Fray José Pío Aza Martínez de Vega

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Fray José Pío Aza Martínez de Vega, 1865-1938.

Fray José Pío Aza Martínez de Vega
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Fray José Pío Aza Martínez de Vega

Naci√≥ en Pola de Lena el 12 de julio de 1865, siendo hijo del matrimonio Rodrigo Aza Gonz√°lez de Lena y Bernarda Mart√≠nez de Vega Gonz√°lez de Lena. Desde muy joven siente vocaci√≥n religiosa e ingresa en el Seminario de Astorga donde solamente estuvo un a√Īo, hasta que se dio cuenta que lo suyo no era el sacerdocio diocesano y por eso en 1882 entra en la Orden de Predicadores en el convento que los dominicos ten√≠an en la localidad de Padr√≥n (Galicia), completando su formaci√≥n dentro de la Orden de Santo Domingo, en Corias (Cangas del Narcea) y en Las Caldas de Besaya (Cantabria), hasta que recibi√≥ en Santander la Sagrada Orden de Presb√≠tero en las T√©mporas de San Mateo del a√Īo 1889, de manos del obispo Mons. Vicente Santiago S√°nchez de Castro.

Hombre de clara inteligencia y entereza de voluntad, hizo con cr√©dito su carrera de Filosof√≠a y Teolog√≠a y dem√°s ciencias eclesi√°sticas, prefiriendo por encima de todo las obras de Santo Tom√°s. Una vez ordenado, durante algunos a√Īos fue destinado por sus superiores al profesorado, desempe√Īando esta ocupaci√≥n en la Academia de Santo Tom√°s de Valladolid, de la que fue regente. En 1906, a petici√≥n propia, es destinado a las misiones dominicanas del Per√ļ donde fue fundador de misiones, Vicario Provincial y defensor de los indios como lo demuestra el escrito que dirigi√≥ en 1922 al Ministerio de Justicia de Per√ļ porque le costaba trabajo averiguar qui√©nes eran m√°s salvajes, si los indios o los caucheros. A√Īos m√°s tarde el tambi√©n dominico Jos√© Barrado, O.P. dijo que el misionero Jos√© P√≠o Aza, a quien le cautiv√≥ el voto de pobreza que le reportar√≠a ir ligero de equipaje por el camino de la vida religiosa, estuviera en l√≠nea lascasiana. De igual modo, el prestigioso dominico norteamericano Fr. Brian J. Pierce, O.P. en un art√≠culo que public√≥ en el a√Īo 2006, comparar√° al P. Aza a los grandes misioneros de la misma Orden: Fr. Pedro de C√≥rdoba (1482-1521), Fr. Ant√≥n de Montesinos (1479-1540), Fr. Bartolom√© de las Casas (1484-1566), y el obispo Mons. Ram√≥n Zubieta (1864-1921).

Durante sus a√Īos de misionero public√≥ varios trabajos ling√ľ√≠sticos sobre los indios machiguengas y otras tribus como muy bien recoge el escritor Vargas Llosa en su libro El hablador donde dice que fue el primero en estudiar el idioma de aquellos indios y que leyendo sus trabajos encontr√≥ abundantes art√≠culos ¬ęsumamente valiosos¬Ľ. Tambi√©n Ramiro de Maeztu en su libro Espa√Īa y Europa al referirse al P. Aza recuerda que ¬ęha escrito la doctrina cristiana en machiguenga¬Ľ. Fruto de todos estos estudios realizados por este dominico y a pesar de los pocos datos que dispon√≠a escribi√≥ el Vocabulario Espa√Īol-Machiguenga (1923), primer vocabulario unido al estudio sobre esa lengua. Al a√Īo siguiente public√≥ Estudio sobre la lengua machiguenga del que el propio Aza escribi√≥:

¬ęDos son los motivos que me fuerzan a publicar el presente trabajo. El primero mi ardiente anhelo de contribuir en algo a la evangelizaci√≥n de los indios que tal idioma hablan. El menor o mayor √©xito de la labor del misionero, se puede asegurar, que va vinculado al menor o mayor dominio que adquiera del idioma. El segundo motivo es dar a conocer la lengua machiguenga, lo cual no dejar√° de ser interesante para la ciencia, particularmente para la filolog√≠a¬Ľ.


Estas dos primeras obras merecieron que la Municipalidad de Lima le premiase con la Medalla de Oro. Un nuevo trabajo, Apuntes para la Historia del Madre de Dios, lo public√≥ en 1928, importante documento hist√≥rico y una de las primeras narraciones hist√≥ricas del Departamento de Madre de Dios mejor documentadas y que incluye un interesante mapa del Vicariato Apost√≥lico del Puerto de Maldonado, elaborado por el propio autor en 1926. En 1933 edit√≥ Doctrina cristiana Machiguenga y Espa√Īol del que el obispo Sabas Sarasola hizo el siguiente comentario:

¬ęEl P. Aza, con admirable tenacidad, y sobre todo con la gracia de Dios, ha dado cima al empe√Īo de los misioneros escribiendo este libro, no grande en volumen, pero muy valioso por su contenido y por la grande utilidad que de √©l ha de reportar a sus hermanos misioneros dominicos en el Per√ļ¬Ľ.


Asimismo el P. Aza es autor del Vocabulario Espa√Īol-Huarayo del que el Bolet√≠n de la Sociedad Geogr√°fica de Lima public√≥ estas palabras:

¬ęEl mismo celo apost√≥lico que impulsa a recorrer las selvas ilimitadas, misionando en ellas, es el que ha determinado describir en el lenguaje de sus habitantes nuevas formas sint√°xicas. El Rdo. P. Aza, dominico infatigable y esforzado, ling√ľista prominente, ofrece el vocabulario razonado del Huarayo, diccionario en suma, de este idioma que es hablado en gran extensi√≥n de la Am√©rica del Sur, comprendiendo regiones del Per√ļ y de Bolivia¬Ľ.


Escribi√≥, por √ļltimo, el Vocabulario Espa√Īol-Arasairi de quien de nuevo el obispo Sabas Sarasola dice:

¬ęLos arasairis, a pesar de su exiguo n√ļmero, adquieren especial actualidad en los momentos presentes en que la industria aur√≠fera atrae a miles de hombres a la regi√≥n por ellos habitada. Su lengua despierta singular inter√©s por las relaciones de semejanza y quiz√°s de identidad con la lengua que hablan los feroces Mashcos. La antorcha m√°gica para penetrar en las tribus salvajes es hablar su lengua, porque quien la posee, ya no es tenido por enemigo sino como amigo en quien deposita sin reparo sus confidencias¬Ľ.


Por estos trabajos fue muy elogiado y estimado de los mejores fil√≥logos de la Sociedad Internacional de Estudios Americanos de Par√≠s y por los espa√Īoles Ram√≥n Men√©ndez Pidal y el jesuita Julio Cejador.

En 1908 fund√≥ su primera misi√≥n a la orilla del r√≠o Manu (un afluente del Madre de Dios) y la puso bajo el patrocinio de San Lu√≠s Beltr√°n, misionero dominico en la Colombia colonial. M√°s tarde fundar√≠a otra que en esta ocasi√≥n bautiz√≥ con el nombre de otro misionero dominico, el polaco San Jacinto. La misi√≥n la coloc√≥ lo m√°s cerca posible de los huarayos, una tribu por el momento inaccesible. Despu√©s fundar√≠a la misi√≥n de San Jos√© de Koribeni, en la confluencia de ese r√≠o con el Urubamba. Ello significar√≠a lo que el dominico P. Barrado llam√≥ a los misioneros como el P. Aza: ¬ęunos h√©roes, unos gigantes, unos santos¬Ľ.

Veintiocho a√Īos ininterrumpidos de brega apost√≥lica hab√≠an quebrado la salud del P. P√≠o y bien merec√≠a un descanso. La oportunidad se present√≥ en 1934, con motivo de celebrar los dominicos un Cap√≠tulo Provincial en Salamanca y asistir el P. Aza en calidad de delegado de las Misiones. Aprovech√≥ este viaje para someterse en Oviedo a una operaci√≥n quir√ļrgica. Su edad avanzada y su delicada salud fueron razones suficientes para que sus familiares y amigos le insistieran a quedarse en Espa√Īa. Para contentar a unos y otros sol√≠a decir: ¬ęHe pasado 28 a√Īos en la selva; pues bien, cuando pasen otros 28 a√Īos os prometo que regresar√© definitivamente a Espa√Īa¬Ľ. El 26 de febrero de 1935 llegaba de nuevo a Per√ļ para seguir evangelizando a aquellos ind√≠genas a los que tanto amaba y ellos a √©l pues despu√©s de su muerte cuando alguno ve√≠a a un misionero siempre le llamaba ¬ęPadre P√≠o¬Ľ.

El 7 de octubre de 1938 falleci√≥ en la Granja de Misiones, en Quillabamba (Per√ļ), un misionero al que el alto exponente de su personalidad y el √≠ndice largo de sus muchos trabajos como evangelizador no caben en el l√≠mite de esta historia, pero que sus tres bi√≥grafos: Fr. Wenceslao Fern√°ndez, O.P., Rafael Alonso y Carlos Junquera, nos han dejado en las correspondientes biograf√≠as que escribieron sobre este dominico, buena prueba de ello; como as√≠ otros frailes de la Orden de Santo Domingo, que se han preocupado de resaltar la ingente labor del P. Aza a quien tambi√©n Per√ļ le ha reconocido su inmenso trabajo al darle su nombre al Instituto de Estudios Tropicales, hoy Centro Cultural "Jos√© P√≠o Aza", y a un colegio en la localidad peruana de Koribeni; algo que no dej√≥ de sorprender al P. Barrado, O.P., cuando en marzo de 1992, en Oviedo, en un ciclo de conferencias organizado por la Delegaci√≥n Diocesana de Misiones, dijo:

¬ęSorprende y extra√Īa que este c√©lebre asturiano que recibi√≥ tantos premios fuera de su patria; al que elogiaron los sabios, de quien habl√≥ Ramiro de Maeztu y a quien recuerda Vargas Llosa en una de sus novelas, no haya merecido todav√≠a, de parte de su patria chica, ni una estatua, ni una calle con su nombre, ni una mera placa de recuerdo¬Ľ.



Padre P√≠o Aza: ‚ÄúEl Misionero que hizo todo lo que pudo por las misiones‚ÄĚ.

Por el P. √Āngel P√©rez Casado, O.P. Pe√Īa de Francia

INTRODUCCI√ďN

Pocos d√≠as antes de su fallecimiento el 7 de Octubre de 1938 en Quillabamba (Per√ļ), al P. P√≠o, pensando todav√≠a en los m√ļltiples problemas de sus queridos nativos, le salieron del fondo de su alma unas palabras que hab√≠an sido como el lema de su vida: ‚ÄúHe hecho todo lo que he podido por las misiones; ya no pude hacer m√°s...‚ÄĚ. Podemos decir que estas emotivas palabras eran en verdad la s√≠ntesis m√°s fidedigna de su vida.

Pero, ¬Ņqui√©n era este venerable misionero que a sus setenta y tres a√Īos entregaba su generosa vida al buen Dios rodeado del cari√Īo y admiraci√≥n de toda la Comunidad Misionera de Quillabamba?

S√ćNTESIS BIOGR√ĀFICA

Jos√© P√≠o Aza nace el 11 de julio de 1865, en la villa asturiana de Pola de Lena, dentro de una familia acomodada, y de profunda vida cristiana. Era el √ļltimo hijo de los seis que tuvieron Rodrigo Aza y Bernarda Mart√≠nez de Vega. Fruto del ambiente religioso familiar fue su vocaci√≥n dominicana, ingresando en 1883 a los 18 a√Īos en el Convento de Padr√≥n (Galicia). Se orden√≥ sacerdote en Santander en 1890. Valladolid fue su primer destino, donde desarroll√≥ una intensa labor como predicador, director del Rosario Perpetuo y de la Academia de Santo Tom√°s. Con cuarenta a√Īos y en plena actividad apost√≥lica en la ciudad vallisoletana, el P. P√≠o abre su esp√≠ritu a nuevos horizontes apost√≥licos, incorpor√°ndose el a√Īo 1906 al nuevo Vicariato Misionero del Per√ļ, reci√©n abierto el a√Īo 1902.

En el sur-oriente amaz√≥nico peruano se encontr√≥ con otro gran hombre y misionero, Monse√Īor Zubieta, bajo cuya responsabilidad hab√≠a reca√≠do la puesta en marcha del Vicariato. Monse√Īor Zubieta, que llevaba cuatro a√Īos recorriendo en medio de grandes dificultades la inmensidad de su territorio misionero, debi√≥ sentirse muy aliviado cuando llegaron los primeros misioneros que enviaba la Provincia de Espa√Īa, entre los que se encontraba el P. P√≠o Aza. Se puede decir que el P. P√≠o fue su lugarteniente, de tal manera que, a la muerte de Monse√Īor Zubieta quince a√Īos despu√©s, todos las miradas se fijaron en √©l como hombre m√°s indicado para sucederle, a lo cual se opuso con todas sus fuerzas por razones de humildad, seg√ļn nos cuentan los que m√°s convivieron con √©l.

Pr√°cticamente estructur√≥ y organiz√≥ los Puestos Misioneros del Vicariato, sobre todo en la cuenca del Madre de Dios, donde fund√≥ la misi√≥n de S. Luis del Manu en 1908, y la de S. Jacinto de Maldonado en 1910, dos a√Īos antes de su designaci√≥n como capital del nuevo Departamento. En la cuenca del otro gran r√≠o del Vicariato, el Urubamba, fund√≥ en 1918 la misi√≥n de S. Jos√© de Koribeni, de la que fue Superior muchos a√Īos, hasta que la edad y sus achaques le obligaron a salir en 1934.

Y junto a esta gran tarea de ir abriendo los Puestos Misioneros, hay que colocar los importantísimos estudios que hizo de las lenguas de los nativos de la selva amazónica; bien se puede decir que aquí también el P. Pío fue el pionero que abrió los difíciles y complicados caminos del conocimiento de los distintos idiomas de los selvícolas del sur-oriente peruano, pues no había nada escrito.

El a√Īo 1934 asiste al Cap√≠tulo Provincial en Espa√Īa y a pesar de que su salud acusaba el cansancio de la intensa actividad en las selvas amaz√≥nicas, no se resigna a quedarse en Espa√Īa. Regresa al Per√ļ, falleciendo cuatro a√Īos despu√©s en Quillabamba.

1.- EXPLORADOR, DEFENSOR DE LOS SELV√ćCOLAS, EVANGELIZADOR...

A) En los peligrosos caminos de la selva

Cuando el P. P√≠o se incorpora el a√Īo 1906 a la tarea misionera del Vicariato Misionero de los dominicos en el sur-oriente peruano, s√≥lo hab√≠a dos Puestos Misioneros: uno en la cuenca del Urubamba, La Misi√≥n de Chirumbia, y otro en la cuenca del Madre de Dios, La Misi√≥n de Asunci√≥n en Ccos√Īipata, que hubo de ser cerrada prontamente, porque, como rese√Īa el obispo Sarasola, faltaba de todo: ‚Äúabrigo, alimentos, garant√≠as, obras, orientaci√≥n... Si all√≠ no perecieron ‚Äďlos misioneros- de hambre, de fiebres y de flechazos de los terribles huachipaeris y mashcos, fue porque Dios los guardaba para ulteriores y m√°s grandes empresas...‚ÄĚ

El P. P√≠o junto con sus cinco compa√Īeros reci√©n llegados de Espa√Īa se encontraron ante ciento treinta mil kil√≥metros cuadrados de selva virgen, conocida tan solo por los nativos y un buen grupo de aventureros del caucho. Sin dinero, sin el transporte fluvial imprescindible en la selva, y sin apenas gente conocida, el P. P√≠o pone manos a la obra y empieza a adentrarse por todo el enmara√Īado mundo selv√°tico del Madre de Dios. No le queda otra que incorporarse a las canoas y lanchas de los aventureros del caucho y de los enigm√°ticos hijos de la selva.

En los caminos caudalosos de los r√≠os amaz√≥nicos y en las desconocidas y arriesgadas quebradas de la selva se encuentra con gente de toda clase y condici√≥n, desde aquel selv√≠cola can√≠bal de la tribu de los huitotos, que le confiesa con cierto pudor que √©l no hab√≠a comido ‚Äúm√°s que a un chico joven‚ÄĚ, hasta aut√©nticos criminales como el due√Īo de una canoa que divisando dos selv√≠colas huarayos, detiene la embarcaci√≥n, se adentra en la selva para ir a la caza humana de los huarayos y traerse sus mujeres como bot√≠n.

Desde Maldonado emprendi√≥ continuas expediciones, entre las que destacaron dos, que duraron siete meses en cada una de las que pas√≥ por todas las pruebas: Soledad, que en alguna ocasi√≥n supuso el absoluto abandono por parte de la gente que le acompa√Īaba durante ‚Äútres d√≠as en aquellos desiertos‚ÄĚ; Hambre que lleg√≥ a extremos de dejarle al l√≠mite de sus fuerzas: ‚ÄĚA eso de la una de la tarde sent√≠ un desfallecimiento de cabeza, efecto de las mojaduras y de la debilidad. Andaba maquinalmente hasta que llegu√© a un punto en que me fue imposible dar una paso m√°s...‚ÄĚ; Gentes‚ÄĚ que no le necesitaban; con la perspectiva de ver caras hoscas y de hab√©rselas con quienes ten√≠an manchadas sus manos en sangre de crimen, en negocios de carne humana...‚ÄĚ Y por supuesto, peligros de naufragios, aguaceros tropicales, dormir en el duro suelo, etc. El P. P√≠o no daba cr√©dito a lo que ve√≠an sus ojos en el tr√°fico comercial de la selva, donde caucho, mujeres, selv√≠colas, aguardiente y armas se mezclaban an√°rquica y violentamente, teniendo la vida humana muy bajo precio.

Ciertamente, en medio de este oscuro y peligroso mundo, el P. P√≠o encontr√≥ tambi√©n a la buena gente an√≥nima que existe en cualquier lugar de la tierra: ‚ÄúAunque alguno de los peones era de mala √≠ndole -deja constatado el P. P√≠o- la mayor√≠a eran de buen fondo, y me edificaban al verlos a su edad persignarse y rezar conmigo con gran sencillez y humildad‚ÄĚ.

Como tambi√©n constat√≥ que, junto al grupo de caucheros o hacendados que no ve√≠an con buenos ojos la presencia del misionero como testigo y posible denunciante de sus abusos, otro grupo de hacendados, trabajadores del caucho y selv√≠colas lo recib√≠an con gran cari√Īo deseando que se quedara con ellos: ‚Äú...Las gentes de todas aquellas regiones se portaron conmigo en extremo atentos, cari√Īosos y espl√©ndidos. Me suplicaban encarecidamente que me quedase con ellos, que estableciera all√≠ una misi√≥n con su correspondiente Escuela, que ellos se encargaban de la Casa y de las Chacras: que no les dejara abandonados. Le ofrec√≠ ponerlo en conocimiento de nuestro Padre Prefecto Apost√≥lico para que atendiese a las necesidades de aquellas regiones apartadas del Pur√ļs, que hac√≠a poco el Gobierno Peruano las hab√≠a incorporado a la Delegaci√≥n del Madre de Dios. Jam√°s hab√≠an visto por esos sitios un Padre Misionero‚ÄĚ.

B) Las valientes denuncias del P. Pío.

No era extra√Īo que en medio de este complicado mundo de la selva, donde reinaba la ley del m√°s fuerte, la presencia de los misioneros para instruir y proteger a los m√°s d√©biles fuera mal vista por aquellos que no quer√≠an tener testigos de sus desmanes.

Su querida misi√≥n del Manu pronto sufri√≥ uno de estos peligrosos hostigamientos por parte de un grupo de caucheros, y el P. P√≠o, muy preocupado, daba cuenta de este grave problema al P. Zubieta:‚ÄúVerdaderamente, Padre, que para cortar de ra√≠z las correr√≠as, el tr√°fico escandaloso que se est√° realizando con los salvajes, es indispensable recabar del Supremo Gobierno una ley en que ordene que todo indio que se recoja en la monta√Īa se entregue a las Misiones para su educaci√≥n... De lo contrario, nosotros estamos de m√°s, porque con estas correr√≠as y atropellos que con los salvajes se comenten, no es posible entablar con ellos relaciones amistosas, y mucho menos atraerlos y catequizarlos. De aqu√≠ que haya tribus que no quieran tener relaciones con el ‚Äėblanco‚Äô, a quien consideran, con justa raz√≥n, como a su mayor enemigo, pues √©ste les ha robado o a sus mujeres, o hijos, o asesinado a sus padres‚ÄĚ.

En 1916 tuvo que dar una paso más, enviando a las autoridades de la Provincia del Manu una seria denuncia de la triste realidad de la que él mismo había sido testigo. Entresacamos algunos de los párrafos principales de tan importante documento: “Nos oponemos los misioneros, no a las exploraciones, o sea al reconocimiento de una zona o región, sino a las correrías, que son la fuente y origen del escandaloso comercio de carne humana. Este horrible mercado de seres humanos se presencia aquí en el Madre de Dios. Aquí se ha comprado una mujer por una mula, un muchacho por un poco de sal y unos tarros de pólvora...

Nos oponemos a las correr√≠as, porque son el punto de partida de ese estado de esclavitud a la que son condenados millares de seres humanos. El individuo que fue cogido en correr√≠a va pasando de mano en mano, de due√Īo en due√Īo, durante su triste vida; siempre arrastrando la cadena del esclavo. Est√° form√°ndose una raza de esclavos, y nosotros, los misioneros, queremos que esos hombres sean libres y conscientes de su personalidad; queremos los misioneros que el art√≠culo de la Constituci√≥n Peruana, en que dice: ¬ęNo hay esclavos¬Ľ, no sea letra muerta, sino que sea la expresi√≥n de una hermosa realidad‚ÄĚ. Todav√≠a en la misi√≥n de Koribeni tuvo que soportar, el P. P√≠o, las insidias y amenazas incluso de muerte, de uno de los caucheros de la zona, que, como de costumbre, quer√≠a someter a su servicio a un grupo de selv√≠colas machiguengas que frecuentaban el Puesto Misionero.

C) Evangelizador

El P. P√≠o hab√≠a llegado a las selvas peruanas con una fuerte m√≠stica evangelizadora para anunciar la buena noticia a aquellos seres humanos escondidos y olvidados en la frondosidad de la amazon√≠a. Todos sus trabajos, expediciones por los r√≠os amaz√≥nicos, estudios de las lenguas nativas, roturaci√≥n y siembra de campos, improvisado alba√Īil de las casas de la misi√≥n..., iban dirigidos a dar un aliento de esperanza y de amor a los hijos de la selva.

Del Diario de una de sus largas expediciones de siete meses entresacamos dos relatos: ‚ÄúPermanec√≠ en Curiyaco hasta el 29 de diciembre, ense√Īando la doctrina cristiana a muchos individuos de diferentes tribus salvajes, v.g. campas, piros, amahuacas, huitotos, etc., como tambi√©n a otras personas que, si no eran salvajes, en cuesti√≥n de instrucci√≥n religiosa estaban al mismo nivel que los salvajes; ignorantes por completo de su alma, de su dignidad, de que exist√≠a un Dios creador de todas las cosas; es decir que ignoraban lo m√°s indispensable para salvarse: los nombres dulc√≠simos de Jes√ļs y Mar√≠a eran, para casi todos, nombres nuevos. Durante mi permanencia aprendieron lo m√°s indispensable para recibir el bautismo. Varias de estas personas recibieron en el mismo d√≠a tres sacramentos: el bautismo, confirmaci√≥n y matrimonio...

...Todas las noches procuraba explicar la doctrina cristiana a los bogas de la canoa. Cuando el tiempo lo permit√≠a, despu√©s de hacer los tambos para dormir y arreglar la comida, tirados sobre la arena y contemplando el n√ļmero incalculable de estrellas, y despu√©s de hablarles un poco de astronom√≠a vulgar, del n√ļmero, de la distancia, de la magnitud de las estrellas y de la armon√≠a y grandiosidad del conjunto, tomaba pie para hablarles de Dios y de sus obras. Pues algunos de los peones no sab√≠an ni jam√°s hab√≠an pensado en el Hacedor de todo. Los hab√≠a de cuarenta a√Īos que no sab√≠an persignarse. Les hac√≠a persignarse conmigo y repetir el Padre Nuestro y el Ave Mar√≠a, y, repiti√©ndolo todos los d√≠as, llegaron a aprenderlo‚ÄĚ.

2.- FUNDADOR DE LOS PUESTOS MISIONEROS

A) S. Luis del Manu.

A pesar de los denodados esfuerzos del P. Zubieta para fundar nuevos centros evangelizadores en el interior de la selva, s√≥lo hab√≠a logrado dos puestos misioneros, como ya indicamos antes. Las grandes dificultades que presentaban las v√≠as de comunicaci√≥n de la selva amaz√≥nica, los obst√°culos que ofrec√≠an los mismos selv√≠colas al vivir diseminados en peque√Īos grupos que deambulaban de continuo de un lugar para otro, y la escasez de misioneros, hac√≠an del proyecto de la creaci√≥n de las casas misioneras una empresa de m√°xima dificultad.

Una vez que el P. P√≠o hubo reflexionado sobre todos estos grandes inconvenientes, se puso en camino hacia los lugares de la selva donde se extra√≠a el caucho, que era donde pod√≠a encontrar una cierta agrupaci√≥n humana, formada por caucheros y selv√≠colas en una mezcla abigarrada, confusa y, con frecuencia, violenta. Cerca de uno de estos centros caucheros, junto a la desembocadura del r√≠o Manu, situado a la margen izquierda del caudaloso Madre de Dios, fue el lugar elegido para abrir la primera casa-misi√≥n en la amplia cuenca del Madre de Dios. Con gran entusiasmo y despu√©s de innumerables dificultades de todo tipo, el d√≠a cuatro de Octubre de 1908 el P. P√≠o abri√≥ la misi√≥n de S. Luis del Manu, que consist√≠a en una elemental choza, bautizada por √©l mismo como el ‚ÄúArca de No√©‚ÄĚ, porque deb√≠a dar acogida a innumerables enseres, junto con un grupo variopinto de muchachos de diferentes tribus y de hijos de los caucheros. Gracias a la ilimitada paciencia de un buen Hermano de Obediencia llamado fray Pedro Serna, en dos meses empez√≥ a funcionar la escuela, que se consideraba imprescindible en todo Puesto Misionero como instrumento de evangelizaci√≥n.

Despu√©s de una serie de fuertes contratiempos, y sobre todo con la ca√≠da del negocio del caucho al t√©rmino de la primera guerra mundial, la Misi√≥n de S. Luis del Manu qued√≥ despoblada y aislada, por lo cual en el a√Īo 1921 fue cerrada.

B) Misión de S. Jacinto

Una vez hecha la fundaci√≥n de S. Luis en el Manu, el P. P√≠o sigui√≥ su periplo misionero por los dif√≠ciles caminos de la selva con la idea de abrir un Puesto Misionero entre los Huarayos, sin que estuviera en relaci√≥n con gentes extra√Īas a la misma selva. Tarea nada f√°cil por la dificultad de sujetar al selv√≠cola en poblados permanentes y por la consabida escasez de recursos econ√≥micos y humanos de los misioneros, por lo que sus proyectos se iban acoplando a las circunstancias m√°s o menos favorables a lo que ellos pretend√≠an.

Tal fue el caso de la Misi√≥n de Puerto Maldonado donde hab√≠a un interesante grupo humano fruto del apogeo cauchero y de la curiosidad cient√≠fica, que hab√≠an invitado al P. P√≠o a establecerse entre ellos, don√°ndole los terrenos y alguna humilde vivienda. El a√Īo 1910 abre, pues, el P. P√≠o la misi√≥n de Puerto Maldonado que con el tiempo llegar√≠a a ser la cabeza visible del Vicariato Apost√≥lico del Madre de Dios y Urubamba.

A pesar de la generosidad de un buen n√ļmero de buenas gentes, poner en funcionamiento un Puesto Misionero supon√≠a un esfuerzo a√Īadido en la ya sacrificada vida de los misioneros. El P. P√≠o en compa√Ī√≠a del Hermano Bonifacio comenzaron los trabajos de la misi√≥n de Puerto Maldonado ‚Äúsembrando ma√≠z, yuca y arroz‚ÄĚ para poder comer ellos y los futuros visitantes selv√≠colas. Su bi√≥grafo y querido hermano el P. Wenceslao retrata con admiraci√≥n esta escondida faceta del P. P√≠o: ‚ÄúAh√≠ tenemos al P. P√≠o muy aplicado agricultor. El calor de la regi√≥n y el que produce el trabajo a todo sol, le empapan la ropa de sudor; dos o tres veces ten√≠a que mudar la camisa al d√≠a. Nos daba compasi√≥n; pero √©l llamaba a esta faena ¬ęcosa de quita y pon, sin agravio de nadie¬Ľ.

Y para que la dieta fuera variada y enriquecida, de 10 a 3 de la noche echaba el anzuelo en medio del r√≠o Madre de Dios hasta que ca√≠a uno de los mejores pescados, ‚Äúel z√ļngaro‚ÄĚ, que con gozo presentaba al d√≠a siguiente a los que con √©l viv√≠an: ‚Äú¬ę¬°Vaya, hijos ya tenemos para media semana!¬Ľ Un poco de arroz (moreno) y una presita del pescado era todo el almuerzo en aquellas fechas, y por pan, ma√≠z cocido‚ÄĚ.

El antiguo predicador del Convento de S. Pablo de Valladolid daba un sentido trascendente a estos ‚Äúnuevos trabajos‚ÄĚ: ‚Äú¬ŅQu√© le parece, hermano, de estos trabajos? ‚Äďdice el P. P√≠o al P. Wenceslao-. Dir√° Vd. que venimos a las misiones para trabajar como los paisanos de nuestra tierra. ¬ŅLo creer√° impropio de nuestras manos consagradas y de nuestra vocaci√≥n para el ministerio de las almas? Mire: aunque se pase el resto de nuestra vida en estos empleos juzgados impropios y extra√Īos ( y no lo son), no podemos decir que nos hemos enga√Īado. Dios pone a cada uno en las circunstancias m√°s favorables para su salvaci√≥n...‚ÄĚ.

Tambi√©n tuvo una gran influencia para que un primer grupo de misioneras dominicas se hicieran presentes en el Vicariato a trav√©s de un colegio y un peque√Īo hospital en Puerto Maldonado.

C) Koribeni

En 1913 el P. P√≠o es nombrado Vicario Provincial y, con tal motivo, deja sus amadas tierras del Madre de Dios despu√©s de media docena de a√Īos de intenso y agotador trabajo. En Lima repone su salud, y en 1915 encontramos al P. P√≠o en la misi√≥n de Chirumbia, muy querida por todos los misioneros por haber sido el primer Puesto Misionero en la cuenca del Urubamba. Con una vida m√°s tranquila el P. P√≠o saca los apuntes tomados en sus expediciones por el Madre de Dios y empieza a trabajar en mapas, diccionarios, estudios antropol√≥gicos, hist√≥ricos, etc. En los misioneros de la zona del Urubamba ‚Äďcuando lleg√≥ el P. P√≠o- hab√≠a una cuenta pendiente: crear un nuevo Puesto Misionero m√°s adentro de la selva y m√°s cercano a la tribu machiguenga. Durante varios a√Īos los Padres Elicerio, Campo y Fray Frutos hicieron intentos por levantar una nueva misi√≥n, fallidos por diversas causas: la comunicaci√≥n por esta zona del r√≠o Urubamba a√Īad√≠a un plus de peligrosidad que les cost√≥ alg√ļn peligroso naufragio, la proverbial escasez de personal, el paludismo, y, por supuesto, la oposici√≥n de algunos hacendados y caucheros...

De todas las maneras, la labor realizada desde la misi√≥n de Chirumbia y las visitas, que a lo largo del curso del Urubamba hicieron los misioneros, no hab√≠an pasado desapercibidas para los selv√≠colas. Para consuelo de los misioneros, que hab√≠an derrochado fuerzas y salud en estas dif√≠ciles tareas, un buen d√≠a, la misi√≥n de Chirumbia recibi√≥ la embajada ‚Äúde cinco machiguengas con el jefe de ellos para pedir al P. P√≠o que fuese a Koribeni a establecer la Misi√≥n‚ÄĚ. La raz√≥n de fondo de esta inesperada petici√≥n de los selv√≠colas machiguengas era la b√ļsqueda de protecci√≥n de los misioneros contra la tiran√≠a y verdadera esclavitud de los hacendados y caucheros. Ni que decir tiene que el P. P√≠o acept√≥ de inmediato la propuesta de los machiguengas, pero comprometi√©ndoles a que colaboraran con el misionero en la construcci√≥n de las imprescindibles viviendas-choza de la misi√≥n y en la roturaci√≥n de los campos para producir alimentos. El tres de Septiembre de 1918 abre el P. P√≠o la nueva casa de Misi√≥n, bautizada con el nombre de S. Jos√© de Koribeni. En ella vivi√≥ una de las etapas m√°s felices de su vida misionera llegando a trabar verdadera amistad con las familias machiguengas. En 1921 sale de Koribeni a Lima para dedicar mayor tiempo a las tareas de gobierno del Vicariato, y empezar a publicar sus interesantes y variados escritos sobre las misiones. En 1929, con sesenta y cuatro a√Īos, regresa de nuevo a su querida misi√≥n de Koribeni, toc√°ndole vivir en 1932 el drama de la epidemia de paludismo que afect√≥ seriamente a la zona, y a los mismos misioneros incluyendo el P. P√≠o. Gracias a la diligencia con que actuaron los misioneros se salvaron bastantes vidas, pero el P. P√≠o qued√≥ con secuelas para el resto de su vida. En 1934, despu√©s de 28 a√Īos de una vida misionera de profunda entrega, regresa a Espa√Īa para asistir al Cap√≠tulo Provincial.

3.- EL LING√úISTA

A) ‚ÄúVerdaderamente √©l me habla al alma...‚ÄĚ

Un seglar amigo, admirador de los misioneros dominicos del Per√ļ, cuenta haber recogido el siguiente comentario del P. P√≠o, acerca del sentir de los selv√≠colas cuando le o√≠an hablar en su propia lengua: ‚ÄúVerdaderamente √©l me habla al alma...‚ÄĚ.

Con motivo de su muerte, el Obispo Sarasola, haciendo referencia a esta importante faceta de su vida, escribi√≥ lo siguiente: ‚ÄúEl P. P√≠o se dio cuenta que quien mejor posee el idioma de una tribu est√° en condiciones de ser su mejor ap√≥stol... (por ello) se dio al estudio de las lenguas que se hablan en nuestro Vicariato. Donde quiera que iba, llenaba cuadernos y m√°s cuadernos de palabras y frases de las lenguas que encontraba. Hizo much√≠simos apuntes. Y cuando las circunstancias le fueron favorables, como en Chirumbia y en Koribeni, se dedic√≥ con ah√≠nco y tenacidad admirables al estudio de la lengua machiguenga... Rendido a veces de los trabajos del d√≠a, empleaba gran parte de la noche en estos estudios con tal constancia y paciencia que era la admiraci√≥n de propios y extra√Īos. Lleg√≥ a dominarla y servirse de ella en la Misi√≥n de Koribeni, con √©xito sorprendente...‚ÄĚ

No obstante, el mismo Sarasola dej√≥ bien claro que ‚Äúesta afici√≥n a las lenguas nativas‚ÄĚ no era connatural al P. P√≠o, sino que surgi√≥ como complemento imprescindible de su trabajo evangelizador: ‚ÄúEl P. P√≠o confesaba con frecuencia que al venir a misiones en todo pensaba menos en dedicarse al estudio, de suyo tan √°rido, de las lenguas, y, m√°s ingrato aun, la de los selv√≠colas, acerca de las cuales nada se hab√≠a publicado hasta entonces. La vocaci√≥n suya a la filolog√≠a fue efecto de su gran vocaci√≥n misionera que, bien comprend√≠a, era imposible realizar con fruto sin el conocimiento de las lenguas abor√≠genes...‚ÄĚ

B) Aporte cultural

El mismo P. P√≠o confiesa que ‚Äúdesde los primeros a√Īos de misionero en las regiones del Madre de Dios y Urubamba, tuve especial empe√Īo en tomar notas o apuntes de cuantas lenguas o√≠a de gentes o tribus salvajes, como machiguengas, piras, campas, kunibas, shipibas, amahuacas, arasairis, huarayas, huahipairis, ikapsiris, machinaris y kot√≠neris. Apuntes que naturalmente se extend√≠an m√°s o menos seg√ļn el tiempo que mi comunicaci√≥n duraba con tales individuos...‚ÄĚ El fruto de estos continuos esfuerzos fue la publicaci√≥n del Vocabulario Espa√Īol-Huarayo;Espa√Īol-Arasairi; Espa√Īol-Machiguenga; Estudio sobre la lengua machiguenga; Doctrina cristiana en Machiguenga y espa√Īol; Lenguas de salvajes y civilizados; La tribu Huaraya y su idioma... Todo este trabajo, como acabamos de ver, estuvo al servicio de la acci√≥n evangelizadora, pero la sociedad civil peruana pronto se dio cuenta de la importancia de los estudios del fraile dominico misionero. Por sus estudios ling√ľ√≠sticos y etnogr√°ficos sobre las tribus del Vicariato, el P. P√≠o recibi√≥ condecoraciones de la Sociedad Geogr√°fica de Lima ‚Äďque le nombr√≥ socio de la misma- y de la Municipalidad de Lima; tambi√©n recibi√≥ el reconocimiento de la Sociedad de Americanistas de Par√≠s.

C) Gracias a S. Martín de Porres.

Ciertamente el trabajo, que el P. P√≠o desarroll√≥ en el estudio y publicaci√≥n de las lenguas de los nativos amaz√≥nicos, ya metido en la d√©cada de los cuarenta a√Īos de edad, se le puede tildar de grandioso, prodigioso..., y hasta milagroso. √Čl mismo confesaba con un candor conmovedor: ‚ÄúTodo este trabajo, valga lo que valga, se lo debo al Beato Mart√≠n de Porres; a √©l se lo encomend√© desde hace a√Īos...‚ÄĚ . A su compa√Īero y futuro bi√≥grafo, el P. Wenceslao, le confesaba con cierto humor, que el Santo Negrito ‚Äúera el culpable de todas aquellas palabrejas machiguengas‚ÄĚ.

Aparte de que el P. P√≠o, con su talante sencillo, quisiera eludir cualquier comentario elogioso pas√°ndoselo a S. Mart√≠n de Porres, lo cierto es que todas las personas que conocieron su obra, no dejaron de manifestar una gran admiraci√≥n. El mismo P. Jos√© √Ālvarez, que sigui√≥ la senda abierta por el P. P√≠o en este particular,‚Äúse maravillaba de la facilidad del P. P√≠o en su captaci√≥n y estudio de las lenguas nativas en poco tiempo, como el huarayo, que ocupar√≠an f√°cilmente la vida entera de cualquier hombre‚ÄĚ.

CONCLUSI√ďN

No quisiéramos terminar nuestra apretada reflexión sobre el P. Pío sin dejar un apunte acerca de la grandeza de espíritu que se dejó traslucir en su vida religiosa y en su actividad misionera.

Hombre profundamente religioso, que nunca soltaba el rosario en las agotadoras giras misioneras, de gran talla intelectual, de carácter abierto y firme a la vez, supo hacer frente con decisión y valentía a situaciones muy difíciles y arriesgadas. Vivió los acontecimientos de su vida con una profunda sencillez y humildad, siendo el brazo derecho de los dos primeros obispos del Vicariato que contaron con el mejor consejero y ejecutor de sus planes.

Amado y venerado por sus compa√Īeros y hermanos de misi√≥n de los cuales fue muchos a√Īos Vicario Provincial, tambi√©n fue muy querido por los nativos de las selvas peruanas. Se cuenta de una selv√≠cola machiguenga que ante la ausencia del P. P√≠o de la misi√≥n de Koribeni se dirig√≠a a una estampa del Coraz√≥n de Jes√ļs que hab√≠a en la misi√≥n suplic√°ndole: ‚ÄúTr√°eme al P. P√≠o; tr√°eme al P. P√≠o‚ÄĚ.

La síntesis de su generosidad la supo encubrir en una desapercibida y humilde expresión: “He hecho todo lo que he podido por las misiones; ya no pude hacer más"


Tabla de contenidos

Obras

  • Vocabulario espa√Īol-machiguenga, Lima, 1923.
  • Estudio sobre la lengua machiguenga, Lima, 1924.
  • Vocabulario espa√Īol-huarayo, Lima, 1928.
  • Apuntes para la historia de la Madre de Dios, Lima, 1928.
  • Doctrina Cristiana en machiguenga y espa√Īol, Lima, 1933.
  • Obras Completas, Lima, 2009.

Publicados como artículos

  • ¬ęUn documento revelador¬Ľ. Misiones Dominicanas I, 1919.
  • ¬ęLa lengua de los salvajes machiguengas¬Ľ. Misiones Dominicanas III, 1921.
  • ¬ęApuntes para la historia del Madre de Dios¬Ľ. Misiones Dominicanas IV, 1922.
  • ¬ęOrigen de las tribus salvajes del Amazonas¬Ľ. Misiones Dominicanas V, 1923.
  • ¬ęLa tribu machiguenga¬Ľ. Misiones Dominicanas V, 1923.
  • ¬ęCr√≠tica de la obra del Dr. Farabee¬Ľ. Misiones Dominicanas VI, 1924.
  • ¬ęLa lengua machiguenga. Su excelencia¬Ľ. Misiones Dominicanas VI. 1924.
  • ¬ęAlturas sobre el nivel del mar en el Madre de Dios y Urubamba¬Ľ. Misiones Dominicanas, 1924.
  • ¬ęDe re philologica. La aglutinaci√≥n en las lenguas salvajes¬Ľ. Misiones Dominicanas VI, 1924.
  • ¬ęHidrograf√≠a del Departamento del Madre de Dios¬Ľ. Misiones Dominicanas, IX, 1927.
  • ¬ęFolklore de los salvajes machiguengas¬Ľ. Misiones Dominicanas IX, 1927.
  • ¬ęLa tribu huaraya¬Ľ. Misiones Dominicanas XII, 1930.
  • ¬ęLengua de civilizados y salvajes¬Ľ. Misiones Dominicanas XII, 1930.
  • ¬ęEl g√©nero gramatical en las lenguas salvajes¬Ľ. Misiones Dominicanas XII, 1930.
  • ¬ęEl verbo en las lenguas cultas y en las lenguas de los salvajes¬Ľ. Misiones Dominicanas XII, 1931.
  • ¬ęLa tribu huaraya: su lengua¬Ľ. Misiones Dominicanas XIV, 1932.
  • ¬ęLa tribu arasairi y su idioma¬Ľ. Misiones Dominicanas XV, 1933.
  • ¬ęPara la historia del Madre de Dios¬Ľ. Misiones Dominicanas XVI, 1934.
  • ¬ęVocabulario arasairi o masco¬Ľ. Misiones Dominicanas XVII, 1935.
  • ¬ęEn aguas del Piedras y del Pur√ļs: Siete meses de navegaci√≥n. (Diario de un misionero)¬Ľ. Misiones Dominicanas 1936 y 1937.

Bibliografía

  • Enciclopedia Espasa, Tomo 6, 1909.
  • Gran Enciclopedia Asturiana, Tomo 2, Silverio Ca√Īada, Gij√≥n, 1981.
  • Alonso Ordieres, Rafael, Fr. Jos√© P√≠o Aza Mart√≠nez, O.P.. Lima (Per√ļ), 2000.
  • Arana, Te√≥filo, In Memoriam. El P. Jos√© P√≠o Aza (1938)
  • Barrado Barquilla, Jos√©, Dominicos Asturianos en Am√©rica. Oviedo, 1993.
  • Fern√°ndez Moro, Wenceslao, Cincuentas a√Īos en la selva amaz√≥nica. Madrid, 1952.
  • Fern√°ndez Moro, Wenceslao, Adalid del Evangelio. Madrid, 1953.
  • Garc√≠a de Tu√Ī√≥n, Jos√© Mar√≠a, Epistolario de fray Jos√© P√≠o Aza. Oviedo, 2004.
  • Junquera Rubio, Carlos, Fray Jos√© P√≠o Aza, Misionero, Ge√≥grafo.... Pamplona, 2005.
  • Lorenzo Gonz√°lez, Guillermo, Fray Jos√© P√≠o Aza, O.P. Estudio sobre la lengua machiguenga, Pamplona, 2005.
  • P√©rez Casado, √Āngel, En las Fronteras de la Fe. Salamanca, 1995.
  • Soria Heredia, Jos√© Manuel, Padre P√≠o Aza: Ap√≥stol de las selvas de Per√ļ. Burgos, 1985.
  • Su√°rez Fern√°ndez, Constantino, Escritores y artistas asturianos, Aza, Jos√© P√≠o. Madrid, 1936.

Enlaces externos