Diferencia entre revisiones de «Castillo de Noreña»

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Se conservaron sus ruinas hasta bien entrado el siglo XIX, por lo que se conoce perfectamente su ubicación, aunque no puede determinarse su planta y mucho menos el alzado. De las referencias documentales se infiere que sólo contaba con una torre, y del episodio de la prisión de Francisco de Santullano en 1522 se desprende que servía de cárcel a la jurisdicción episcopal. En un documento datado a fines del siglo XVII se cuenta que cada vecino de Noreña estaba obligado a llevar un carro de hierba a su fortaleza, así como a cultivar los terrenos adyacentes, lo que da pie a pensar que el Castillo debió contar con varias edificaciones anexas.
 
Se conservaron sus ruinas hasta bien entrado el siglo XIX, por lo que se conoce perfectamente su ubicación, aunque no puede determinarse su planta y mucho menos el alzado. De las referencias documentales se infiere que sólo contaba con una torre, y del episodio de la prisión de Francisco de Santullano en 1522 se desprende que servía de cárcel a la jurisdicción episcopal. En un documento datado a fines del siglo XVII se cuenta que cada vecino de Noreña estaba obligado a llevar un carro de hierba a su fortaleza, así como a cultivar los terrenos adyacentes, lo que da pie a pensar que el Castillo debió contar con varias edificaciones anexas.
  
El Castillo de Noreña vuelve a manos del obispado tras la derrota de [[Alfonso Enríquez]] en el cerco a Gijón de 1395. Durante el siglo XVII todavía se hallaba en pie, y mediado el XVIII debía conservarse en su mayor parte, aunque estaría ya deteriorado: por los acuerdos municipales de 1759 se sabe que parte de la torre y la muralla se había caído al río. Por último, varios autores dan noticia de él en el siglo XIX, Evaristo Escalera, Solís, e incluso [[Fermín Canella]], en 1900, acreditando su total ruina.
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El Castillo de Noreña vuelve a manos del obispado tras la derrota de Alfonso Enríquez en el cerco a Gijón de 1395. Durante el siglo XVII todavía se hallaba en pie, y mediado el XVIII debía conservarse en su mayor parte, aunque estaría ya deteriorado: por los acuerdos municipales de 1759 se sabe que parte de la torre y la muralla se había caído al río. Por último, varios autores dan noticia de él en el siglo XIX, Evaristo Escalera, Solís, e incluso [[Fermín Canella]], en 1900, acreditando su total ruina.
 
[[Category:Arquitectura|Castillo de Noreña]]
 
[[Category:Arquitectura|Castillo de Noreña]]

Revisión de 10:30 8 oct 2007

Se trata más bien de una casa fuerte, forma intermedia entre el castillo y el palacio, tal como se entendían estas construcciones en la Edad Media.

Es probable que fuera erigido por orden de Rodrigo Álvarez de Asturias, figurando en el primero de sus testamentos. Las cortes de Segovia de 1383 despojaron a Alfonso Enríquez, bastardo de Enrique II, de sus posesiones asturianas entre las que estaba esta plaza, cediéndoselas a la Mitra e Iglesia de Oviedo como premio al apoyo prestado por el obispo Gutierre de Toledo a la causa de Juan I frente a su hermano bastardo. En el privilegio solemne expedido por las cortes es designado solamente como casa, retirándosele el apelativo de fuerte. En el siglo XVI se lo denomina fortaleza y a partir de entonces se alterna este calificativo con el de palacio.

Se conservaron sus ruinas hasta bien entrado el siglo XIX, por lo que se conoce perfectamente su ubicación, aunque no puede determinarse su planta y mucho menos el alzado. De las referencias documentales se infiere que sólo contaba con una torre, y del episodio de la prisión de Francisco de Santullano en 1522 se desprende que servía de cárcel a la jurisdicción episcopal. En un documento datado a fines del siglo XVII se cuenta que cada vecino de Noreña estaba obligado a llevar un carro de hierba a su fortaleza, así como a cultivar los terrenos adyacentes, lo que da pie a pensar que el Castillo debió contar con varias edificaciones anexas.

El Castillo de Noreña vuelve a manos del obispado tras la derrota de Alfonso Enríquez en el cerco a Gijón de 1395. Durante el siglo XVII todavía se hallaba en pie, y mediado el XVIII debía conservarse en su mayor parte, aunque estaría ya deteriorado: por los acuerdos municipales de 1759 se sabe que parte de la torre y la muralla se había caído al río. Por último, varios autores dan noticia de él en el siglo XIX, Evaristo Escalera, Solís, e incluso Fermín Canella, en 1900, acreditando su total ruina.