Arte y Monumentos de Oviedo, Edad Moderna

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El Convento de Nuestra Señora del Rosario, perteneciente a la Orden de los Dominicos, fue fundado en 1518 por iniciativa de fray Pablo de León; las obras del templo culminaron alrededor de 1566, interviniendo en su edificación Juan de Álava y su discípulo fray Martín de Santiago, Juan de Cerecedo el Viejo y Juan del Ribero. La iglesia está constituida por una nave, con cuatro capillas a cada lado, crucero y coro a los pies, cubierta con bóvedas estrelladas; por su parte las capillas están cubiertas con crucería, las de la izquierda, y cañón las del lado derecho. La fachada, de estilo plateresco, quedó oculta por un pórtico neoclásico realizado por Manuel Reguera sobre un diseño de Ventura Rodríguez. El claustro data de 1550 y se compone de dos pisos con arcos de medio punto sobre columnas de fuste ochavado en el bajo y carpaneles en el superior; el piso bajo se le atribuye a Martín de Santiago y el superior a Juan de Cerecedo el Viejo.

El monasterio de San Vicente constituye el núcleo inicial de la ciudad; se remonta al 781, conservándose de sus primeros siglos unos pocos restos. La mayor parte de su actual edificio fue construido entre los XVI y XVII; el claustro es atribuido a Juan de Badajoz el Mozo, combina las arcadas de medio punto y las estrías y cajeados renacientes con bóvedas nervadas góticas. El piso superior es obra de Cerecedo el Viejo y fue cerrado en 1775 por el arquitecto Manuel Reguera. Alberga desde 1952 el Museo Arqueológico de Asturias, tras ser restaurado por Menéndez Pidal.

El edificio actual del Monasterio de Santa María la Real de la Corte (hoy parroquia) data de la segunda mitad del siglo XVI; es de nave única, recorrida por pilastras jónicas y cubierta con bóveda de cañón y lunetos, más bóveda caída en el crucero; está dotada de capillas laterales, coro a los pie, crucero alineado y profunda cabecera. La fachada es plana a excepción de la parte central donde se ubica un óculo de grandes dimensiones. En las obras de este edificio trabajó inicialmente Cerecedo el Viejo y más tarde Juan del Rivero Rada.

En la iglesia de San Tirso se encuentra la capilla de Santa Ana, un recinto funerario construido en 1574, caracterizado por su decoración plateresca.

El edificio histórico de la Universidad de Oviedo fue diseñado por Rodrigo Gil de Hontañón en 1572, haciéndose cargo de sus obras, tres años después, Juan del Ribero Rada. Se trata de una construcción clasicista, organizado en cuatro crujías alrededor de un patio cuadrado y el edificio con de dos pisos, mostrando el primero en la parte que da al patio siete columnas y arquitrabes el superior; en la fachada principal destaca la portada, enmarcada por columnas toscanas. Del interior del edificio destaca una escalera monumental, de piedra y mármol, situada en el ángulo noroeste. Poseía una biblioteca, realizada por Manuel de Reguera, que fue destruida por un incendio durante la Revolución del 34. Anejado al edificio de la Universidad se encuentra el colegio de Huérfanas Recoletas, fundado por Fernando Valdés Salas.

En la calle de la Rúa y en la casa de la Ribera pueden observarse construcciones características de la arquitectura doméstica renacentista.

El palacio obispal fue erigido durante el episcopado de Diego Aponte de Quiñones; hubo de ser reconstruido al quedar afectado por los combates de la Revolución del 34.

Juan de Cerecedo el Joven diseñó un acueducto para Oviedo que fue llevado a cabo por Pedro de la Bárzana entre 1588 y 1601; apenas nos han llegado algunos arcos, al haber sido derribada su mayor parte en 1915.

Se conservan algunas muestras de las artes plásticas del periodo como el Retablo de la Virgen de la Luz, conservado en la Capilla del Rey Casto de la Catedral, realizado en 1552. Asimismo esta capilla contiene un relieve de la Transfixión, que ha sido incluido en un retablo barroco, el Cristo de Velarde, en opinión de Ramallo obra de Alonso Berruguete, y cuatro cetros realizados en el taller de Enrique de Arfe hacia 1527. En el palacio de los marqueses de San Feliz se guarda un Apostolado proveniente de la escuela del Greco.

La obra de la Catedral continúa durante el periodo barroco, realizándose una ampliación entre 1622 y 1633, por parte de Juan de Naveda, que renueva la conformación de la cabecera añadiéndole un deambulatorio. Los retablos son obra en su mayor parte de José Bernardo de la Meana. Juan de Naveda diseña además la sacristía y la Capilla de la Anunciación, también llamada del obispo Vigil, promovida por el obispo de Segovia Juan Vigil de Quiñones como capilla funeraria familiar, que fue realizada entre 1620 y 1640; en esta capilla se sitúan un retablo y una figura en piedra del obispo elaborados por Luis Fernández de la Vega entre 1640 y 1663.

La Capilla de Santa Bárbara, cuya erección fue promovida por el obispo Caballero de Paredes entre 1660 y 1662, como mausoleo para él y su familia y pensando trasladar allí las reliquias de la Cámara Santa, fue construida por Ignacio de Cajigal, debiéndose a Luis Fernández el retablo y la imagen de Santa Bárbara a Antonio Borja.

El Panteón Real y la Iglesia de Santa María se emplazaban en el lado norte del templo gótico hasta el año 1705, fecha en que el obispo Reluz decidió acometer una remodelación para construir en el lugar la Capilla del Rey Casto, correspondiéndole el diseño y la ejecución a Bernabé de Hazas; la capilla se distribuye en tres naves, muy angostas la laterales, y posee un cimborrio sobre el crucero cerrado por una cúpula elipsoidal. En 1717 se trasladaron al panteón los restos de los primeros reyes asturianos. Antonio Borja realizó el retablo de Nuestra Señora del Rey Casto alrededor de 1719.

La Capilla de Santa Eulalia, promovida por el obispo fray Simón García Pedrejón en 1690 y realizada por los hermanos Menéndez de Camina presenta una planta de cruz griega, con cúpula sobre pechinas; bajo la cúpula se encuentra el retablo, obra de Juan García de Ascucha y Domingo Suárez de la Puente, diseñado para acoger las reliquias de la Santa.

Se realizan asimismo toda una seria de retablos barrocos para las capillas góticas, cuya elaboración corrió a cargo de Pedro Sánchez de Agrela, Fernández de la Vega y José Bernardo de la Meana; éste último realizó además las puertas de la entrada principal de la Catedral. En el crucero existen unos retablos de 1739 debidos a Toribio de la Nava, Juan de Villanueva y Manuel Pedredo. En 1733 se construye una sacristía nueva que corrió a cargo de Francisco de la Riba Ladrón de Guevara, a quien correspondió también un recrecido del piso alto del claustro y la fachada de este hacia la Corrada del Obispo.

El Museo de la Iglesia se formó reuniendo piezas de arte religioso provenientes de las capillas y parroquias de la diócesis ovetense y de la propia catedral, que tras un proceso de restauración fueron ubicadas en el claustro alto de la Catedral. El Museo se inauguró en 1990, destacando entre sus piezas las realizadas en marfil provenientes de la Cámara Santa: el Díptico Bizantino, el Díptico de Gundisalvo, el Díptico Gótico y el Cristo de Nicodemus.

La Iglesia de San Matías, que pasó a ser sede de la parroquia de San Isidoro el Real al ser derribado el antiguo colegio de los jesuitas en 1873 para dar paso al mercado del Diecinueve de Octubre, fue construida por Juan de Tolosa y Francisco Menéndez Camina. Posee una amplia nave con diversas capillas entre los contrafuertes, una cúpula sobre pechinas alineada con el crucero y cabecera plana; la torre se le añadió más tarde, en 1725, correspondiéndole la obra a Francisco de la Riba.

El barroco supuso además el acometimiento de reformas en los monasterios más importantes de Oviedo. El Monasterio de San Pelayo, cuya iglesia había sido construida en 1590 por Leonardo de la Cagiga, fue ampliado nuevamente por Bartolomé y Melchor de Velasco en 1654, al serle añadiéndosele la torre del campanario, de planta cuadrangular y cuatro pisos. En 1694 se volvió a intervenir en el edificio, contratándose ahora a Gregorio de la Roza, quien concluyó varias dependencias cuya construcción había iniciado Melchor de Velasco. Merecen destacarse el conjunto del claustro, que consta de tres pisos, y la escalera monumental situada entre éste y la iglesia. Todavía será objeto de una nueva ampliación en 1703 cuando se le añada la Vicaría, realizada según un proyecto de fray Pedro Martínez de Cardeña, y destacando la fachada con tres grandes arcos delimitados por columnas Toscanas exentas.

Pedro Muñiz Somonte se ocupó, a mediados del siglo XVIII, de la construcción del Convento de Santa Clara, conservándose en la actualidad tres crujías de su claustro.

Juan de Naveda levantó el edifico del Ayuntamiento de Oviedo en 1622. El edificio fagocitó una de las puertas de la ciudad, el Arco de Cimadevilla, manteniendo sin embargo el arquitecto la luz del arco y aprovechando éste para erigir sobre él la torre. A los lados de la torre avanzan dos alas de soportales con pilastras planas. Francisco Pruneda llevó a cabo una ampliación del edificio en 1778, consistente en prolongar el ala este. El Ayuntamiento fue destruido durante la Guerra Civil, siendo reconstruido en 1940.

En 1622 se acabó la construcción de otro de los monumentos, de estilo barroco, de la ciudad: la Casa de Campomanes, en la calle de Jovellanos.

En 1660 se construyen las casas conocidas popularmente como Arco de los Zapatos, situadas cerca del Fontán y debidas a Melchor de Velasco, y en 1666 la Casa de Comedias por parte de J. de Estrada y De Hontañón, donde hoy está la Biblioteca de Asturias de cuya fábrica original sólo se conserva la fachada, siendo el resto producto de una obra reciente.

Gregorio de la Roza realiza en 1609 el Palacio de Malleza-Toreno, sede actualmente del Real Instituto de Estudios Asturianos. Su fachada se compone de bajo y dos pisos, la portada se recorta entre dos columnas de fuste estriado y capitel toscano, montadas sobre plintos cajeados.

La familia Bernaldo de Quirós impulsó la construcción del Palacio de Camposagrado. La obra dio comienzo a finales del siglo XVII, reemprendiéndose en 1719, fecha en que se realiza el piso bajo, atribuido a Francisco de la Riba, y culminándose en 1746 con Antonio Menéndez como arquitecto.

El Palacio del Duque del Parque se levanta en 1723, fecha en que el Fontán aún no contaba con su plaza. El interior del palacio se distribuye en cuatro crujías; en la fachada el edifico presenta molduras de orejas que cambian de diseño en el piso superior suavizado y curvilínea, frente al aspecto quebrado del piso bajo.

La familia Heredia se hace en 1768 con el antiguo Palacio del Marqués de Valdecarzana, construido entre 1627 y 1629. Los Heredia reforman el viejo edificio añadiéndole su fachada meridional, obra que se le encomienda a Manuel Reguera, y remarcando el eje central con pilastras, columnas y el escudo de armas de la familia. También son reformados el Palacio de Vistalegre y el Palacio de Quirós Benavides.

La obra más importe que se realiza en Oviedo durante el siglo XVIII es la construcción del Hospicio y Hospital Real de Huérfanos, Expósitos y Desamparados, promovida por el regente de la Audiencia Isidoro Gil de Jaz en 1751. Se les encomienda a los arquitectos Pedro Antonio Menéndez y Manuel Reguera. La fachada principal consta de dos pisos, con un bajo con pórtico de siete arcos, flanqueado el central por columnas de fuste estriado y capitel dórico; por la cornisa discurre una balaustrada interrumpida por el escudo de armas, labrado por José Bernardo de la Meana. El interior se organiza a partir de patios, constituyendo el núcleo central del conjunto una capilla, construida por Manuel Reguera sobre planos de Ventura Rodríguez, cuya cúpula se eleva detrás del patio principal, caracterizada por un espacio octogonal al que se añaden el nartex y la cabecera. Será también Manuel Reguera quien se encargue de la reforma y ampliación del Palacio de Inclán, cuya fachada principal de a la calle del Sol, y unos años más tarde de la construcción del Palacio de Velarde. Éste está dotado de jardín y su patio central, con dos arcos carpaneles a los lados montados sobre columnas toscanas, consta de tres pisos y de una escalera monumental; es un edificio típicamente barroco donde el escudo familiar, alineado con la portada y con el balcón, está rodeada por un grupo de imágenes de sirenas y personajes mitológicos portando banderas y lanzas y balastos. Este palacio, unido a la casa de los Oviedo-Portal, construida en 1660 por Melchor de Velasco Agüero, acoge hoy al Museo de Bellas Artes de Asturias.

Además Reguera intervino en la dirección de los trabajos de la Carretera de Castilla, entre lo que se cuenta el puente de Olloniego sobre el Nalón. De estas obras se conservan en el concejo de Oviedo las fuentes de Olloniego, de 1775, debidas a Francisco Pruneda, de La Corredoria, 1790, y las de La Manzaneda, 1778, realizadas por Benito Álvarez Perea, así como la oficina del portazgo de Olloniego, ya de 1833 y atribuida a Ramón Secades.

Bibliografía