Sigerico

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Sigerico, siglo VIII.

Hijo de Fruela, hermano de Alfonso I. Es citado en una carta del año 862.

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SIGERICO, REY VISIGODO. INTRODUCCIÓN. Monarca Visigodo que gobernó durante siete días en el año 415. Tras el asesinato de Ataúlfo, por un asesino al servicio del general Sacro, quien había sido dejado asesinar anteriormente por Ataúlfo y era el hermano de Sigerico, se generó una lucha por el control del trono entre Sigerico y Walia, hermano de Ataúlfo, ganando en un principio Sigérico.


Sigerico, había reunido a los nobles descontentos por la progresiva romanización de la clase dirigente de su pueblo, y apoyado por todos aquellos que veían con malos ojos el abandono de las viejas costumbres visigodas y su sustitución por las romanas creando en el seno de la aristocracia nobiliaria un partido pregótico; sin comprender que era imposible que un pueblo que pretendía imponer su dominio sobre gran parte del Imperio de Occidente continuase rigiéndose por las viejas instituciones políticas tribales que, siglos atrás, habían caracterizado a los godos.; no comprendiendo esto, sin embargo, organizo la conjura que llevo al asesinato de Ataúlfo y a su elección como monarca de los visigodos. Cebrián, señala respecto al acceso al poder de Sigerico: “Muchos lloraron la desaparición de Ataúlfo, no en vano lo habían seguido por buena parte del territorio europeo y con él habían llegado a la provincia más occidental de Imperio Romano. En principio, Ataúlfo había pensado en la creación de un reino cuyo nombre sería Gotia, pero, como vemos, por el momento no sería posible. Parece que sus intentos a la hora de establecer lazos de amistad con Roma resultaron infructuosos. Su muerte lo cubría todo y había llegado la hora para un nuevo rey, el primero de los visigodos proclamado como tal en tierras de Hispania. Sigerico no era tan diplomático como Ataúlfo. El sanguinario monarca fue nombrado por los nobles más beligerantes con los intereses romanos, por lo que todo parecía abocado a una terrible guerra. El primer edicto ordenado por el rey Sigerico nos habla de la oscura personalidad de este polémico líder: en el documento se condenaba a muerte a los seis hijos de Ataúlfo. Con ello Sigerico esperaba librarse de futuros e incómodos pretendientes al trono. Una vez cumplida la injusta condena, se volvió sobre Gala Placidia, a quien muchos acusaban de ser la culpable de la blandura mostrada por el rey Ataúlfo. La reciente viuda fue humillada e insultada delante del populacho. Además, se la sometió a múltiples castigos; uno de ellos consistió en caminar junto a las esclavas durante más de 24 kilómetros, siempre bajo la atenta mirada del rey Sigerico que la seguía amenazante a lomos de su caballo unos pocos metros más atrás. Terminada la marcha, Gala Placidia caía al suelo agotada, entre las risas de la guardia personal del temible rey. Gala, que apenas contaba veinticinco años, ya albergaba experiencias tan distintas como las de ser princesa imperial de Roma, rehén de los bárbaros, reina de los mismos y ahora torturada y preparada para ser asesinada o enviada a Roma a cambio de prebendas par alos visigodos. Además, sabía lo que era perder un hijo. No obstante, pronto llegarían mejores vientos para Gala Placidia”.

El rey Sigerico ordenó la reunión de todo el ejército para empezar a organizar la campaña contra Roma. Se calcula que los visigodos que entraron a Hispania no eran muy numerosos, su cifra podía rondar los 200.000, casi tantos como los suevos, vándalos y alanos que habían llegado unos años antes. Por tanto, tenemos unos 400.000 bárbaros asentados en medio de una población hispano romana compuesta por unos cinco millones de habitantes. Ocurre que los pueblos bárbaros basaban su forma de vida en la guerra y las conquistas, por eso no es de extrañas que la cuarta parte de la población nárnara siempre estuviera movilizada y dispuesta para el combate. Así, el ejército visigodo superaba ampliamente los 50.000 efectivos, lo que para el año 415 era mucho poder. Sigerico estaba confiado ante lo temible de su tropa y esperaba conseguir, gracias a esos guerreros, muchas victorias frente a los débiles romanos. Electo rey de los godos por ser de la sangre real, pariente muy cercano de Ataúlfo , y porque se prometían de su valor y de su aborrecimiento a los romanos que sustentaría la guerra contra ellos, pues aunque la corona que ponían en sus sienes estaba recién teñida de la sangre de su antecesor, se le reprochaba que no pactara tratados de paz con los romanos, se envolvió en ellos, ó por acomodarse al tiempo, o viendo la buena fortuna con que Constancio, general del emperador Honorio, dominaba las provincias rebeldes, ó ya porque, hallándose con muchos hijos, juzgaba que los podría mejor acomodar en la paz por mando de Honorio que en la guerra. Pero no todos querían mantener sus hostilidades con el Imperio. Por ejemplo, los afines al linaje baltingo de Alarico y Ataúlfo no querían bajo ningún concepto seguir guerreando con quienes ellos pensaban firmar seguros acuerdos de convivencia. Por otra parte, estos visigodos no aceptaban a Sigerico como rey, de él decían que no era más que un usurpador asesino, por eso defendían la posición de Walia. al que consideraban el auténtico heredero de Ataúlfo. No obstante, no se podía dar marcha atrás al reloj de la Historia y, a la semana de su encumbramiento, Sigerico perecía víctima de una conjura de los partidarios de un entendimiento con Roma y como otros autores indican, en manos del partido progotico . En definitiva, como lo señala Cabrian: “Fue muerto por los seguidores de Walia y lo cierto es que nadie discutió la elección de este. La semana de terror y crueldad que Sigerico había dado a su pueblo bastó para que su desaparición fuera más que aplaudida. Gala Placidia respiró aliviada, pues Walia siempre declaró su admiración y cariño por la romana”.

Empezaban, pues, a apuntarse dos de las características de la posterior evolución política de las gentes visigodas. Una de ellas sería la nunca insalvable oposición entre los partidarios de las viejas formas de organización política y social godas y los que aceptaban, como más adecuadas a los nuevos tiempos y a las condiciones objetivas que ellos comportaban, muchas de las formas sociales, políticas y administrativas romanas. La segunda, muy relacionada con la anterior, sería la forma violenta de dirimir sus diferencias entre los partidarios de ambas tendencias, que se traduciría en frecuentes regicidios por parte de los miembros de una u otra tendencia, es decir, en lo que se ha venido en denominar el «morbo gótico».

Al parecer, tras la muerte del patético Sigerico, llegaban nuevos tiempos para el pueblo visigodo, ahora bajo los designios del joven rey Walia, continuador legítimo del linaje baltingo. Todo volvía a la normalidad, o así parecía, pero nuevos retos llegaban para los godos occidentales; si querían estar a bien con Roma debían cumplir con una misión: la expulsión de los pueblos bárbaros de Hispania.