Camino de Santiago

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Según la tradición, el Apóstol Santiago el Mayor, hermano de Juan Evangelista, fue llamado a evangelizar Hispania, donde permaneció dos años para regresar a Palestina. A mediados del siglo I sufrió martirio a manos de Herodes Agripa y fue decapitado. Sus discípulos le trasladaron nuevamente a Hispania, en concreto a Iria Flavia, donde había destacado por su predicación, y de allí a Liberodunum, cerca de Compostela, a un mausoleo donado por una cristiana hispanorromana. Junto al Apóstol se enterraron Atanasio y Teodoro. Su culto acabó en el olvido tras las persecuciones de los emperadores a los cristianos.

El hallazgo del sepulcro del apóstol Santiago tiene lugar bajo el reinado de Alfonso II, el monarca que impulsa el desarrollo de la civitas ovetense, fundada por su padre Fruela I. Hacia el año 829, Teodomiro, Obispo de Iria Flavia, llega a Oviedo con la noticia de haber descubierto el sepulcro del Apóstol. El Rey Casto se dirige así hacia Compostela siguiendo el camino más rápido, como dicen las Crónicas (cucurrimus), convirtiéndose en el primer peregrino del Camino de Santiago. Este camino, que va desde Oviedo hasta el extremo occidental de su reino atravesando las tierras de Tineo hacia Lugo, va a ser el más antiguo de los que conducen a la tumba del Apóstol. Fue ratificado oficialmente cuando Alfonso III, en el año 883, hace donación al obispo compostelano Sisnando de un villar en Cerredo, cerca de Borres, en Tineo, donde con posterioridad el citado obispado construirá un hospital junto al camino.

El hallazgo del sepulcro coincide temporalmente con la instalación en la capilla de San Miguel, aneja al palacio del propio monarca y a la catedral ovetense dedicada al Salvador, de las reliquias que, huyendo de la invasión musulmana, habían sido ocultadas en las cercanías de Oviedo, en el monte que, debido a ello, recibió la denominación de Monsacro. Con semejante hallazgo, Compostela se ponía al nivel de Roma, donde reposaban San Pedro y San Pablo.

El primer y más antiguo itinerario jacobeo se verá reforzado posteriormente con la articulación del Camino Francés, en tiempos de Alfonso VI, que se enlazará por la ruta que unía Oviedo con León y que servía de enlace a las dos ciudades: Santiago, tumba del Apóstol, y Oviedo, la más rica en reliquias de todo el occidente europeo. Ambas articulan el conocido como camino o ruta del interior.

A partir del siglo XIV toma cuerpo un segundo itinerario, que atraviesa Asturias de oriente a occidente hacia Compostela y que bordea la costa asturiana desde el Deva hasta el Eo. La costa, al estar sometida a la piratería, fue una ruta más tardía y al ser menos poblada. A partir de la política pobladora de Alfonso X, con las pueblas de Ribadesella, Colunga, Villaviciosa, Carreño, Luarca y Navia refuerza a las de Avilés y Llanes y Gijón ya existentes. Así, esta ruta será muy frecuentada en la Edad Moderna. A los dos ejes viarios fundamentales se le unen otras rutas subordinadas que conectan ambos caminos y el itinerario interior y el camino francés en su transcurrir por tierras leonesas.

En la actualidad el Camino de Santiago goza de gran popularidad. Miles de peregrinos recorren su trayecto cada año. En sus 1.200 años de historia ha generado una gran vitalidad social, cultural y económica. En 1993 la UNESCO destacó la importancia y la trascendencia del Camino de Santiago al declararlo Patrimonio Cultural de la Humanidad. En 2004 la Fundación Príncipe de Asturias le concedió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.


Bibliografía