mancha, el 23 de marzo de 1369. Hijo de Alfonso XI y María de Portugal, sucedió a su padre el 26 de marzo de 1350. Su educación fue sumamente descuidada como consecuencia de los devaneos amorosos de Alfonso XI con Leonor de Guzmán, criándose junto a María de Portugal en el alcázar de Sevilla. Su reinado se caracterizó por la oposición constante de la nobleza castellano-aragonesa, que rechazaba sus proyectos de expansión hacia el Mediterráneo, y por las revueltas de sus hermanos bastardos. Contó con el apoyo de las facciones afines a su madre e inicialmente con el del favorito portugués Juan Alfonso de Alburquerque, su ayo. Fue éste quien le aconsejó prender a sus hermanos Fadrique y Enrique, futuro Enrique II, con los que sin embargo se aliaría años después en contra suya, produciéndose así la primera revuelta de aquellos.

En 1353 se inicia la segunda revuelta contra Pedro I. El monarca estaba en Andalucía tratando de someter a Alfonso Fernández Coronel cuando supo que Enrique de Trastámara, heredero de los señoríos y posesiones de Rodrigo Álvarez de Asturias, se fortificaba en las tierras asturianas. Pedro I marchó contra el bastardo logrando someterlo en poco tiempo, así como a su otro hermanastro don Tello. Pudo entonces volver a Andalucía y derrotar a Fernández Coronel. Enrique había contado con apoyo de la corona de Aragón, mientras que Navarra, Portugal y Granada tomaban el partido de Pedro.

A partir de 1357, el conflicto entre las diversas facciones nobiliarias peninsulares, que acabaría convirtiéndose en un apéndice de la Guerra de los Cien Años, toma alcance internacional al contar Pedro I con el apoyo de Inglaterra, merced a la firma del Tratado de Londres, mientras que Francia prestaba ayuda a la nobleza insurgente con la esperanza de establecer un rey en Castilla más favorable a sus intereses y deshacerse de los mercenarios de Bertrand du Guesclin, que fueron tomados a sueldo por Enrique de Trastámara. El conflicto se convirtió en una auténtica guerra que se fue alternado con tratados de paz como el de Terrer, en 1361, o el de Murviedro, en 1363, completamente infructuosos. Enrique de Trastámara pasó a territorio peninsular con sus mercenarios y tropas aragonesas, proclamándose rey en Calahorra en 1366. Pedro I firmó un acuerdo en Bayona con el príncipe de Gales, llamado el Príncipe Negro, quien le proporcionó tropas con las que logró derrotar a los nobles insurgentes en la batalla de Nájera en 1367, con la condición finalmente incumplida de que el monarca castellano corriese con los gastos de las campañas. Pero un año más tarde las tornas se cambiaron definitivamente, Pedro I, que no contaba esta vez con el apoyo inglés, fue derrotado en el Castillo de Montiel y asesinado en la tienda de Bertrand du Guesclin, al parecer por el propio Enrique, que se convertía así en Enrique II e iniciaba la dinastía Trastámara y saldaba la crisis castellana con la consolidación de la nobleza terrateniente.