Isabel de Castilla

De Enciclopedia de Oviedo, la enciclopedia libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Celebérrima reina de España que pasó a la historia como Isabel la Católica. Fue jurada princesa de Asturias en 1468 y mantuvo tal dignidad hasta el nacimiento de su primera hija. Figura clave, junto con su marido Fernando de Aragón, para comprender los procesos sociopolíticos que marcan el tránsito de la de la edad media a la edad moderna en la Península Ibérica y en Europa. Nació en el Madrigal de las Altas Torres el 22 de abril de 1451 y murió en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504. Era hija de Juan II de Castilla y de su segunda esposa Isabel de Portugal, y hermana de padre de Enrique IV, el Impotente. Se crió en Arévalo, localidad en la que se recluyó su madre, quien comenzó a padecer serios desequilibrios mentales. En 1464 Enrique IV la lleva a su corte, dotándola además de una villa en Casarrubios del Monte, así como de rentas y mercedes.

El reino atravesaba en aquellos años una delicada situación derivada de las aspiraciones de la nobleza, que buscaba debilitar el poder del monarca para convertir a la corona en una institución débil y manejable. En este contexto tiene lugar el episodio conocido como la «Farsa de Ávila»: los nobles deponen a Enrique IV y nombran a su hermano Alfonso, alegando que la princesa Juana, conocida como la Beltraneja, era una hija ilegítima fruto de la infidelidad de la reina con el valido Beltrán de la cueva.

El príncipe Alfonso muere en 1468 eligiendo entonces sus partidarios a la joven Isabel como reina. Finalmente Enrique IV se verá forzado a reconocer a Isabel como princesa de Asturias, por el Pacto de los Toros de Guisando, declarando ilegítima a Juana. Enrique IV había impuesto sin embargo una condición para reconocer a su hermanastra como heredera: que no se casase sin su consentimiento. Isabel incumple la condición al contraer matrimonio en secreto con Fernando de Aragón, dándose además el agravante de que eran primos segundos y la bula papal, requisito necesario para poder casarse familiares cercanos, fue falsificada. Al conocer Enrique IV este enlace revocó el nombramiento de Isabel como princesa de Asturias, restituyendo a Juana como heredera. El reino se fractura entre los partidarios de Isabel y los de Juana, desembocando el conflicto en una guerra civil que tardará aún unos años en estallar.

El conflicto civil se produce entre los años 1475 y 1479, tomando carácter internacional al participar Portugal y Francia en favor de Juana, mientras que Aragón apoya a Isabel. La actuación de la marina vasca, frustrando los intentos franceses de invadir Guipúzcoa y la derrota de los portugueses en las inmediaciones de Toro el 1 de marzo de 1476, decantarán la guerra hacia el lado de Isabel. La reina Católica ya sólo tendrá que sofocar a los focos de resistencia a su causa que pervivían en Extremadura y Andalucía, lo que le tomará tres años, verificándose al fin su victoria por los Tratados de Alcaçovas en septiembre de 1479.

En 1479 fallece Juan II de Aragón subiendo al trono Fernando e iniciándose con ello la unión dinástica de Castilla y Aragón. Se sentaban de esta forma los cimientos del estado moderno en España, promoviendo los monarcas toda una serie de medidas, fundamentalmente en el seno de las Cortes, que propiciaron el robustecimiento del poder real: la constitución de la Santa Hermandad con funciones policiales y judiciales en 1476; se ampliaron las competencias de los corregidores en 1480; se reorganizó la hacienda; se revisaron los privilegios nobiliarios, fundamentalmente los otorgados por Enrique IV; asimilación de los maestrazgos de las Órdenes militares a la Corona siendo nombrado Gran Maestre Fernando; establecimiento en Valladolid de la Real Chancillería, creándose una segunda Chancillería en Granada en 1505; constitución de un ejército permanente cuyo núcleo serían las guardias reales, las milicias urbanas y la Santa Hermandad. Paralelamente los Reyes Católicos promovieron dos reformas en las instituciones religiosas que quedaron de esta forma convertidas de facto en instrumentos del poder real: la reforma de las órdenes religiosas, responsabilidad que recayó fundamentalmente sobre el cardenal Cisneros, y la creación de la Inquisición de Castilla en 1478, merced a la bula “Exigit sincerae devotionis affectus” promulgada por Sixto IV, por la que los reyes eran facultados para nombrar dos o tres obispos para desempeñar el oficio de inquisidores.

En 1492, año en que se produce el definitivo decreto de expulsión de los judíos, tiene lugar la conquista de Granada, que culmina el proceso de Reconquista, la conquista de las Canarias y el descubrimiento de América. Estos episodios se incardinan en la política de expansión de los Reyes Católicos: buscaban ampliar los dominios ibéricos afianzando a España como potencia internacional en contraposición a Francia. Paralelamente la trayectoria global de oposición al Islam que, sin perjuicio de sus interrupciones, asumen inicialmente la monarquía asturiana, a partir sobre todo de Alfonso II, el Casto, momento en el clero culto emigrado de Toledo e instalado en la corte ovetense comienza a construir el revestimiento ideológico del Reino de Oviedo al presentarlo como heredero del reino Visigodo de Toledo, y posteriormente el Reino de León y el Reino de Castilla, cubre finalmente el territorio peninsular y pasa a redefinirse en términos universales, configurándose en función de esa circunstancia las coordenadas ideológicas al Imperio Español («por Dios hacia el Imperio»), marco conceptual desde el que se trazarán sus planes y programas políticos. En esta clave, como ha sugerido Elliott, sin obviar la necesidad de buscar nuevas rutas comerciales con la India, puede leerse la expedición de Colón que se nos aparecerá como un intento de ganar la retaguardia otomana (de hecho será el Imperio Español el que frene el avance Turco en la Batalla de Lepanto).

Las bulas “Inter Caetera” concedidas por Alejandro VI en 1493 ratifican la soberanía castellana sobre las tierras descubiertas, que entonces se tenían por la costa oriental de Cipango. Este mismo pontífice otorgará a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón el título de Reyes Católicos en 1494, en contraposición al Cristianísimo de los monarcas franceses, que pasarán a ostentar los titulares de la Corona española. Los Reyes Católicos diseñarán además una ambiciosa política de enlaces matrimoniales para sus hijos con el objetivo de aislar a Francia: la infanta Isabel se casa con Alfonso de Portugal y posteriormente, al enviudar, con don Manuel el Afortunado; el infante Juan contrae matrimonio con Margarita de Austria, hija de Maximiliano I y de María de Borgoña; Juana casa con Felipe de Austria, el Hermoso, hijo también de Maximiliano de Austria; la infanta María se une a Manuel de Portugal; por último, Catalina será la primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra.

Pero las sucesivas muertes de los infantes Juan, en 1497, Isabel, en 1488, y Miguel en 1500,y el repudio de Catalina por Enrique VIII, frustrarán la hábil estrategia de los Reyes Católicos y sumirán a la reina Isabel en una profunda depresión. Isabel fallece finalmente en Medina del Campo en 1504. Recibe sepultura en Granada heredando la Corona Juana, la Loca.



Predecesor:
Alfonso
Princesa de Asturias
1468-1476
Sucesor:
Isabel