El Código Da Vinci

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Parte de la trama de la novela El Código Da Vinci se desarrolla en Oviedo:

«Lo que sacó esa vez al fantasma de su letargo fue un grito de pánico. Su cuerpo se levantó de la cama y avanzó tambaleándose por un pasillo, siguiendo la dirección de aquellos alaridos. Entró en una cocina y vio a un hombre corpulento que estaba pegando a otro más pequeño. Sin saber porqué, agarró al primero y lo estampó contra la pared. Aquel hombre desapareció al momento, y el fantasma quedó de pie junto al cuerpo de un joven vestido con hábito de cura. Tenía la nariz rota y ensangrentada. Lo cogió con cuidado y lo sentó en un sofá.

—Gracias, amigo —dijo aquel hombre en un francés peculiar—. El dinero del cepillo de las limosnas es tentador para los ladrones. En tus sueños hablabas en francés. ¿Hablas también español?

El fantasma negó con la cabeza.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó el cura en su precario francés. El fantasma no se acordaba del nombre que sus padres le habían puesto. Lo único que le venía a la cabeza eran los insultantes motes que le ponían los celadores de la cárcel.

El cura hizo un gesto.

—No te preocupes. Yo me llamo Manuel Aringarosa. Soy misionero, de Madrid. Me han enviado aquí para construir una iglesia de la Obra de Dios.

—¿Dónde estoy? —preguntó él con una voz que le sonó hueca.

—En Oviedo. Al norte de España.»

(Capítulo 10, Página 79)

«Acurrucado entre los brazos del hombre al que había acogido hacía tantos años, Aringarosa sintió que el tiempo daba marcha atrás. Que estaba en España. Que volvía a sus modestos inicios, cuando en Oviedo empezó a construir con Silas una iglesia. Y que después estaba en Nueva York, donde había proclamado la gloria de Dios erigiendo el centro del Opus Dei en Lexington Avenue.»

(Capítulo 100, Página 508)


El código Da Vinci

Autor: Dan Brown

Traducido por Juanjo Estrella

Editor: Umbriel, 2003

ISBN 8495618605, 9788495618603

N.º de páginas: 557