San Miguel de Lillo

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La Iglesia de San Miguel de Lillo (también Liño, Lino) se encuentra situada en la carretera de los Monumentos a unos 300 metros de Santa María del Naranco. Esta iglesia aparece mencionada en la Crónica Albeldense que se compiló entre 881 y 883. Otro documento del año 908, conservado en el Archivo Capitular de Oviedo señala que la advocación de la iglesia es la del arcángel San Miguel.

A finales del siglo XI, el templo sufrió una serie de derrumbes que afectó a dos tercios del edificio debido principalmente al deslizamiento del sustrato geológico fluvial donde se encuentra asentado.

La construcción que hoy puede contemplarse son los restos de una basílica anterior que tras ser mutilada y reconstruida ha quedado como podemos verla hoy en día. A pesar de su deterioro, San Miguel de Lillo forma junto a Santa Cristina de Lena y Santa María del Naranco, el conjunto arquitectónico más importante del periodo ramirense, siendo muestra inconfundible de lo que se ha dado en llamar el arte astur o prerrománico asturiano. El edificio fue consagrado en el año 848, y durante la edad media (no se sabe a ciencia cierta en que año o por que motivo) se fue arruinando. Fue reconstruido parcialmente y en el siglo XIX ya había perdido la cabecera y gran parte de la nave.

El desconocimiento y la falta de documentos acerca del estado primigenio del templo, ha dado lugar a diversas restauraciones y no pocas polémicas en torno a su configuración original.

Fue donado a la Catedral por Ordoño I en el año 857.

Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II, que la visitó en todo su esplendor la describe así:

«Entrando dentro espanta un brinquiño tan cumplido de todo lo dicho y cuerpo de iglesia. Y agradando todo mucho, con la novedad da mayor contento ver en tan poquito espacio toda la perfección y grandeza que el arte en un templo podía poner (...) Tiene cierta diversidad en tamaño y forma, y en alzarse lo uno y bajarse lo otro, ensancharse aquellos y retraerse estotro, que se gozan enteramente las partes del edificio, dándose lugar las unas a las otras para que se parezcan lo que son y qué lindas son». Ambrosio de Morales, Viaje Santo


En 1850 Bartolomé Hermida realiza una reconstrucción del edificio que lo deja en el estado en el que podemos verlo actualmente.

En 1885 fue declarado Monumento Nacional.

En 1916 Aurelio de Llano realizó unas excavaciones que volcaron la siguiente información sobre el edificio: la planta original debía tener unos veinte metros de longitud. Esta planta estaría dividida en tres naves separadas por arcos de medio punto y columnatas.

En los últimos años las excavaciones llevadas a cabo por el Instituto Arqueológico Alemán, y las indagaciones del arqueólogo Vicente José González sostiene la tesis de que San Miguel de Lillo era una iglesia mucho mayor de la que podemos observar, puesto que su planta original (sus cimientos) se extiende y configuran un edificio en nada parecido al reconstruido. Se trata de la única pieza no sometida a una restauración interpretativa del monumento.

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Bibliografía