«Asturias: arte, patrimonio industrial y gastronomía»
Desde mediados del siglo XIX los yacimientos de las dos cuencas carboníferas más importantes de Asturias, la del Nalón y la del Caudal, generó una impresionante infraestructura productiva formada por infinidad de pozos subterráneos con las consiguientes estructuras y servicios de superficie, como los castilletes de extracción, las salas de máquinas, lampisterías, casas de aseo, edificios administrativos, así como todo un entramado de carreteras, vías férreas e infraestructuras portuarias para el transporte del mineral –cabe recordar que el cuarto ferrocarril más antiguo de España fue la línea Langreo-Gijón, inaugurada en su primer tramo en 1852.
En paralelo al desarrollo de la minería, en este mismo periodo se consolidó una potente industria siderúrgica, cuyo máximo exponente fue la inicialmente denominada Sociedad Regular Colectiva Duro y Compañía, fundada en 1858 por el empresario Pedro Duro y posteriormente denominada Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera, que llegaría a ser en el siglo XX el principal conglomerado minero-siderúrgico de todo el territorio nacional.
La huella física, histórica, social y cultural de todo el esfuerzo colectivo que supuso el desarrollo de esta ingente actividad a lo largo del tiempo es un gran patrimonio de Asturias, que afortunadamente se ha ido poco a poco recuperando y poniendo en valor. La primera iniciativa en este sentido nació con la creación del Museo de la Minería y de la Industria de Asturias (MUMI), en 1994. Situado en la localidad de El Entrego sobre la antigua escombrera del pozo San Vicente, de gran importancia histórica por ser la única mina gestionada, desde 1926 hasta la Guerra Civil, por el Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA).
Surgió con la finalidad tanto de preservar los restos materiales de las explotaciones mineras que se habían ido abandonando durante la década anterior, como de crear un discurso museográfico que integrara los múltiples aspectos de la actividad minera e industrial en Asturias. En el subsuelo del museo hay un conjunto de galerías que reproduce una mina real con sus particulares condiciones ambientales, donde los visitantes pueden ver la evolución de los sistemas de extracción y transporte del carbón bajo tierra, y las duras y peligrosas labores que llevaban a cabo los trabajadores en las minas.
Con el paso de los años, al pionero MUMI se han ido sumando otros equipamientos museísticos, como el Museo de la Siderurgia (MUSI), ubicado en una torre de refrigeración del antiguo complejo industrial Duro-Felguera en La Felguera (Langreo), y de recuperación del patrimonio arqueológico minero-industrial, como el Ecomuseo del Valle de Samuño; el Centro de Experiencias y Memoria de la Minería (CEMM), en el pozo Sotón, en el concejo de San Martín del Rey Aurelio; el Centro de Interpretación del Poblado Minero de Bustiello, en el valle del Turón, o el Museo de la Mina de Arnao, en la comarca de Avilés, la primera de toda la minería asturiana en la que se utilizó un sistema de extracción de pozo vertical y la única de España con galerías submarinas.
Otro enclave singular relacionado con la actividad minera en Asturias es el puerto carbonero de San Esteban de Pravia, situado en la margen izquierda del río Nalón, muy cerca de su desembocadura. Su creación data de principios del siglo XX, cuando la Sociedad General de Ferrocarriles Vasco-Asturiana construyó un ferrocarril de vía estrecha para transportar el carbón desde la cuenca del Caudal hasta San Esteban de Pravia, donde era embarcado con destino a los Altos Hornos de Vizcaya. En 2005, este patrimonio fue recuperado y ahora constituye un auténtico museo al aire libre que recobra la memoria de lo que fue un verdadero hito tecnológico en su época.
Pero al margen de la recuperación de los vestigios materiales, la historia de la minería asturiana quedaría incompleta sin la mención explícita a los hombres que, a lo largo del tiempo, con su trabajo convirtieron el potencial que ofrecían los yacimientos carboníferos en una fuente de riqueza y desarrollo económico y social. Miles de ellos, además, dejaron sus vidas en las entrañas de la tierra, y a ellos se han dedicado, hasta hoy, dos memoriales, uno en el valle del Turón, y otro en el pozo Sotón, en un más que merecido acto de reconocimiento y justicia.
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