Conde de Noreña

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Título nobiliario creado en el siglo XIV por Enrique II para su hijo Alfonso Enríquez.

Hasta el siglo XII no se tiene constancia de la existencia de Noreña, fecha en la que aparece en una donación de Gonzalo Peláez y su mujer Elvira Pérez al Monasterio de San Vicente de Oviedo. Ya en ese momento parece estar enclavada en el territorio de Siero.

La obra de Trelles, Asturias Ilustrada sitúa el origen del señorío de Noreña alrededor de 989, siendo el primer señor de Noreña Diego Álvarez de las Asturias, consorte de Jimena, hija de Alfonso V de León de quien habría recibido Noreña como dote.

Sin embargo, los estudios actuales consideran que no puede precisarse el momento exacto en que se creó la jurisdicción, ni cuál fue el primer señor de Noreña. Sí parece claro que la génesis del enclave señorial estuvo vinculado al linaje de Rodrigo Álvarez de Asturias, quien recibió junto con su hermano Pedro, muerto prematuramente, la encomienda de numerosos bienes monásticos en Llanera, Siero, Nava, de manos del abad del monasterio de San Vicente, y el título de señor de Noreña que ya habrían ostentado su padre Pedro Álvarez de Asturias y su abuelo, don Álvaro. La casa de Álvarez de las Asturias consolidaba así un notable patrimonio que se ve incrementado cuando Fernando IV concede a Rodrigo el control del territorio de Siero, momento en que, según la hipótesis de Juan Uría Ríu, Noreña se segrega de la demarcación sierense para constituirse en un coto señorial laico.

Rodrigo Álvarez de Asturias no contaba con sucesión fija, por lo que hace testamento, documento que aún se conserva, a favor de su sobrino Ferrán Rodríguez de Villalobos, que en principio iba a sucederle como jefe de la casa de Noreña. Ulteriormente, sin que se sepa la fecha exacta, el prócer asturiano cambia de parecer nombrando heredero a Enrique de Trastámara, futuro Enrique II.

Noreña se convertirá en un escenario crucial en las disputas entre Enrique de Trastámara, cuya presencia en Asturias ha sido estudiada por José Ignacio Ruiz de la Peña. Con la subida al trono de Enrique II en 1366, el señorío quedará vinculado al bastardo Alfonso Enríquez, quien para Uría Ríu habría sido el primero en ostentar el título de conde de Noreña; pero los sucesivos alzamientos del contumaz conde contra su padre y contra su hermano Juan I determinarán a éste último, una vez sometido Alfonso, a decretar la reincorporación de Noreña y sus otros dominios asturianos a la corona.

En 1383 Juan I, en las cortes de Segovia, concede la casa de Noreña y la mitad del concejo de Tudela a la Mitra e Iglesia de Oviedo, en reconocimiento al apoyo prestado a su causa contra el Conde por el obispo Gutierre de Toledo. Bajo el reinado de Enrique III, el Doliente, le son restituidas a Alfonso Enríquez sus antiguas posesiones en Asturias. No serviría el gesto para refrenar las deslealtades del levantisco personaje, que sería totalmente derrotado en el asedio a Gijón de 1395, volviendo el condado de Noreña a manos de la Mitra ovetense.

Noreña se vería envuelta en los sucesivos siglos en constantes tensiones derivadas de cuestiones tributarias. También sería escenario de buena parte de los enfrentamientos entre la iglesia y la administración asturiana, por ser el lugar de refugio de los prelados. Especialmente violento sería el episodio del siglo XVI, cuando el corregidor de Asturias Pedro Manrique de Lara ordena arrasar el Castillo de Noreña; el propio corregidor había dado origen al conflicto al violar el derecho de asilo del monasterio de San Vicente y atacar el palacio episcopal, que por entonces ocupaba el obispo Don Diego.

Tras la desamortización de jurisdicciones eclesiásticas promovida por Felipe II, el condado episcopal de Noreña será el único enclave que permanezca en manos de la Mitra, de donde derivó que durante mucho tiempo el Alcalde Mayor y el Teniente de Alcalde fueran designados por el episcopado cada tres años

En 1826 una Real Orden suprime los cotos y jurisdicciones señoriales, perdiendo Noreña el carácter de ayuntamiento y pasando a pertenecer al concejo de Siero. No obstante, en 1833 logra recuperar la independencia municipal.

Los obispos de Oviedo continuarán ostentando el título de condes de Noreña hasta 1954; siendo el último conde monseñor Francisco Javier Lauzurica.