Diferencia entre revisiones de «Principado de Asturias»

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Los enfrentamientos entre los concejos, el poder real y la familia Quiñones comienzan con Diego Quiñones de Aller, Merino Mayor de Asturias y consejero de Enrique III. El padre Luis Alfonso de Carvallo refiere que la ciudad de Oviedo se negó a pagarle la merindad al no residir allí ni cumplir con sus funciones; este incidente se salva con el nombramiento de un representante del noble. Pero Quiñones de Aller pretendió también apoderarse de la villa de Avilés por la fuerza, logrando su servidor Gonzalo Fernández de Pajares tomar el alcázar; pero al no respetar el de Quiñones los fueros de la ciudad  se produce un alzamiento dirigido por Martín de las Alas y Pedro de Valdés que logra expulsar a los hombres del noble.  
 
Los enfrentamientos entre los concejos, el poder real y la familia Quiñones comienzan con Diego Quiñones de Aller, Merino Mayor de Asturias y consejero de Enrique III. El padre Luis Alfonso de Carvallo refiere que la ciudad de Oviedo se negó a pagarle la merindad al no residir allí ni cumplir con sus funciones; este incidente se salva con el nombramiento de un representante del noble. Pero Quiñones de Aller pretendió también apoderarse de la villa de Avilés por la fuerza, logrando su servidor Gonzalo Fernández de Pajares tomar el alcázar; pero al no respetar el de Quiñones los fueros de la ciudad  se produce un alzamiento dirigido por Martín de las Alas y Pedro de Valdés que logra expulsar a los hombres del noble.  
  
El primogénito de Quiñones de Aller, Pedro de Quiñones, señor de Luna, trato de capitalizar el rechazo de los asturianos al condestable Álvaro de Luna para controlar toda la región. Hermano de éste fue el conocido Suero de Quiñones; ambos protagonizarán un enfrentamiento abierto con la Corona. La autoridad real buscaba limitar el poder de los señoríos, por lo que [[Juan II]] encomienda al príncipe de Asturias don Enrique hacerse con los mayorazgos asturianos que estuviesen ocupados indebidamente. El príncipe cursa la orden reuniendo a los concejos en una asamblea en el [[Monasterio de San Francisco]] de Oviedo en 1444 que acataba formalmente, por vez primera, la autoridad del Príncipe de Asturias. Los ejecutores elegidos para reducir a los Quiñones serán los capitanes Fernando de Valdés, Gonzalo Rodríguez de Argüelles y Juan Pariente de Llanes. Topándose con más dificultades de las previstas deciden convocar una junta de hidalgos en Avilés, villa fiel al rey, para organizar la oposición a los Quiñones, en la que se acuerda jurar lealtad al rey siempre y cuando éste se comprometiese a ejercer directamente la jurisdicción sobre las tierras de los Quiñones, no enajenándolas ni devolviéndoselas a sus descendientes.
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El primogénito de Quiñones de Aller, Pedro de Quiñones, señor de Luna, trato de capitalizar el rechazo de los asturianos al condestable Álvaro de Luna para controlar toda la región. Hermano de éste fue el conocido Suero de Quiñones; ambos protagonizarán un enfrentamiento abierto con la Corona. La autoridad real buscaba limitar el poder de los señoríos, por lo que [[Juan II]] encomienda al príncipe de Asturias don Enrique hacerse con los mayorazgos asturianos que estuviesen ocupados indebidamente. El príncipe cursa la orden reuniendo a los concejos en una asamblea en el [[Monasterio de San Francisco]] de Oviedo en [[Año 1444|1444]] que acataba formalmente, por vez primera, la autoridad del Príncipe de Asturias. Los ejecutores elegidos para reducir a los Quiñones serán los capitanes Fernando de Valdés, Gonzalo Rodríguez de Argüelles y Juan Pariente de Llanes. Topándose con más dificultades de las previstas deciden convocar una junta de hidalgos en Avilés, villa fiel al rey, para organizar la oposición a los Quiñones, en la que se acuerda jurar lealtad al rey siempre y cuando éste se comprometiese a ejercer directamente la jurisdicción sobre las tierras de los Quiñones, no enajenándolas ni devolviéndoselas a sus descendientes.
  
 
Sin embargo, los documentos fundacionales sugieren una explicación alternativa: parece que el Principado de Asturias se funda con el objetivo de trasladar el origen de la Monarquía española (entonces denominada castellana) a la monarquía ovetense originaria, un origen que convierte a la española en la monarquía más antigua de Europa, por encima de la inglesa o la francesa, que habían establecido el Principado de Gales y el Delfinado como instituciones sucesorias. De hecho, la revuelta nobiliaria producida en Asturias es contemporánea de las pretensiones del duque de Lancaster, casado con Constanza, hija de Pedro I, de ocupar el trono castellano, con lo que una forma de regular la sucesión de la Corona, frente a pretendientes oportunistas, sería la creación de la institución del Principado de Asturias. De hecho, existe un albalá real de Juan I en el que declara que «todas las ciudades y villas y lugares de Asturias de Oviedo fuesen mayorazgo para los príncipes de Castilla y León así como era y es el Delfinazgo en Francia, y que no se diesen ni pudiesen dar [...]». Por lo tanto, las razones de fundación del Principado de Asturias han de entenderse no sólo basándose en los conflictos internos, sino en la aspiración del Duque de Lancaster o Alencastre al trono español y al peso que la tradición concedía al Reino de Oviedo en su formación del Reino de Castilla, posteriormente España.
 
Sin embargo, los documentos fundacionales sugieren una explicación alternativa: parece que el Principado de Asturias se funda con el objetivo de trasladar el origen de la Monarquía española (entonces denominada castellana) a la monarquía ovetense originaria, un origen que convierte a la española en la monarquía más antigua de Europa, por encima de la inglesa o la francesa, que habían establecido el Principado de Gales y el Delfinado como instituciones sucesorias. De hecho, la revuelta nobiliaria producida en Asturias es contemporánea de las pretensiones del duque de Lancaster, casado con Constanza, hija de Pedro I, de ocupar el trono castellano, con lo que una forma de regular la sucesión de la Corona, frente a pretendientes oportunistas, sería la creación de la institución del Principado de Asturias. De hecho, existe un albalá real de Juan I en el que declara que «todas las ciudades y villas y lugares de Asturias de Oviedo fuesen mayorazgo para los príncipes de Castilla y León así como era y es el Delfinazgo en Francia, y que no se diesen ni pudiesen dar [...]». Por lo tanto, las razones de fundación del Principado de Asturias han de entenderse no sólo basándose en los conflictos internos, sino en la aspiración del Duque de Lancaster o Alencastre al trono español y al peso que la tradición concedía al Reino de Oviedo en su formación del Reino de Castilla, posteriormente España.

Revisión actual del 00:11 19 nov 2016

Escritura de fundación del Principado de Asturias

Orígenes

El origen del Principado de Asturias se remonta a la época de conflicto entre los nobles asturianos de la casa de Trastámara y la monarquía castellana. La inestabilidad política de la Castilla del siglo XIV se dejaría sentir especialmente en Asturias por ser Enrique de Trastámara, bastardo de Alfonso XI, ahijado y heredero de Rodrigo Álvarez de las Asturias. Al contraer matrimonio Enrique en Sevilla, 1350, sin el consentimiento de su hermanastro Pedro I, hubo de refugiarse en sus señoríos asturianos. El padre Carvallo, basándose en el Memorial del abad don Diego, cuenta que Enrique pensó en apoderarse de Oviedo, gobernada en ese momento por Diego Fernández de Oviedo, quien le ofreció alojarse en las torres de la ciudad con la idea de caer sobre él con su gente y encarcelarlo para entregárselo al Rey. Apercibido Enrique de las intenciones del gobernador, buscó refugio en su casa fuerte de Noreña, marchando después a Gijón, donde esperó a Pedro I para solicitar su perdón. Es posible sin embargo que Enrique protagonizase alguna acción violenta, a tenor de un diploma conservado en el Archivo de la Catedral, datado en 1352, que da cuenta de la donación de un solar ocupado por una casa que habría sido destruida por Enrique. Enrique de Trastámara conseguirá finalmente convertirse en Enrique II al derrotar y dar muerte a su hermanastro en el Castillo de Montiel (Se ponía así fin a una disputa sucesoria que acabó convirtiéndose en un apéndice de la Guerra de los Cien Años al intervenir Inglaterra y Francia en apoyo de Pedro I y de Enrique respectivamente).

Asturias vuelve a convertirse en escenario de conflictos bélicos pocos años después de consumado el cambio dinástico, de la mano de Alfonso Enríquez, conde de Noreña e hijo ilegítimo de Enrique II. Alfonso Enríquez hereda de su padre el señorío de Noreña y otras posesiones Asturianas, desde ellas se sublevará en repetidas ocasiones contra su hermanastro Juan I y contra su sobrino Enrique III. Su última revuelta tendrá lugar en 1394: Alfonso logró controlar Oviedo dejando allí a partidarios suyos mientras él permanecía en el barrio de la Vega, el Doliente manda entonces desde León a varios caballeros asturianos que recuperaron la plaza obligando a Alfonso a buscar refugio en Gijón. El padre Carvallo se ocupa también de este episodio, sirviéndose de nuevo del Memorial del abad Don Diego, y cuenta como los vecinos Oviedo, habiendo acogido a Alfonso, al saber que sus intenciones era rebelarse contra el rey se soliviantan y marchan contra la fortaleza de la Vega en que se encontraba el conde, obligándolo a huir. Precisamente para hacer frente a los atropellos de este conde de Noreña se crea una asamblea formada por representantes de los diversos concejos de Asturias, de la Iglesia y varios próceres. Finalmente, en el año 1388, Juan I fundaría el Principado de Asturias para afianzar su dominio sobre las tierras asturianas.

El futuro Enrique II, hijo bastardo de Alfonso XI, es prohijado por el Conde de Trastámara Rodrigo Álvarez de Asturias y se enfrenta a su hermano Pedro I, conflicto mantenido posteriormente por el hijo bastardo de Enrique II, D. Alfonso Enríquez (1381-1383). A la muerte de Alfonso Pedro I el Cruel impone la medida de ir eliminando a todos sus hermanastros. En otro contexto, Pedro I está en guerra con Pedro IV, Rey de Aragón, aliado con Enrique de Trastámara y con el caballero francés Beltrán Duguesclin, y en esta guerra civil es proclamado Enrique rey en varias ciudades castellanas y coronado en Las Huelgas en 1366. Con Pedro I acorralado, es víctima de una traición en la que es degollado por su hermano Enrique, que ocupará finalmente el trono. Finalmente, Juan I, con el objeto de pacificar el territorio y afianzar el poder real, funda en 1388 la institución del Principado de Asturias, que aún hoy perdura, frenando con este privilegio las ansias independentistas de los nobles asturianos.

Este periodo ha merecido un detallado estudio por parte de Margarita Cuartas Rivero en su obra Oviedo y el Principado de Asturias a fines de la Edad Media. La sociedad ovetense no cambia especialmente con respecto al siglo anterior, aunque debe destacarse, en el marco del ascenso de la nobleza terrateniente como consecuencia de las Mercedes Enriqueñas, la influencia creciente de diversas familias nobiliarias como los Argüelles, de la Rúa..., generalmente encuadradas en el partido de uno de los dos linajes que controlan la política asturiana: los Quirós y los Miranda. Mención especial merece la preponderancia social, también a raíz de las recompensas que Enrique II otorga a sus fieles, que alcanzan los Quiñones. Pedro Suárez de Quiñones y Arias Pérez de Quiñones, hijos del noble Suero de Quiñones, muerto en la batalla de Nájera donde luchaba del lado de Enrique, reciben de éste el nombramiento de adelantado Mayor de León y Merino de Asturias y los señoríos de Tineo, Cangas del Narcea y Allande, respectivamente. Estas posesiones se verían ampliadas en tiempos de Enrique III al cederles este monarca las posesiones enajenadas a Alfonso Enríquez en represalia por su rebeldía, que comprendían Llanes, Ribadesella, Noreña, Siero, Avilés, Pravia, Grado, Somiedo, Tineo, Cangas del Narcea, Navia y Allande en Asturias, y Laciana, Ribadesil, Puebla de Lillo y Gordón en León.

Los enfrentamientos entre los concejos, el poder real y la familia Quiñones comienzan con Diego Quiñones de Aller, Merino Mayor de Asturias y consejero de Enrique III. El padre Luis Alfonso de Carvallo refiere que la ciudad de Oviedo se negó a pagarle la merindad al no residir allí ni cumplir con sus funciones; este incidente se salva con el nombramiento de un representante del noble. Pero Quiñones de Aller pretendió también apoderarse de la villa de Avilés por la fuerza, logrando su servidor Gonzalo Fernández de Pajares tomar el alcázar; pero al no respetar el de Quiñones los fueros de la ciudad se produce un alzamiento dirigido por Martín de las Alas y Pedro de Valdés que logra expulsar a los hombres del noble.

El primogénito de Quiñones de Aller, Pedro de Quiñones, señor de Luna, trato de capitalizar el rechazo de los asturianos al condestable Álvaro de Luna para controlar toda la región. Hermano de éste fue el conocido Suero de Quiñones; ambos protagonizarán un enfrentamiento abierto con la Corona. La autoridad real buscaba limitar el poder de los señoríos, por lo que Juan II encomienda al príncipe de Asturias don Enrique hacerse con los mayorazgos asturianos que estuviesen ocupados indebidamente. El príncipe cursa la orden reuniendo a los concejos en una asamblea en el Monasterio de San Francisco de Oviedo en 1444 que acataba formalmente, por vez primera, la autoridad del Príncipe de Asturias. Los ejecutores elegidos para reducir a los Quiñones serán los capitanes Fernando de Valdés, Gonzalo Rodríguez de Argüelles y Juan Pariente de Llanes. Topándose con más dificultades de las previstas deciden convocar una junta de hidalgos en Avilés, villa fiel al rey, para organizar la oposición a los Quiñones, en la que se acuerda jurar lealtad al rey siempre y cuando éste se comprometiese a ejercer directamente la jurisdicción sobre las tierras de los Quiñones, no enajenándolas ni devolviéndoselas a sus descendientes.

Sin embargo, los documentos fundacionales sugieren una explicación alternativa: parece que el Principado de Asturias se funda con el objetivo de trasladar el origen de la Monarquía española (entonces denominada castellana) a la monarquía ovetense originaria, un origen que convierte a la española en la monarquía más antigua de Europa, por encima de la inglesa o la francesa, que habían establecido el Principado de Gales y el Delfinado como instituciones sucesorias. De hecho, la revuelta nobiliaria producida en Asturias es contemporánea de las pretensiones del duque de Lancaster, casado con Constanza, hija de Pedro I, de ocupar el trono castellano, con lo que una forma de regular la sucesión de la Corona, frente a pretendientes oportunistas, sería la creación de la institución del Principado de Asturias. De hecho, existe un albalá real de Juan I en el que declara que «todas las ciudades y villas y lugares de Asturias de Oviedo fuesen mayorazgo para los príncipes de Castilla y León así como era y es el Delfinazgo en Francia, y que no se diesen ni pudiesen dar [...]». Por lo tanto, las razones de fundación del Principado de Asturias han de entenderse no sólo basándose en los conflictos internos, sino en la aspiración del Duque de Lancaster o Alencastre al trono español y al peso que la tradición concedía al Reino de Oviedo en su formación del Reino de Castilla, posteriormente España.

El Principado de Asturias a lo largo de la Historia

Casa Trastámara

Los Príncipes de Asturias, en tanto que herederos al trono castellano, fueron jurados durante el final del siglo XIV y todo el siglo XV con un ceremonial muy cuidado, donde era necesario que las Cortes de Castilla diesen el visto bueno a tal juramento. La llamada «Farsa de Ávila», en que los nobles proclamaron rey al infante don Alfonso, provocó una guerra civil entre éste y su hermano Enrique IV. El conde de Luna es enviado por Alfonso para combatir a don Juan de Acuña, conde de Valencia de don Juan, que había tomado la fortaleza de Oviedo y otras plazas del Principado en nombre de Enrique. El conde de Luna cercó Oviedo a finales de enero de 1466, logrando rendirla en junio, fechas conocidas a través de las cuentas de Juan de Oviedo conservadas en el Archivo de Simancas. A la muerte del infante en 1468, se produjo una guerra civil entre Juana la Beltraneja e Isabel la Católica, se comprobó la importancia de la institución del Principado de Asturias, nombrando ambos partidos un Príncipe de Asturias como heredero e incluso rey por breve período.

Casa de Austria

Con la llegada al trono español de la Casa de Austria, la jura del Príncipe de Asturias se mantuvo aunque con cambios que la desprestigiaron: ya no se realizaba ante las Cortes castellanas, y se apresuraba, jurándose incluso con el nacimiento o no jurándose de forma explícita, como sucedió con Carlos II. Autores como Juan Pérez de Guzmán en 1880 señalan como causa el absolutismo que negaba las instituciones populares, viendo en las Cortes de Castilla el origen de las constituciones liberales del siglo XIX, un argumento un tanto anacrónico que sin embargo le permite entroncar con la tradición histórica la monarquía parlamentaria de la segunda mitad del siglo XIX.

Casa de Borbón

Los Borbones no eliminaron la tradición aunque la dejaron también en situación marginal. Impusieron la ley Sálica en auto acordado de 10 de Mayo de 1713, de tal modo que sólo los hijos varones podían ostentar el título de Príncipes. Con la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia, José Bonaparte no pensó en mantener la institución, pero la victoria española repuso a Fernando VII, quien tras múltiples avatares (Trienio Liberal, Ominosa Década) eliminó la Ley Sálica al aplicar, el 31 de Marzo de 1830, la pragmática ya promulgada por las Cortes en 1779, coincidiendo con el nacimiento de la futura Isabel II, que fue nombrada Princesa de Asturias. La oposición del hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, provocó el estallido de las guerras carlistas.

Restauración y República

A partir de entonces, la institución se mantuvo sin la Ley Sálica y con un carácter nominal por la caída del Antiguo Régimen, siendo María Isabel de Borbón y Borbón y Alfonso XII de Borbón y Borbón sus continuadores hasta el golpe militar de Prim de 1868 que obligó a exiliarse a Isabel II. Pero ni siquiera el brevísimo cambio de dinastía con Amadeo I de Saboya eliminó la institución, pues su hijo Manuel Filiberto de Saboya y Dalpozzo ostentó el título de Príncipe de Asturias de 1871 a 1873; los diez breves meses de I República no impidieron la continuidad institucional: ya en la Restauración, un Real Decreto de 22 de Agosto de 1880 aparecido en la Gaceta de Madrid confirmaba la vigencia del título y aunque a la muerte de Alfonso XII su hijo Alfonso XIII nació como Rey, único caso que se ha producido en toda la Historia, su hermana María de las Mercedes de Borbón y Borbón y su hijo Alfonso de Borbón y Battenberg sí ostentaron la dignidad tradicional de los sucesores a la Corona de España, sólo cuestionada con la II República y la renuncia voluntaria con el consiguiente exilio de Alfonso XIII.

Recuperación en la democracia coronada de 1978

Con la renuncia de Alfonso de Borbón y Battenberg en 1933 para casarse con una plebeya, y al no poder ser jurado como Príncipe de Asturias su hermano Don Juan, padre de Juan Carlos I (Alfonso XIII no era rey constitucional de España), la institución pareció declinar pero no cayó en el olvido: Francisco Franco nombró a Juan Carlos I Príncipe de España antes de ocupar el trono y la institución del Principado de Asturias fue recuperada al ser jurado como Príncipe de Asturias su hijo Felipe de Borbón y Grecia en 1977. A su alrededor se constituyó un aparato institucional simbolizado en la Fundación Príncipe de Asturias (1980), que otorga los Premios Príncipe de Asturias desde el año 1981 de manos del heredero a la corona española. Felipe de Borbón juró la Constitución al cumplir la mayoría de edad en 1986 y aseguró la continuidad de la monarquía por medio de su matrimonio con Leticia Ortiz Rocasolano el 22 de mayo de 2004 en la Catedral de la Almudena de Madrid.

Entradas relacionadas

Bibliografía