Fábrica de Armas de Trubia

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Fábrica Nacional de Cañones de Trubia en 1914

Antes de 1794, las fábricas reales de municiones se encontraban en el País Vasco pero la guerra contra los franceses hizo patente lo inadecuado del emplazamiento, dada la cercanía de la frontera con Francia: en el año citado las tres factorías vascas fueron destruidas. Ello llevó al gobierno de Carlos IV a buscar una nueva ubicación eligiendo Trubia por razones estratégicas y por la cercanía de minas para su abastecimiento. Nació entonces la conocida, en aquel tiempo, como Real Fábrica de Municiones y Armas portátiles, especializada en objetos suntuarios y armamento, estableciéndose entre 1794 y 1796. Es el testimonio más temprano de la industrialización asturiana. Posteriormente se abrió la Fábrica de Armas de Oviedo y en 1808 la fábrica de Trubia se convirtió en sucursal de la de Oviedo.

La fábrica, en sus primeros tiempos, contaba con unos altos hornos de carbón, talleres, forjas y, dentro del mismo recinto cercado, siguiendo el modelo de fábrica-poblado autosuficiente, las casas de los militares, las viviendas de los obreros con sus huertos y una capilla. De estas construcciones hoy día no quedan restos puesto que fueron destruidas en posteriores reformas.

En 1808 cesó su producción ante la entrada en Asturias de las tropas francesas que tenían como uno de sus principales objetivos la devastación de esta fábrica, provocando la huida de muchos militares y obreros. El parón duró hasta 1844.

Se ocupó de la reapertura Francisco Antonio Elorza y Aguirre, director de la fábrica hasta 1867, dándole un extraordinario empuje. Diversificó la producción con la elaboración de cañones y piezas de hierro colado, ornamentos y bustos y estatuas. Duplicó el suelo fabril donde levantó unos nuevos altos hornos y talleres. Junto a los desaparecidos talleres de Príncipe Alfonso y de fundición de cañones, se construyó el de Artillería, a finales de la década de los cuarenta del siglo XIX. Éste, de estilo isabelino, destaca por sus grandes arcadas de medio punto y cubierta de chapa de hierro. Se abrió, además, una sala de dibujo y la primera escuela de aprendices de España. Igualmente, Elorza se ocupó de una serie de infraestructuras importantes para el desarrollo de la fábrica: un puente sobre el río Nalón y otro sobre el Trubia y varios caminos carreteros para el abastecimiento de coque y hierro. También se construyeron en este período cuarteles para operarios, pabellones para oficiales, el palacio del director, un cementerio, cantina, paseos arbolados, jardines y plazas y más casas para los obreros, como el grupo de Junigro, que ahora cruzan el río.

Sabemos, además, que, en busca de su autoabastecimiento, la fábrica contaba, entre otras cosas, con un taller de ladrillos refractarios para el revestimiento de sus hornos. También tenía un ferrocarril que comunicaba las distintas secciones del recinto y éste con la vía del Ferrocarril del Norte.

Con la introducción de nuevas técnicas en la fabricación de artillería, como la metalurgia del acero, se reformaron nuevamente las instalaciones y, en 1900, se levantó un taller de aceros, que destaca por el empleo de cristal y hierro para su construcción, donde se instalaron hornos Siemens.

El estallido de la I Guerra Mundial hizo que la fábrica viviese un momento de gran auge productivo que se alargó hasta el año 1919. El aumento de producción trajo consigo una reorganización del espacio: se sacaron fuera del recinto las viviendas y los edificios de servicios y se levantaron nuevos talleres que son los que hoy día continúan en pie. En esta época surgieron nuevos talleres de fragua, de carpintería y de proyectiles así como el edificio administrativo, de planta alargada y con dos plantas, situado en un extremo del recinto y junto a la orilla de la carretera a Oviedo. Se erigieron nuevos chalets y residencias de ingenieros y oficiales además de viviendas para los operarios. Pero, además, la fábrica no sólo se preocupaba por su buen funcionamiento sino que también pensaba en el bienestar de sus trabajadores porque lo que ahora se construyeron la capilla, el casino y un parque.

En el marco de los actos de venganza y purga que sucedieron tras la toma definitiva de Asturias por parte de los rebeldes durante la Guerra Civil, fueron condenados a muerte y fusilados el catorce de noviembre de 1937 todos los oficiales de artillería que estaban al mando de la fábrica de Trubia: su director, comandante militar de Trubia, coronel José Franco Mussió; el comandante Manuel Espiñeira Cornide; los capitanes Ernesto González-Reguerín Suárez-Cantón, Ignacio Cuartero Larrea, Hilario Sanz de Cenzano y Pinillos, José Bonet Molina y Luis de la Revilla y de la Fuente; y el teniente Luis Alau y Gómez Acebo.

A partir de los años 50 del siglo pasado se inicia un período de crisis con una considerable reducción de la producción. En la actualidad se encarga de la construcción de obuses y blindados para el ejército.

Bibliografía