Campillín
Lugar de la ciudad española de Oviedo, capital de la Comunidad Autónoma del Principado de Asturias.
Este lugar fue conocido primeramente como Campo de los Herreros, generalizándose desde los inicios del siglo XVIII el nombre de Campillín. Así, como recoge José Tolivar Faes en Nombres y cosas de las calles de Oviedo (ed: Excmo Ayuntamiento de Oviedo, Oviedo 1992, pag: 128), el Ayuntamiento de Oviedo dice el 5 de septiembre de 1731 que el lugar conveniente para trasladar el horno de la Plaza , a espaldas de la Calle del Matadero –actual Calle Marqués de Gaztañaga-, es el punto llamado Campillín, el sitio de los herreros. La denominación sitio o prado de los herreros es mucho más antigua, apareciendo ya en un documento de 16 de octubre de 1346.
El Campillín era un prado delimitado por la Calle de la Luneta –hoy incluida en Arzobispo Guisasola-, la Calle Arzobispo Guisasola, Calle Marqués de Gaztañaga y Plaza Santo Domingo por su borde inferior. Algunos documentos se refieren a él como Calle de los ángeles por atrás. Un pedrera lo atravesaba desde la Calle Luneta a Marqués de Gaztañaga, culminando en unos escalones de piedra sobre los que el siglo XIX se vendían hortalizas. Otra pedrera marchaba por detrás de las casas de la Plaza Santo Domingo desembocando en la carretera del mismo nombre, hoy llamada Calle Padre Suárez, a través de una angosta calleja.
El 21 de enero de 1829 el Ayuntamiento de Oviedo mandó cerrar los portales del Campillín al convertirse en lugar habitual para el ejercicio de la prostitución.
Aquí vivió en la primera mitad del siglo XIX Benito Pérez “el botánico”, citado por Theophile Toussel en su Tratado de la Pelagra (París, 1866), un reputado médico, farmacéutico y naturalista. Este personaje, de costumbres extravagantes puso en una ocasión un cartel en el Campillín en el que se podía leer “Barrio de quien tiene, come”. En ese momento se levantaba en el Campillín un barrio formado por la parte posterior de las casas de la Plaza de Santo Domingo. Hasta la Guerra Civil, en que quedó totalmente devastado, alojó el rastro de Oviedo, que volvió a celebrase allí, aunque notablemente disminuido, hasta su definitiva conversión en jardín. En la parte alta del parque, próxima a la Calle Campomanes, nació el escritor Ramón Pérez de Ayala, a quien se dedicó un monolito con motivo del primer centenario de su nacimiento en 1980. El principal paseo del Campillín lleva desde 1986 el nombre de Antonio García Oliveros.