Abderramán I

De Enciclopedia de Oviedo, la enciclopedia libre.

Abd Ar-Rahman ibn Mu`awiya ibn Hisham ibn Abd al-Malik (en árabe, عبدالرحمن بن معاوية بن هشام بن عبد الملك), conocido en la historiografía española como Abderramán I o Abd al-Rahmán I. Fundador del emirato independiente de Córdoba. Nacido en Dayr Hanina, en Damasco, en 734 y muerto en Córdoba en el año 788.

Nieto del califa Hisham ibn Abd al-Malik, décimo califa de la dinastía Omeya, fue uno de los pocos miembros de esta dinastía que lograron sobrevivir a la matanza de Abu Futres con la que los Abásidas llegaron al poder el 25 de julio de 750. Huye primero a Palestina y Siria trasladándose después al norte de África, donde permanecerá errabundo escapando de la persecución abásida hasta hallar refugio en la tribu bereber Nafta, de la que al parecer procedía su madre, que se había asentado en las inmediaciones de Ceuta. Desde allí envía emisarios a la península, en el 755, con la esperanza de recabar apoyos entre los antiguos clientes de los omeyas, que eran numerosos en la provincia de Elvira, actualmente Granada, para oponerse al poder abásida. Al-andalus atravesaba en aquel momento una situación crítica derivada del enfrentamiento entre las diversas facciones árabes y de los conflictos raciales entre éstos y los beréberes que se había visto acrecentada por las hambrunas. Con el apoyo de las tropas sirias logra cruzar el Estrecho de Gibraltar desembarcando en Almuñecar y poniéndose al frente de un poderoso ejército formado por sirios, yemeníes y beréberes, con el que derrota al gobernador de Córdoba en mayo de 756. En la mezquita de la principal plaza andalusí es proclamado emir, constituyéndose de esta forma el primer poder musulmán independiente del califato.

Sus cerca de treinta y dos años de reinado serían sumamente turbulentos, lo que beneficiaría a la monarquía asturiana, Aurelio, Silo y Mauregato (con el que según la tradición habría concertado el supuesto tributo de las cien doncellas), que podría gozar de un periodo de paz. Gran parte de los conflictos estaban motivados por la diversidad de etnias que integraban la población andalusí –mozárabes, muladíes, beréberes, árabes, etc.- haciéndose necesario la creación de un potente ejército cuya milicia estaba integrada fundamentalmente por beréberes y esclavos procedentes del norte.

En el año 759 logra sofocar la revuelta del gobernador Yusuf al-Fihrí, que sería ejecutado. El jefe beréber de Cuenca también se rebeló, al igual que el caudillo árabe al-Ala ben Mugit. Estas continuas luchas de poder motivarán que un grupo de jefes árabes de la zona nordeste soliciten ayuda a Carlomagno para alzarse contra Abderramán I. En los años 777 y 778 las tropas de Carlomagno alcanzan Zaragoza, la plaza, aunque tomada por los rebeldes, no se entregó al rey franco, quien en su precipitada retirada perdería la retaguardia de su ejército, mandada por el duque de Bretaña Roldán, bajo el celebérrimo ataque de los vascones en el desfiladero de Roncesvalles.

Logra consolidar el poder Omeya en la península, que culminaría con la transformación del emirato en califato en tiempos de Abderramán III, dotándolo de una sólida organización que calca del califato oriental. En 785 inicia la construcción de la mezquita de Córdoba aprovechándose del material de la antigua basílica visigoda de San Vicente y se le atribuye también la introducción del cultivo de la palmera en el territorio peninsular. Se dice que no llegó nunca a perder ninguna batalla y lo cierto es que en sus últimos años tuvo que enfrentarse con una serie de conspiraciones palaciegas que consiguió reprimir eficazmente. Entrega la sucesión a su hijo Hixem, por el que se decanta frente a sus hermanos Suleimán y Almondzir, por ser el que más se le parece tanto en carácter como en físico.

Bibliografía