Obispo Pelayo

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El Obispo don Pelayo con dos ministros

Pelayo, obispo de Oviedo, elegido el año 1101, depuesto en 1130. Falleció el 28 de enero de 1153.

Se desconocen muchos datos de vida de este importante personaje de la Historia de Oviedo, entre ellos el lugar de su nacimiento. Se sabe con certeza, por ejemplo, que en 1098 recibió la consagración episcopal como auxiliar de Martín I, el titular, en aquel momento, de la sede de Oviedo. Se caracterizó por la defensa de los intereses territoriales de la diócesis de Oviedo y así, en 1104, le encontramos pleiteando junto al obispo de León en Roma, frente al gran arzobispo de Toledo, Bernardo, que pretendía incorporar a su jurisdicción las diócesis de Oviedo, León y Palencia. El Papa Pascual II concedería en esta ocasión (1105) el privilegio de exención para sus sedes.

El obispo Don Pelayo, tiene una gran significación para el estudio de la historiografía del reino de Oviedo. De su «oficina» salió el Corpus Pelagianus, cuya parte principal está compuesta por el Liber Chronicorum, donde se encuentran copiadas la mayoría de las Crónicas compuestas anteriormente, como la Historia Gothorum, la Historia Universal de S. Isidoro, la Crónica a Sebastián y la de Sampiro. Compuso además una crónica original, que lleva su nombre y que continúa las anteriores, donde se encuentran sintetizadas y subrayadas todas las características de la historiografía medieval: providencialismo, moralismo histórico; e instrumentalización de la nobleza frente a los intereses de la Iglesia (agustinismo político).

El hipercriticismo de diversos autores (i.e. Lucien Barrau-Dihigo) ha cargado las tintas contra la labor historiográfica de Pelayo, tachándole de falsario, fabuloso e interpolador, de forma no siempre justificada. La obra que ha hecho más célebre al obispo Pelayo ha sido el Libro de los Testamentos donde el prelado ovetense recogió todos los documentos relacionados con la situación jurídica, la historia y las posesiones de su diócesis. La importancia de esta obra no reside sólo en ser un importante conjunto de documentos jurídicos, sino que además se encuentran enriquecidos con finas miniaturas que están consideradas las mejores del románico español, constituyendo estas imágenes por si mismas un auténtico tesoro.

Casi con toda seguridad, fue depuesto en 1130, en el Concilio de Carrión, por motivos políticos (oposición a la validez de la boda entre Alfonso VII y Berenguela) junto con los obispos de León y Salamanca y el abad de Samos.

A pesar de su destitución siguió viviendo en Oviedo, donde se le siguió llamando obispo. Tenía preparadas sus pompas fúnebres en Oviedo y se había reservado un espacio en la catedral para ser enterrado. Sin embargo la muerte le sorprendió durante un viaje en Santillana del Mar en el año 1153, siendo allí donde se le dio sepultura.



Predecesor:
Martín
Obispo de Oviedo
1101-1130
Sucesor:
Alfonso