Maximiliano Arboleya Martínez

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Maximiliano Arboleya

Sacerdote, deán del Cabildo Catedralicio de Oviedo, figura señera del catolicismo social y sociólogo español nacido en Laviana (Asturias, España) el nueve de octubre de 1870 y fallecido en Meres, en el concejo de Siero (Asturias), el diecinueve de enero de 1951. Era hijo de un oficial del Registro de la Propiedad en Laviana y de la hermana de Ramón Martínez Vigil, obispo de Oviedo durante veinte años y escritor.

Tras aprender las primeras letras abandona ingresa en el Seminario de Oviedo, donde sigue los estudios eclesiásticos hasta 1893, en que se traslada a Roma para ampliar su formación y conseguir el graduado en Teología y en Derecho Civil y Canónico. En la capital italiana recibe diaconado y algunos meses más tarde es ordenado sacerdote por su tío Martínez Vigil en Oviedo. Celebra su primera misa en la iglesia de Santo Domingo de Oviedo.

Durante su estancia en Roma se impregnó de sesgo social que León XIII trató de imprimir a la institución eclesiástica para tratar de contrarrestar el ascenso de los movimientos socialistas y se convirtió en un profundo admirador de este Papa. Conoció además al sociólogo Monseñor Portier, que había sido llamado por León XIII para explicar Sociología en el instituto que lleva su nombre. Esta figura, en cuya defensa saldrá en los años veinte frente a los ataques de los sectores ultramontanos, instilará en él gran parte de sus ideas sobre la Democracia Cristiana que posteriormente sistematizará en su obra Las democracias, política social, civil y económica en el futuro, premiada en el año 1947 en el certamen promovido por la revista Resurrexit.

Al finalizar sus estudios es nombrado profesor de Apologética en el Seminario de Oviedo, ganando en 1898 el cargo de canónigo. Es en esta época cuando dan comienzo sus actuaciones en el plano social. En 1900 publica su obra Laboremos, donde, desde un enfoque sociológico, apuntaba que el mal fundamental de la sociedad española era la abulia. Laboremos tendría gran resonancia, siendo reseñado elogiosamente por La Luz Canónica, Revista Popular, Revista Eclesiástica, Revista Católica de las Cuestiones Sociales…; no obstante la buena acogida, un sector importante del clero lo tachó de modernista. En 1900, aprovechando el tema de su discurso de apertura del curso 1900-1901 en el Seminario, publica un nuevo libro La misión social del clero, pensado como un complemente de Laboremos, donde predice el alejamiento paulatino de la masa obrera con respecto a la Iglesia si ésta no trata de asumir parte de sus reivindicaciones. Consideraba en este sentido que el principal enemigo eran los socialistas, a los que trató de disputar su base social haciendo uso de sus mismas armas: asociaciones, conferencias, prensa… Se volcó principalmente en la prensa, llegando a ejercer prácticamente como director de El Carbayón. Asimismo fundó El Zurriago Social y promovió la creación de sindicatos católicos, con sede en la Casa del Pueblo de Oviedo, y la Federación Asturiana Católico-Agraria, cuyos órganos de expresión fueron Justicia Social y Asturias Agraria respectivamente. Colaboró además con el diario ABC, con el Tiempo, con Revista Eclesiástica Ibero-americana y Jurisprudencia entre otras, y dirigió la revista Cuestiones Sociales Científico-Literarias.

Consideraba la promoción de sindicatos católicos como el eje central de la política de reafirmación de la Iglesia sobre las clases trabajadoras, lo que lo lleva a solicitar una beca e iniciar estudios de Ciencias Sociales y viajar al extranjero para estudiar las organizaciones sindicales europeas. El Sindicato Ferroviario, la Federación de Sindicatos Independientes, la Caja Obrera de Préstamos y otras muchos asociaciones albergadas en la Casa del Pueblo de Oviedo y fundadas por él son el resultado de sus indagaciones. Publica además un nuevo libro Liberales, socialistas y católicos ante la cuestión social, publicado en 1901 y complementado ulteriormente con Sindicatos obreros y otras obras sociales de 1915, De la acción social: Definiciones y principios de 1921 y La Sindicación Católico-Agraria entre otros. En estas obras plantea la génesis de la cuestión social, los principios sobre la propiedad, el trabajo, el salario o las desigualdades sociales, y contrapone la solución católica a las otras soluciones de estirpe liberal o socialista que juzga inadecuadas.

Otro texto relevante a efectos de conocer sus planteamientos doctrinales es su libro El Clero y la prensa, de 1908, donde criticaba la rigidez doctrinal y el desconocimiento de la realidad política y social española que aquejaba a la mayoría del clero, y reclamaba la consolidación de una prensa católica que aplicase su óptica la problemática laboral, económica y política. Sus planteamientos, que él presentaba como corolarios de las enseñanzas pontificias totalmente enraizados en la doctrina social de la Iglesia (en este sentido destacan una serie de estudios sobre la figura de Balmes redactados por Arboleya: Balmes: enseñanzas políticas de 1909, Balmes, político de 1911, Los orígenes de un movimiento social: Balmes precursor de Ketteler de 1912 y Balmes, periodista de 1914), concitaron constantemente el rechazo de los sectores más ultramontanos. Así, en 1924 es objeto de duras acusaciones por parte de P. Noguer en una prestigiosa revista, centradas en denunciar el carácter aconfesional de sus sindicatos, Arboleya saldría al paso con el escrito La confesionalidad en mis sindicatos y en un texto de P. Noguer. En 1929 su libro Otra masonería: el integrismo, contra la Compañía de Jesús y contra el Papa, ataque directo al integrismo católico, sería denunciado ante la Congregación del Concilio; la denuncia no llegó a prosperar.

Se encontraba en la aldea sierense de Meres cuando estalla la Guerra Civil, donde decide quedarse. Al cabo de siete meses huye a Vizcaya, regresando a Meres cuando concluye la Guerra y residiendo allí hasta su muerte en 1951. Meses antes de morir publica su último libro, El pueblo en la pasión. En total, entre las obras de antes y después de la Guerra, escribió cuarenta y cuatro libros y polemizó con Vigil Montoto, Álvarez Buylla o Posada entre otros. En 1923 Juan Bautista Luis Pérez lo nombró deán del cabildo catedralicio.