Alfonso XIII
Alfonso XIII (1886-1941) fue rey de España desde su nacimiento hasta la proclamación de la Segunda República en 1931. Hijo póstumo de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo, su reinado estuvo marcado por una regencia inicial bajo su madre hasta 1902, cuando asumió plenos poderes. Su gobierno se desarrolló en un contexto de inestabilidad política, crisis social y desafíos internacionales, que definieron su legado como monarca.
Durante su reinado, España enfrentó tensiones internas derivadas del sistema de la Restauración, basado en el turno de partidos liberal y conservador. Sin embargo, este modelo comenzó a desgastarse por la corrupción, el caciquismo y la creciente oposición de movimientos obreros, republicanos y nacionalistas. La Semana Trágica de 1909 en Barcelona y la crisis de 1917, con juntas militares y huelgas generales, evidenciaron la fragilidad del sistema político. Alfonso XIII, al intentar mediar entre facciones, fue acusado de intervenir excesivamente en asuntos gubernamentales, lo que debilitó su imagen de neutralidad.
En el ámbito internacional, el reinado de Alfonso XIII estuvo marcado por la pérdida de las últimas colonias en 1898, antes de su mayoría de edad, y por los conflictos en Marruecos. La Guerra del Rif, especialmente el Desastre de Annual (1921), generó una grave crisis política que culminó en el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923. Alfonso XIII respaldó la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), decisión que, aunque inicialmente estabilizó el país, lo asoció con un régimen autoritario y alienó a sectores democráticos.
La caída de la dictadura en 1930 y el descrédito de la monarquía llevaron a un rápido deterioro de su posición. Las elecciones municipales de abril de 1931, interpretadas como un plebiscito sobre la monarquía, dieron la victoria a las fuerzas republicanas en las principales ciudades. Alfonso XIII, ante la falta de apoyo militar y político, optó por exiliarse sin abdicar formalmente. Se instaló en Roma, donde vivió hasta su muerte en 1941. Su exilio marcó el fin de la monarquía borbónica hasta su restauración en 1975 bajo Juan Carlos I.
El reinado de Alfonso XIII es objeto de debate histórico: algunos lo ven como un monarca bienintencionado pero superado por las circunstancias, mientras que otros critican su falta de visión para adaptar la monarquía a los cambios democráticos. Su legado refleja las tensiones de una España en transición hacia la modernidad, atrapada entre tradición y revolución.