Diferencia entre revisiones de «Ada Pérez García»
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Con más de 20 años de experiencia profesional como psicóloga clínica, integrante del grupo de intervención psicológica en catástrofes y emergencias (desde sus inicios hasta 2012) y con experiencia como pintora y coordinadora de las producciones artísticas Cacho Sierra desde 1992, en la actualidad está interesada en ampliar el campo de actuación: 1) promocionando la realización de obras «a medida» y por encargo para particulares y coleccionistas, 2) promoviendo la aplicación de las tecnologías psicológicas en el ámbito artístico. Interviniendo tanto en la realización como en el asesoramiento directo a artistas, y demás agentes de instituciones públicas y privadas, para el diseño, desarrollo, organización y producción de proyectos. | Con más de 20 años de experiencia profesional como psicóloga clínica, integrante del grupo de intervención psicológica en catástrofes y emergencias (desde sus inicios hasta 2012) y con experiencia como pintora y coordinadora de las producciones artísticas Cacho Sierra desde 1992, en la actualidad está interesada en ampliar el campo de actuación: 1) promocionando la realización de obras «a medida» y por encargo para particulares y coleccionistas, 2) promoviendo la aplicación de las tecnologías psicológicas en el ámbito artístico. Interviniendo tanto en la realización como en el asesoramiento directo a artistas, y demás agentes de instituciones públicas y privadas, para el diseño, desarrollo, organización y producción de proyectos. | ||
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| + | Ada Pérez García se nos presenta como pintora materialista y por ello, si no la malinterpretamos, entendemos que sus cuadros, concebidos por ella misma como estromas, como configuraciones del mundo visible que se entretejen encubriendo otras realidades que quedan en el reverso, son representaciones que intentan triturar críticamente una serie de situaciones en las que se anudan ideas éticas, morales y políticas que pasan por ser modelos prácticos de nuestro presente ideológico. | ||
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| + | El cuadro ''El indígena'' forma parte de la serie que completa la exposición ''Andrés López de Medrano: imagen, tiempo y realidad'', conmemorativa del duocentésimo aniversario de la publicación de la obra de éste, ''Tratado de Lógica'' o ''Elementos de filosofía moderna destinados al uso de la juventud dominicana''. No ha sido concebido, por tanto, como un cuadro exento, sino que ha sido pensado para concatenarse con los otros: ''Medrano Time-Life'', ''La prensa en la Ilustración del s. XIX'', ''La España de ultramar'', ''La España peninsular'', ''Entre la escolástica y el sensualismo'' y ''Bio-cartografía de Andrés López de Medrano''. Desde el lugar que ocupa en el conjunto apreciamos cómo la América Hispana, en la que se resuelve el mapa-retrato de Medrano, se vuelve hacia sus ancestros precolombinos. | ||
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| + | La estampa del indígena, seguramente engalanado para una ceremonia tribal, que adivinamos configurada por los signos primitivos y las manchas abstractas que armoniosamente combinan el azul y el amarillo, podría muy bien evocar, fuera del contexto estromático en el que se inscribe, la nostalgia por una cultura desaparecida. Desde los supuestos del relativismo cultural, que no perdona a los españoles el haber truncado las culturas indígenas en su momento de juvenil apogeo, el nativo empenachado que intuimos sería símbolo a reivindicar como toma de conciencia indigenista que ve en los conquistadores meros depredadores y genocidas. | ||
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| + | Pero Ada Pérez no quiere caer en esa maquinación que considera el significado histórico del Descubrimiento y de la Conquista desde el único punto de vista de una moral subjetiva atenta solo a los aspectos psicológicos, lo cual a más de cinco siglos de distancia no es sino un proceder ridículo. La apreciación del significado histórico de ese período solo puede tener lugar en el plano de una cultura histórica objetiva. Y ahí es, donde los estromas representativos de Ada Pérez parece que nos quieren situar. | ||
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| + | En efecto, lo primero que llama la atención en los trazos y signos de la composición es que éstos aparecen disgregados, como queriendo ser metáfora de la falta de unidad interna de aquellos pueblos indígenas que hablando diferentes lenguas, adorando a diferentes dioses, teniendo distintas costumbres y maneras políticas no podían, en modo alguno, tener unos de otros una recíproca comunicación. Es por medio de la conquista española, latente en los otros cuadros del tapiz que forman la obra completa dedicada a Medrano, como comienzan a gestarse los principios de una unidad lingüística, jurídica, y religiosa. Y así el discurso pictórico de Ada Pérez, crítico contra quienes se empeñan hoy en mantener intactas las instituciones tribales, quiere subrayar, desde la distancia histórica, cómo las acciones emprendidas por los españoles llevaron, al cabo del tiempo, a una unidad cultural compatible con la mezcla genética propagada por toda la América Hispana ya firmemente consolidada institucionalmente en época de Medrano. Desde la segunda mitad del siglo XVIII en las principales ciudades de la América Española se establecieron organismos como las Sociedades Económicas de Amigos del País, que al igual que la Iglesia y las Universidades, contribuyeron a fortalecer esa unidad cultural común que ya había comenzado a gestarse. Por eso, lo que el «indígena» de Ada Pérez representa no es otra cosa que el reverso mismo que no vemos, esto es, la unidad social y cultural de la América hispana que ha de ponerse en el proceso mismo de constitución de unas relaciones entre las partes de América que se han mediado a través de España. La noción de Hispanidad, que tantas adherencias negativas tiene hoy, cabría reivindicarla precisamente en función de esas relaciones, que a través del español como idioma común siguen teniendo hoy plena vigencia. | ||
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Revisión de 18:45 27 mar 2018
Artista plástica. Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo (1987). Título de Psicóloga Especialista en Psicología Clínica (Secretaría de Estado de Universidades e Investigación. Ministerio de Educación y Ciencia, 2007), y Especialista en Intervención Social con Mujeres (COP de Madrid e Instituto de la Mujer, 2000-2001).
Con formación en Artesanía Textil (telar alto lizo), Pintura Experimental, Análisis Formal de la Pintura, Diseño Creativo Asistido por Ordenador, Litografía y Grabado. Y asistencia a diversos seminarios y jornadas de arte, como el Congreso Europeo de Estética, «Sociedades en crisis. Europa y el concepto de Estética» (Museo Nacional del Prado, Madrid, 2010).
A finales de los '80, con la obra Oficio de parcas, inicio una investigación plástica centrada en la relación entre la pintura y lo textil. Esto llevó a la revisión pictórica de algunos mitos de la tradición clásica griega y latina, resultando obras como Ariadna en el laberinto, Ariadna y Penélope se encuentran, Ariadna y Penélope vuelven de Nueva York, o Aracné en la oscuridad. Los últimos desarrollos son la serie «Estromas». Trabaja con materiales y pigmentos sencillos, de uso cotidiano, de deshecho o de fácil adquisición, que permiten pintar en casi cualquier lugar, además de los acrílicos, temperas y acuarelas. Básicamente maneja y adapta técnicas y prácticas pictóricas occidentales del siglo XX, incorporando productos y tecnologías actuales.
Con más de 20 años de experiencia profesional como psicóloga clínica, integrante del grupo de intervención psicológica en catástrofes y emergencias (desde sus inicios hasta 2012) y con experiencia como pintora y coordinadora de las producciones artísticas Cacho Sierra desde 1992, en la actualidad está interesada en ampliar el campo de actuación: 1) promocionando la realización de obras «a medida» y por encargo para particulares y coleccionistas, 2) promoviendo la aplicación de las tecnologías psicológicas en el ámbito artístico. Interviniendo tanto en la realización como en el asesoramiento directo a artistas, y demás agentes de instituciones públicas y privadas, para el diseño, desarrollo, organización y producción de proyectos.
| El indígena
Ada Pérez García se nos presenta como pintora materialista y por ello, si no la malinterpretamos, entendemos que sus cuadros, concebidos por ella misma como estromas, como configuraciones del mundo visible que se entretejen encubriendo otras realidades que quedan en el reverso, son representaciones que intentan triturar críticamente una serie de situaciones en las que se anudan ideas éticas, morales y políticas que pasan por ser modelos prácticos de nuestro presente ideológico. El cuadro El indígena forma parte de la serie que completa la exposición Andrés López de Medrano: imagen, tiempo y realidad, conmemorativa del duocentésimo aniversario de la publicación de la obra de éste, Tratado de Lógica o Elementos de filosofía moderna destinados al uso de la juventud dominicana. No ha sido concebido, por tanto, como un cuadro exento, sino que ha sido pensado para concatenarse con los otros: Medrano Time-Life, La prensa en la Ilustración del s. XIX, La España de ultramar, La España peninsular, Entre la escolástica y el sensualismo y Bio-cartografía de Andrés López de Medrano. Desde el lugar que ocupa en el conjunto apreciamos cómo la América Hispana, en la que se resuelve el mapa-retrato de Medrano, se vuelve hacia sus ancestros precolombinos. La estampa del indígena, seguramente engalanado para una ceremonia tribal, que adivinamos configurada por los signos primitivos y las manchas abstractas que armoniosamente combinan el azul y el amarillo, podría muy bien evocar, fuera del contexto estromático en el que se inscribe, la nostalgia por una cultura desaparecida. Desde los supuestos del relativismo cultural, que no perdona a los españoles el haber truncado las culturas indígenas en su momento de juvenil apogeo, el nativo empenachado que intuimos sería símbolo a reivindicar como toma de conciencia indigenista que ve en los conquistadores meros depredadores y genocidas. Pero Ada Pérez no quiere caer en esa maquinación que considera el significado histórico del Descubrimiento y de la Conquista desde el único punto de vista de una moral subjetiva atenta solo a los aspectos psicológicos, lo cual a más de cinco siglos de distancia no es sino un proceder ridículo. La apreciación del significado histórico de ese período solo puede tener lugar en el plano de una cultura histórica objetiva. Y ahí es, donde los estromas representativos de Ada Pérez parece que nos quieren situar. En efecto, lo primero que llama la atención en los trazos y signos de la composición es que éstos aparecen disgregados, como queriendo ser metáfora de la falta de unidad interna de aquellos pueblos indígenas que hablando diferentes lenguas, adorando a diferentes dioses, teniendo distintas costumbres y maneras políticas no podían, en modo alguno, tener unos de otros una recíproca comunicación. Es por medio de la conquista española, latente en los otros cuadros del tapiz que forman la obra completa dedicada a Medrano, como comienzan a gestarse los principios de una unidad lingüística, jurídica, y religiosa. Y así el discurso pictórico de Ada Pérez, crítico contra quienes se empeñan hoy en mantener intactas las instituciones tribales, quiere subrayar, desde la distancia histórica, cómo las acciones emprendidas por los españoles llevaron, al cabo del tiempo, a una unidad cultural compatible con la mezcla genética propagada por toda la América Hispana ya firmemente consolidada institucionalmente en época de Medrano. Desde la segunda mitad del siglo XVIII en las principales ciudades de la América Española se establecieron organismos como las Sociedades Económicas de Amigos del País, que al igual que la Iglesia y las Universidades, contribuyeron a fortalecer esa unidad cultural común que ya había comenzado a gestarse. Por eso, lo que el «indígena» de Ada Pérez representa no es otra cosa que el reverso mismo que no vemos, esto es, la unidad social y cultural de la América hispana que ha de ponerse en el proceso mismo de constitución de unas relaciones entre las partes de América que se han mediado a través de España. La noción de Hispanidad, que tantas adherencias negativas tiene hoy, cabría reivindicarla precisamente en función de esas relaciones, que a través del español como idioma común siguen teniendo hoy plena vigencia. Carmen Baños Pino |
